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domingo, 25 de diciembre de 2011

¿De que se acuerdan los bebés?


Ahora que andamos en las fiestas decembrinas uno se pregunta sobre cuál es la primera navidad de la que uno se acuerda. Es algo difícil de responder porque en lo particular yo tengo memorias de navidades de cuando yo era pequeño, pero como que me acuerdo de algunos detalles en particular de una u otra navidad. De hecho, el asunto de lo que uno se puede acordar de niño es un tema de interés para los estudiosos de la memoria. En el último número de Psychological Science de este año Melissa Kibbe y Alan Leslie de las universidades de Johns Hopkins y Rutgers respectivamente, publicaron un artículo titulado “What do infants remember when they forget?, Location and identity in 6 month old´s memory for objects”.

¿Qué hicieron?


En este estudio los investigadores exploran la memoria visual de bebés de 6 meses. Primero familiarizan a los bebés con dos objetos, un triángulo y un circulo, los cuales movían de adelante hacia atrás de la mesa donde los habían colocado. Posteriormente, ya durante el experimento los investigadores hacían lo mismo pero ahora ponían las figuras detrás de pantallas opacas que bloqueaban la vista del estímulo. Después de un retardo, se levantaba la pantalla y se medía la reacción de los niños. El punto crítico era ver que hacían los bebés en tres condiciones diferentes, cuando el objeto volvía a estar detrás de la pantalla donde lo habían puesto, cuando los objetos habían alternado de pantalla, o cuando habían desaparecido.

¿Qué encontraron?

Los investigadores encontraron que, como era esperado, los niños no se sorprendían cuando al levantar las pantallas los estímulos seguían ahí. Ahora lo interesante es que los bebés no se sorprendían cuando se cambiaban de lugar los estímulos, pero si cuando los estímulos no estaban detrás de la pantalla. Esto les sugirió a los investigadores que los bebés no se acordaban en donde habían visto cada uno de los estímulos, pero que si recordaban que habían puesto los estímulos detrás de las pantallas!



Este experimento es una pieza más del rompecabezas que el problema de la memoria infantil. Sugiere que aunque los bebés no recuerden exactamente un estímulo, si recuerdan que lo vieron. O sea que si estas navidades un grandulón se quiere pasar de listo llevándose los dulces o los regalos de un pequeñin, pues ya sabe, el bebé sabrá que su regalo que estaba ahí, ahora ya no está. Claro que ahora a cuidar que no les cambien el regalazo por un cuerno bien retorcido!, de eso si que no se acordarán…


sábado, 10 de diciembre de 2011

Entrenamiento mental y la lectura (o la falta de ella)

Esta semana se conjuntaron algunos factores que me despertaron del estupor literario en el que quedé atorado el último mes. Resulta que en el último número de Neuron, los investigadores Ranganath, Flegal y Kally del Center for Neuroscience  de la University of California en Davis publicaron un artículo titulado “Can Cognitive Training Improve Episodic Memory?”. En este artículo los autores externan una opinión informada sobre las diferentes estrategias que se usan para intentar mejorar los procesos cognoscitivos a través de diferentes tipos de entrenamiento “mental”.


Comienzan por revisar las estrategias de entrenamiento mnemónico que fueron desarrolladas por muchas culturas antes del advenimiento de la escritura, y que incluso llevaron a la personificación de la memoria en Mnemosina, hija de Gaia y Urano, y procreadora de las nueve musas junto con Zeus, dentro de la mitología Griega. Sin embargo, los autores aclaran que dichas técnicas, aunque pueden en realidad ser efectivas, no generalizan sus beneficios a otros procesos cognoscitivos, sino que únicamente mejoran la memoria. Aún recuerdo que cuando andaba de postdoc en Bethesda, Estados Unidos, pasaban unos infomerciales anunciando una técnica de memorización que garantizaba una super memoria. Como buen investigador en el tema, decidí comprarlos por mera curiosidad y, como los autores mencionan, si me sirvieron para mejorar algunos aspectos, pero ni siquiera se generalizó el entrenamiento a otros tipos de memoria que no fuera recordar algunas listas del super.


Los autores también revisan otro tipo de entrenamiento, el cual me pareció muy interesante. Se refiere a un entrenamiento que surge a partir de la idea de que parte del deterioro cognoscitivo se da a partir de deficiencias sensoriales. Una compañía fundada por el Dr. Michael Merzenich, profesor emérito de la Universidad de California, apuesta a una mejoría cognoscitiva basada en el entrenamiento perceptual auditivo. Su grupo desarrolló un sistema de entrenamiento auditivo en el que enfatiza en distinguir sonidos que aunque son similares, no son idénticos. Ellos han demostrado que este entrenamiento permite a adultos mayores un mejor desenvolvimiento social, ya que entienden mejor las pláticas en general. En este sentido también hay entrenamientos de la memoria de trabajo, que plantean que dicha práctica se generaliza a otras esferas cognoscitivas.

¿y todo esto sirve?

Sin embargo, los autores también sobrepesan la evidencia que sugiere que dichos entrenamientos no se generalizan, y que incluso algunos estudios no están bien diseñados, ya que pudieran excluir de sus resultados a aquellos sujetos que se salen del estudio por no ver avances. O incluso también resaltan que típicamente los investigadores solo publican los resultados positivos, dejando archivados los resultados que no encuentran ningún beneficio de los entrenamientos, lo cual no permite vislumbrar el verdadero panorama del efecto de dichos tratamientos.


Bueno, y al final, después de leer todo esto, ¿que se saca? Mi experiencia personal me dice que el entrenamiento mnemónico tiene una utilidad limitada, pero el auditivo perceptual pudiera tener un impacto más grande. Por ejemplo, de acuerdo a Bart Boets y su grupo de Bélgica, el deficiente procesamiento auditivo pudiera predecir problemas de la lectura más adelante (Research in Developmental Disabilities, 2011). Esto podría explicar porque algunos individuos tienen problemas de la lectura. Básicamente se pudiera decir que tienen problemas del oído que no les permiten un sano desarrollo. Los tratamientos cognitivos como los propuestos por Merzenich pudieran ser de gran utilidad no solo para los adultos mayores, sino también para todo aquél que le cueste trabajo leer.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Todavía movemos una patita



Alguna vez alguien me preguntó por qué trabajaba como científico, ya que independientemente de las horas extras que trabajara, o de la intensidad con que lo hiciera, terminaban pagándome lo mismo cada quincena. La respuesta que di en ese entonces es que aunque no despreciaría ganar más,  en realidad gano un salario digno que me permite vivir sin pasar ninguna necesidad. Bueno, pero entonces se podría pensar que no siendo el dinero el factor crítico de la intensidad con la que uno trabaja, tal vez uno estuviera en esto por el prestigio y la fama como científico.  Bueno, pues no dudo que haya a quién el prestigio y la fama les sirva de alimento, pero no creo ser uno de ellos.  Sin embargo cuando se reconoce el trabajo como científico mediante una distinción pues siempre es gratificante. Una vez uno de mis hijos siendo pequeño me preguntó que cuanto faltaba para que me dieran el premio Nobel. La verdad me tomó tan de sorpresa que no pude más que soltar una buena carcajada.  No, no a todos los científicos nos dan un premio Nobel. Esos premios se dan a contribuciones que terminan dando el mayor beneficio a la humanidad, ya sea desde el punto científico o tecnológico (claro, hablando desde la perspectiva de las ciencias).


Aunque ha habido premios que en realidad han sido muy poco merecidos, la mayoría de los Nobel han sido el reflejo de aportaciones que han terminado teniendo un gran impacto. Y claro, uno podría pensar que esas aportaciones son el reflejo de una ardua vida de trabajo, pero al parecer ese no es el caso. Citando a Albert Einstein, S.Brodetsky escribió en Nature en 1942 “A person who has not made his great contribution to science before the age of thirty will never do so”. Tómala barbón! Eso quiere decir que si los artículos que he logrado publicar y que me han valido pertenecer al SNI no fueron un parte aguas en la ciencia, pues ya no fui premio Nobel. Bueno, como yo crecí conociendo la máxima de Einstein, la verdad es que ya me suponía que no tendría por qué ir preparando mi discurso de aceptación.


Pues bueno, ahora resulta que hasta un premio Nobel se puede equivocar. En un estudio recién publicado en el último número de los Proceedings of the National Academy of Sciences, bajo el título de “Age dynamics in scientific creativity”,  Benjamin Jones y Bruce Weinberg analizan la edad a la cual los laureados con el premio Nobel realizaron sus hallazgos o desarrollos que les hicieron meritorios de tan prestigiada distinción.  Como es de suponer, Einstein si formaba parte obviamente de los científicos que se ajustaban a su señalamiento, ya que él publicó la idea que le valió el Nobel a la tierna edad de 26 años (cuando yo apenas andaba terminando el doctorado!), sin embargo estos autores hallaron algo bien interesante.


Lawrence Bragg, premio Nobel de Física a los 25 años

La edad que tenían los 525 ganadores cuando hicieron el descubrimiento que les valió el Nobel ha variado con el tiempo. Mientras que a principios de siglo esta edad era en promedio de 37 años, ahora es alrededor de los 47 años! (50 años para los Nobel en física). Los autores explican este cambio debido a la mayor cantidad de años de entrenamiento que los científicos tienen que pasar actualmente, y al efecto de las contribuciones teóricas en el campo de la física con el surgimiento de la mecánica cuántica. Es decir, a principios de siglo un chavo podía tener una idea brillante que explicara porque la física tradicional no funcionaba, y eso le podía contribuir a ganar el nobel, pero ahora que esas “anormalidades” han sido explicadas, ya no es tan fácil proponer nuevos conceptos, sino que al parecer, las grandes contribuciones se realizan teniendo que estudiar más conceptos ya establecidos, lo cual a su vez explica la correlación entre este cambio de edad al generar la idea brillante y los años de estudio a los cuales los ganadores terminaron su doctorado.

¿ Y que encontraron ?

Bueno, pues tanto rollo solo para darse cuenta que en efecto, los actuales ganadores de los Nobel son más viejitos que los de hace un siglo. Y bueno, pues como dije al principio, no es que yo necesite ganarme el Nobel para sentirme a gusto con mi elección de mi carrera profesional, pero para aquellos colegas de mi generación que les guste sentirse reconocidos, no me queda más que decirles que: Todavía movemos una patita!, o sea que en vez de estar leyendo este blog, pues a ponerse a estudiar a ver si se nos prende el foco y desarrollamos un experimento que, aunque tal vez no nos alcance para el Nobel, pues de perdida nos alcance para generar un poco de conocimiento!.


Willard S. Boyle, premio Nobel en Física a los 85 años.


P.D.: y la respuesta de porque demonios elegí la carrera de científico, pues es harto sencilla: porque me gusta! Realmente soy muy afortunado poder estar trabajando en algo que me apasiona.

domingo, 30 de octubre de 2011

Entre zombies y las noticias


Ahora que se aproxima la celebración del dia de muertos en nuestros rumbos y la de halloween en nuestros vecinos del norte, también es la época donde suelen estrenarse películas de terror. Debo de reconocer que soy fan de ese genero, ya que desde pequeño nos poníamos a ver en la tele la famosa Hora Macabra. A diferencia de esa época, ahora hay muchos tipos de terror, desde el asesino que planea sus terribles actos sanguinarios con absoluta precisión, hasta los sucesos paranormales capturados en vídeo por cámaras de vigilancia, pasando por las películas de zombies, que para mi son las mas divertidas.




El punto es que no deja de ser interesante que consumamos ese tipo de información. Desde el punto de vista científico se podría decir que pagamos para estimular nuestro sistema involucrado en el procesamiento del miedo, cuya estructura central es un grupo de neuronas conocido como la amígdala (que no son las amígdalas que en mis tiempos eran comúnmente extirpadas ante la mas mínima gripa!). Esta estructura es tan importante en este sistema que un grupo de investigadores se dieron a la tarea de investigar que pasaría si se nos dañara esta estructura. Justin Feinstein, Ralph Adolphs, Antonio Damasio y Daniel Tranel de la Universidad de Iowa, del Instituto Tecnológico de California y de la Universidad del Sur de California, publicaron en Current Biology en enero de este año el artículo titulado “The human amygdala and the induction and experience of fear”, que es algo como “La amigdala humana y la inducción y experiencia del miedo”.

¿Que hicieron?

En este artículo los autores investigaron a una paciente, a la que identifican como “SM” que tiene una lesión bilateral en la amígdala. Básicamente los autores expusieron a SM a diferentes situaciones que provocarían miedo en la mayoría de la población. Por ejemplo la expusieron a serpientes y arañas vivas, la llevaron a un tour por una casa embrujada, e incluso la pusieron a ver películas de terror. Sin embargo, al parecer SM nunca reportó miedo. Aunque uno podría decir que tal vez no reportó miedo porque podría ser que los estímulos no fueran lo suficientemente tenebrosos (como por ejemplo el tour de la casa encantada pudiera haber sido el equivalente al de una feria de pueblo), ella también reportó ausencia de miedo en situaciones de su vida privada que incluían por ejemplo un asalto a mano armada.

¿Ha que conclusión llegaron?

Esto les sugirió a los autores que al parecer, esta mujer no sentía miedo, pero, ¿podría ser que no tuviera ninguna emoción?. Al parecer este no era el caso, ya que ella si reportó una amplia gama de emociones ante diferentes estímulos, como alegría o tristeza al ver películas relacionadas a esos temas.



Bueno, pues esto parece confirmar una larga historia de investigaciones relacionadas al estudio de los mecanismos neuronales involucrados en generar un estado de miedo que colocan a la amígdala en un punto central. Ahora ya nos debe de quedar claro que cuando vamos al cine a ver una buena película de terror, realmente estamos pagando para estimular esa amígdala. Claro que para como están las cosas ya solo basta con poner las noticias en la noche para tener una buena recarga emocional en ese pequeño núcleo neuronal. Ahora tendríamos que investigar cuanto tarda en habituarse, porque desafortunadamente poco a poco vamos necesitando mas violencia para que nos funcione esa amígdala. Pero en fin, mejor me voy poniendo las vendas y el ojo postizo, no vaya a ser que mi disfraz quede tan chafa que en vez de dulces me suelten unos plomazos, y la verdad, prefiero no salir en las noticias...
 

viernes, 7 de octubre de 2011

La realidad es una mera ilusión, aunque una muy persistente... .A.E.



¿Alguna vez te ha pasado que estando en una reunión familiar o con viejos amigos, alguien cuenta una anécdota que le sucedió, y entonces inmediatamente te sacas de onda porque en realidad esa anécdota te pasó a ti? Es una sensación rarísima, porque después de discutir sobre a quién realmente le paso, al final de cuentas uno se queda con cierta duda y nos ponemos a pensar de cómo es posible que exista duda de si esa experiencia la vivió uno, o realmente nos estamos imaginando que nosotros la vivimos.

Antes de que nos apaniquemos porque recordamos que ya nos ha pasado este fenómeno, vale la pena decir que esta confusión es mucho más frecuente de lo que yo pensaba, y está relacionada con lo que en la ciencia se llama “monitoreo de la realidad”, que es el proceso cognoscitivo usado para juzgar de forma introspectiva si una memoria vino de una fuente interna o externa; es decir, si me la imaginé, la soñé, me la platicaron, o si realmente la viví.

Bueno pues el grupo de investigadores compuesto por Buda, Fornito, Bergstrom y Simons de las Universidades de Cambridge, UK y Melbourne, Australia estudiaron las bases cerebrales de este fenómeno, y lo acaban de publicar en el número más reciente del Journal of Neuroscience: “A Specific brain structural basis for individual differences in reality monitoring”.

¿Qué hicieron?

Estos autores se basaron en estudios previos que sugerían que una región de la corteza cerebral localizada en el lóbulo frontal y que se llama “corteza prefrontal anteromedial” estaba involucrada en este proceso del monitoreo de la realidad. Bueno, pues con esta evidencia fueron y buscaron si una variación morfológica de un pedacito de esa corteza –el surco paracingulado- pudiera explicar el desempeño del monitoreo de la realidad.



Sucede que estos investigadores notaron que algunos individuos no tenían surco paracingulado en su corteza prefrontal, mientras que otros individuos si presentaban este surco. Los investigadores explican esta diferencia porque al parecer este surco es de los últimos en formarse durante la gestación en el útero. Bueno, pues entonces los investigadores fueron y buscaron al banco de imágenes de cerebros de la Universidad de Cambridge y seleccionaron sujetos con y sin el surco paracingulado para analizar su desempeño en una tarea de monitoreo de la realidad. La tarea era bien sencilla. Básicamente usaron pares de palabras comunes, como “el gordo y el flaco” o “Yin y Yan”. En unas instancias ponían únicamente una de las palabras y les pedían que se imaginaran la segunda, mientras que en otras instancias les pedían que ellos leyeran el par de palabras, o que escucharan que el investigador leía el par de palabras. En la segunda fase del experimento les preguntaban si se acordaban si ellos habían visto o imaginado cierta palabra, o bien si el investigador o ellos habían leído el par de palabras.



Los resultados fueron sorprendentes. Los investigadores encontraron que aquellos individuos que no presentaban el surco paracingulado en ninguno de sus dos hemisferios cerebrales, presentaban menos aciertos en su monitoreo de la realidad que el grupo de voluntarios que tenían uno o los dos (uno en cada hemisferio) surcos paracingulados. Esto implica que una simple variación en la corteza frontal impacta el desempeño en nuestro monitoreo de la realidad. Sorprendentemente, los sujetos con un menor número de aciertos seguían estando tan confiados en sus respuestas como aquellos sujetos que tuvieron un desempeño significativamente mejor.



Estos resultados tienen implicaciones importantes, porque substancian la evidencia del porqué algunas gentes son más susceptibles a la confabulación (cuando la gente inventa explicaciones que ellos mismos se creen), o porque alguna gente cree que está creando algo cuando en realidad lo observó en otro lugar y sin querer se lo adjudica como propio, o simplemente cuando contamos aquella aventura donde conquistamos a aquella güerita que era la más guapetona de la fiesta, y realmente la conquistó otro fulano… (ah, no, eso sí fue verdad!... digo eso creo… déjenme llegar a la casa a ver si aún es verdad…!)


martes, 27 de septiembre de 2011

La fuente de la salud mental y la eterna juventud (sort of....)



De entre mis películas favoritas no pueden faltar las buenas películas de vampiros. Sí, me refiero a esas películas super palomeras donde los chupasangre atacan a diestra y siniestra. Una de las cosas que llama la atención es el caso de que Drácula lleva haciendo de las suyas muchísimos años, y al parecer todavía anda muy bien conservado. Que, no será susceptible a los problemas cognoscitivos que llegan con el envejecimiento? Yo, que ya ando rascando el tostón, me aflijo cada vez que se me olvidan cosas (claro que afortunadamente siempre me acuerdo de que siempre se me han olvidado las cosas!).


En fin, como todos sabemos durante el envejecimiento comienzan a haber problemas en relación a nuestras habilidades cognoscitivas. Sin embargo, como ya he tratado en este blog, existen variables que pueden reducir el efecto del envejecimiento, como por ejemplo el ejercicio, que se ha demostrado que incluso promueve la neurogénesis. Bueno, pues un grupo de investigadores acaba de publicar en la revista Nature en este mes un artículo titulado “The ageing systemic milieu negatively regulates neurogenesis and cognitive function”, que más o menos quiere decir “El milieu sistémico envejecido regula negativamente la neurogenesis y las funciones cognoscitivas”.  En este artículo participaron 22 científicos de un montón de instituciones de todo el mundo, por lo que en está ocasión solo diré que el primer autor fue Saul A Villeda, y el líder del grupo fue Tony Wyss-Coray de la Universidad de Stanford en California.


¿De qué dices que se trata esto?
A partir de los posibles efectos del ejercicio en el envejecimiento estos investigadores se preguntaron si no habría alguna sustancia, o grupo de sustancias, circulando en la sangre y que afectaran el cerebro. Es decir, se sabe que el ejercicio de alguna forma incrementa la neurogénesis así como el aprendizaje y la memoria en el envejecimiento. Entonces, ellos especularon que podría haber dos factores afectando esos procesos, uno inherente al cerebro, y otro que llegara al cerebro a través del sistema circulatorio. En este artículo analizaron la posibilidad de que moléculas que estuvieran en el sistema circulatorio pudieran afectar la neurogénesis en el cerebro.
Bueno pues, ¿y que hicieron?
Se les ocurrió un experimento medio a la Frankestein. Tomaron ratones jóvenes y viejos e hicieron pares de ratones que podían ser dos jóvenes, dos viejos, o un joven con un viejo. Luego los unieron por su sistema circulatorio (como los siameses que están unidos, pues igual, pero solo los unieron por el sistema circulatorio). Después de 5 semanas analizaron los cerebros y encontraron algo sorprendente. Los cerebros de los ratones viejos que habían sido pareados con los ratones jóvenes se encontraron con una mayor neurogénesis que los cerebros de los ratones viejos pareados con viejos.  Al parecer esto a costa de los ratones jóvenes que habían sido pareados con los viejos, ya que esos ratones jóvenes pareados a los viejos tuvieron una menor neurogénesis que los jóvenes pareados a otros jóvenes.

Ok, ¿pero entonces que creen que es lo que está pasando?
Los autores no se quedaron nada más con eso, sino que entonces se dedicaron a aislar de la sangre de los ratones aquellas sustancias que pudieran ser las candidatas a estar afectando la neurogénesis. Ellos piensan que una sustancia que se llama “eotaxin” que es de la familia de las quimiocinas (que son moléculas que inducen quimiotaxis (que hacen que las células dirijan sus movimientos hacia esas sustancias) está participando en este fenómeno. Piensan eso porque los niveles en plasma sanguíneo de esa sustancia correlacionan con la reducción de neurogénesis en los ratones viejos, como si esta sustancia estuviera inhibiendo la neurogénesis. Para checar esa hipótesis le inyectaron eotaxina a ratones jóvenes y vieron que había una reducción en neurogénesis y además mostraban deficiencias en aprendizaje y memoria. ¿Qué tal!?


Este descubrimiento está fenomenal, pero ahora hay que investigar si la manipulación de esta sustancia no tiene otros efectos, porque ya estoy viendo que luego luego van a querer inhibirla para producir la fuente de la eterna juventud.  Yo creo que todavía es muy temprano para eso, más bien habría que preguntarle a Mr. Drácula qué onda, el si sabía esto desde hace años… pues que no dicen que solo le gustaba beber la sangre de bellas doncellas?, ahora sabemos el por qué, para mantenerse joven y enjundioso!

sábado, 10 de septiembre de 2011

El cerebro en automático



¿Alguna vez te ha pasado que estás pensando en la nada mientras estas echado en tu sillón favorito?, Me refiero a esos momentos en los que no tienes ninguna preocupación o ningún pensamiento en particular y simplemente estas relajado pasando el rato. Si, a esos momentos a los que se refiere uno cuando dice estar pensando en la inmortalidad del cangrejo. Esto es interesante porque si no tenemos nada en particular en que estar pensando, entonces ¿para que pensamos? El problema es que en realidad no podemos bajarle el switch al cerebro, vamos ni siquiera cuando dormimos, porque se sabe que incluso durante el sueño hay intensa actividad cerebral.



Bueno, pues unos investigadores han propuesto la hipótesis de que existe un estado de actividad cerebral al cual le han llamado el “Default Mode”, y en el cual participa una red de áreas neuronales muy bien definida, por lo que al tinglado este le han llamado la “Default Mode Network”. Hace ya diez años que los investigadores de la escuela de Medicina de la Universidad de Washington, Marcus Raichle, Ann Mary MacLeod, Abraham Snyder, William. Powers, Debra Gusnard, y Gordon.Shulman publicaron en el PNAS el artículo titulado “A default mode of brain function” que es algo así como “un modo por defecto, o en automático, de funcionamiento cerebral”.

¿De que se trata esto?

En este artículo los autores se preguntaron ¿es posible encontrar un estado basal de funcionamiento cerebral? Esto es interesante porque existen literalmente miles de investigaciones que se basan en medir activaciones cerebrales entre diferentes condiciones experimentales. Bueno, pues la respuesta aparentemente fue que si se podía. Para explicarlo de forma muy simple, estos científicos midieron la cantidad de oxigeno usada por el cerebro en relación a la cantidad de oxigeno transportada por la sangre que fluye por el cerebro. Ellos proponen que cualquier variación de esta relación en algún área del cerebro representaría un cambio de actividad.

Bueno, pero ¿esto implica algo?

Lo que estos autores demostraron es que en efecto, cuando hacemos alguna tarea específica, existen regiones específicas del cerebro que se “prenden” (activan) en función a la tarea que se haga. Por ejemplo cuando hablamos, podemos encontrar una gran activación en un área del cerebro conocida como el área de Broca, cuya lesión da lugar a un tipo de problemas para hablar, conocida como la afasia de Broca.

Sin embargo este estudio dio una explicación a un fenómeno que muchos hemos encontrado en nuestros estudios de imagenología funcional y que consiste en las observación de “desactivaciones”. Es decir también se observan zonas que bajan su nivel de actividad. Raichle y sus colaboradores demostraron que existe un grupo de áreas cerebrales que bajan su actividad basal cuando nos ponemos a hacer casi cualquier actividad dirigida a algún propósito. Esto les llevó a concluir que estas áreas tienen un nivel de actividad basal, y que cada vez que se reqiere hacer una tarea dirigida a algún propósito en particular, estas áreas bajan su actividad por debajo de su nivel basal, mientras que las áreas necesarias para ejecutar la tarea particular, suben su nivel de actividad. Es por esto que a estas áreas les llamaron el “Default Mode Network”, ya que están activas por default, o cuando no se está haciendo nada en particular, o pensando en tu pasado, o en tu futuro.





Bueno, pues en estas últimas semanas, mi default mode network ha de haber estado super activo ya que las vacaciones estuvieron de lujo. Claro ahora el problema es volver a echar a andar el resto de las neuronas, mientras que le pongo el freno al famoso DMN,o  de lo contrario voy a quedar igual que cierto tipo de las caricaturas....



domingo, 31 de julio de 2011

El poder del pensamiento

Hace algunos años durante una vacación vimos escritas en un carrito de helados unas frases que realmente me llamaron la atención y me hicieron reflexionar:

Watch your thoughts, they become words.
Watch your words, they become actions.
Watch your actions, they become habits.
Watch your habits, they become your character.
Watch your character, it becomes your destiny

Que son algo así como “Cuida tus pensamientos, porque se convierten en palabras, cuida tus palabras porque se convierten en acciones, cuida tus acciones porque se convierten en hábitos, cuida tus hábitos porque se convierten en tu carácter, cuida tu carácter porque se convierte en tu destino”.


 
Y esto, ¿que tiene que ver con la ciencia?

¿Que tan ciertas serán esas aseveraciones?. En mi opinión tienen mucho de verdad, ya que en mi experiencia personal siempre que me esfuerzo en pensar positivamente logró mas y mejores acciones que cuando caigo en un rollo de pensamientos negativos. Bueno, pues un grupo de investigadores de las universidades de Duke y de la Universidad de California de Riverside (Kristin Layous, Joseph Chancellor, Sonja Lyubomirsky, Lihong Wang, y P. Murali Doraiswamy), acaban de publicar en el Journal of Alternative and Complementay Medicine el articulo titulado “Delivering Happiness: Translating Positive Psychology Intervention Research for Treating Major and Minor Depressive Disorders” que trata sobre el efecto de lo que llaman “Positive Activity Interventions” (intervención de acciones positivas) para tratar desórdenes depresivos menores y mayores.

¿Que hicieron?

En este artículo los autores nos recuerdan que no todos los pacientes con depresión mejoran con los medicamentos (un treinta por ciento de ellos siguen manifestando depresión) y que además no todos los pacientes tienen acceso a un tratamiento farmacológico. Es por esto que es importante también buscar alternativas no farmacológicas que ayuden a mejorar la calidad de vida de estas personas. Bueno, pues en esta revisión los autores analizan el efecto de los pensamientos y acciones positivas no solo en la gente sana, sino especialmente en pacientes depresivos.

¿A que se refieren exactamente estos autores con acciones positivas?

Bueno según los autores estas actividades positivas involucran desde simples pensamientos, como el reflexionar sobre las cosas buenas que tenemos en la vida o meditar sobre nuestra buena vibra hacia otras personas, hasta hacer actos de bondad de forma voluntaria para ayudar a nuestros semejantes.



Es bien sabido que este tipo de pensamientos y acciones positivas producen un bienestar real sobre aquellas personas que las practican, pero en esta revisión los autores señalan que existen estudios controlados donde se ha demostrado estadísticamente que estas intervenciones si mejoran el bienestar y reducen los síntomas depresivos en pacientes. Por ejemplo, los autores citan un estudio donde se les pedía a cuatrocientos once pacientes con depresión leve que se involucraran por una semana en actividades que involucraban el practicar la gratitud, los pensamientos positivos y la revisión de sus fortalezas como individuos. Los investigadores encontraron una mejoría significativa en los pacientes. Dos de las actividades fueron especialmente benéficas: el escribir tres cosas buenas en su vida, y el usar alguna de sus fortalezas de una forma novedosa. Estas dos actividades impactaron sobre los índices depresivos hasta por seis meses después del tratamiento.

Aunque pudiera ser temprano para hacer una evaluación del impacto a largo plazo de estas intervenciones, ya que la ciencia de la psicología positiva apenas llevará una década de reconocimiento, creo que estos resultados son muy esperanzadores. Falta ver mas estudios sobre el impacto de este tipo de aproximaciones no solo en la clínica psiquiátrica, sino en otras esferas como la educativa (donde ya comienzan a aparecer investigaciones bien interesantes) o la organizacional.

Finalmente no me queda mas que reflexionar que, resumiendo la filosofía del carrito de paletas, tengo que cuidar lo que pienso, porque de ahí nace mi destino.


jueves, 14 de julio de 2011

Soy yo, o esta cosa nomás no sirve.

Recuerdo una vez que íbamos caminando por uno de esos pueblitos mágicos que hay en México, cuando en uno de esos puestecitos del mercado un chavito estaba tocando un violincito de madera a todo dar. Dos cosas eran sorprendentes, la primera la edad del chavito, que no podía haber tenido mas de 10 años, y la otra era que el violincito estaba super rústico, pero aun así se oía bastante bien la melodía. La idea pues, era que el papá del chavo vendía los violines. Claro que al ver al niño tocar tan bien, pues uno podría haber pensado que no sería tan difícil tocarlo. Total que dadas las circunstancias acabamos comprando uno de esos violines. De regreso de las vacaciones, ya en la casa, nos pusimos a desempacar, y claro, salíó el violincito. Pues luego luego me puse a tratar de tocarlo y.... obviamente nada. Puro ruido salia nada mas. Vamos, ni una notita buena, puro chirrido (y eso con ganas de hacerlo sonar!). Mi primer pensamiento fué que estos condenados me habían dado un violín chafa, pero luego luego fui corregido, ya que todos se habían dado cuenta que me habían dado el mismo violín que estaba tocando el chavito. Y pues ni hablar, al parecer el chafita era yo.


Esto trae a cuento la idea de cómo saber si cuando intentamos manipular un objeto, y no nos sale correctamente, la culpa es nuestra o del objeto. Pues en un estudio resiente titulado “Is it me or the world? 16-month-olds distinguish competing hypotheses about the cause of failed interventions”, y que significa algo como “¿Soy yo o es el mundo? A los 16 meses de edad ya distinguen hipótesis alternativas sobre la causa de acciones fallidas” se estudió a partir de que edad nos podemos dar cuenta si cuando ocurre una acción fallida la culpa es nuestra o del objeto al que le dirigimos la acción. Este artículo elaborado por Hyowon Gweon y Laura E. Schulz del MIT acaba de ser publicado en la revista Science a finales del mes de Junio de este año.

¿Que hicieron?

En dicho estudio los investigadores hicieron un experimento super sencillo con niños de 16 meses de edad. Pusieron a los niños sentados junto con uno de sus padres frente al investigador, quién tenía en una canasta tres juguetes idénticos que solo variaban en el color. Entonces un investigador sacaban un juguete y, mostrándoselo al niño, apretaba un botón y entonces el juguete sonaba con una música infantil. El truco era que al momento de apachurrar el botón del juguete, el investigador activaba un mecanismo oculto que era el que hacia sonar el juguete.

Ahora viene la parte interesante. Una vez que el investigador le había demostrado al niño como “activar la música” había dos posibles condiciones: En la primera, el investigador le pasaba entonces al niño un juguete igual al anterior pero que éste no tocaba música y era de otro color. Y la segunda era que el investigador le pasaba al niño directamente el juguete que acababa de tocar la música, pero que tenía el mecanismo verdadero escondido. Lo mas importante es que en ninguna de las dos condiciones el niño iba a poder activar la música.


Los investigadores midieron dos tipos de respuestas: o bien que el niño pidiera un tercer jugete similar que se había puesto a la vista, o bien voltear a pedir ayuda a su familiar. El razonamiento de los investigadores era el siguiente: si los niños a los que les daban el otro juguete pedían el tercer juguete, entonces querría decir que los niños pensaban que el juguete que les habían dado estaba descompuesto, y que entonces querían agarrar otro que pudiera servir. Por otro lado, si los niños a los que les daban el juguete del investigador volteaban mas a pedir ayuda de los padres, entonces querría decir que se daban cuenta que la culpa era de ellos y no del juguete. Si no había una diferencia de las respuestas entre el grupo de niños a los que les dieron el juguete amarillo o el verde, entonces los niños de esta edad aún no podían formar este tipo de hipótesis.

Bueno, pues los resultados confirmaron las hipótesis de los investigadores: los niños de esta edad pedían mas ayuda a sus padres cuando les daban el juguete que el investigador acababa de hacer sonar, y en cambio pedían mas el tercer juguete cuando les daban el juguete que el investigador no había hecho sonar. Es decir, a esta edad los niños ya pueden formar hipótesis de si ellos la están regando, o el problema es del objeto que esta chafa.


Bueno, pues creo que esto es una excelente lección para todos nosotros. La próxima vez que no podamos, ya no digamos tocar el violín, sino simplemente manejar correctamente algún programa de la computadora, mas vale pedir ayuda y no echarle la culpa a la pobre máquina. Lo mas probable es que en realidad lo que deberíamos de hacer es tomar unas clasecitas antes de pensar en tirar la compu a la basura!
 

miércoles, 6 de julio de 2011

De por qué solo me acuerdo de cuatro cosas cuando voy al super.

¿Alguna vez te has desesperado porque traes alguna información en la cabeza y cuando menos lo piensas ya se te olvido? Típico que vas al super con la intención de comprar solo 5 o 6 cosas, (y por eso no te llevas la lista!) y siempre se te olvida por lo menos una de ellas. Bueno, pues no estas solo en este mundo. Eso nos pasa prácticamente a todos. Cuando yo comencé a estudiar este tipo de memoria, que se llama comúnmente “memoria de trabajo” se pensaba que podíamos mantener básicamente siete items de información en nuestra mente en un momento dado. Hasta se publicó un artículo famosísimo que se llamó “The magical number seven, plus or minus two: some limits on our capacity for processing information”. En ese artículo publicado en 1956 por George A. Miller se discutía que el número de objetos que en promedio se pueden mantener en la memoria de trabajo es 7 mas menos 2.


La realidad.

Bueno, pues recientemente se ha ido corrigiendo la idea de que podemos mantener 7 ítems en la mente, porque claro, como es que solamente podemos tener tan poquitas cosas en nuestras cabezotas. Pero, oh sorpresa, no se ha corregido el número a la alza, sino que a la baja, ya que ahora se piensa que tal vez el número sea menor, como de únicamente 3 o 4 ítems (para aquellos que necesiten la cita, el artículo donde se discute esto lo publicó Cowan en el Behav.Brain Sci. 24:87-114).



¿Importa nuestra capacidad de memoria de trabajo?

Ok, suponiendo que este asunto de nuestra limitadisima capacidad de mantener cosas simultáneamente en la cabeza sea verdad, ¿importa realmente?. La respuesta es que si importa, ya que se ha visto una correlación directa entre la cantidad de cosas que puedes manipular en tu memoria de trabajo, la capacidad de procesamiento de información, y la complejidad de tus pensamientos...o por decirlo de alguna manera, de tu coeficiente intelectual.

Un nuevo reporte.

Pues en este mes de Julio acaba de salir publicado el artículo titulado “Neural substrates of cognitive capacity limitations” por Timothy Buschman, Markus Siegel, Jefferson Roy y Earl K. Miller y publicado en el PNAS. En este artículo se buscaron las bases cerebrales de la limitada capacidad de la memoria de trabajo. Estos investigadores hicieron un experimento bien simple en monos. Primero les mostraban en el monitor de una computadora de 2 a 5 cuadros de colores y luego ponían la pantalla toda negra. Después de un retardo volvían a poner los mismos cuadros, excepto que uno de ellos había cambiado de color. La tarea para los monitos era detectar que cuadro había cambiado. Mientras los monos hacían esta tarea, los investigadores les registraban la actividad neuronal en diferentes áreas del cerebro en los dos hemisferios cerebrales.


Los investigadores encontraron algo bien interesante. Primero encontraron obviamente que cuando había dos cuadritos, pues el desempeño era prácticamente perfecto, pero a medida que se ponían mas cuadritos, los monos se equivocaban cada vez mas. Después de esto vino el descubrimiento mas interesante: básicamente se dieron cuenta que cada hemisferio solamente podía guardar como 2 estímulos a la vez! Es decir si el objeto a recordar estaba en el lado derecho del campo visual, no importaba que en el otro lado hubiera cuatro objetos, el mono lo recordaba. Pero si en el lado visual donde estaba el objeto a recordar había otros tres o cuatro objetos, entonces se incrementaba muchísimo la posibilidad de que el mono se equivocara.

¿Y bien, que de todo esto?

Esta conclusión de que cada hemisferio cerebral tiene una capacidad independiente y limitada para este tipo de tareas tiene implicaciones para el diseño de instrumentos que requieren de una gran carga atentiva, como los controladores de vuelo, pero también nos podría ayudar a justificar porque se nos olvidó el pan cuando fuimos al super. Claro, porque yo no tengo la culpa de que la lista que leí antes de salir estuviera escrita de arriba para abajo y no horizontalmente!.

martes, 21 de junio de 2011

Un futuro mas brillante, o de cómo ser mas perspicaz

En el blog anterior especulé sobre la tentación de incrementar nuestra capacidad mental de manera artificial, lo que nos habla de la avidez para conseguir un mayor rendimiento intelectual. Y eso no solamente para nosotros, sino también para nuestra descendencia. Basta con ver toda la cantidad de productos que se venden para estimular a los pequeñines prácticamente desde el vientre materno, todo con la intención de convertirlos en los futuros Mozarts o Einsteins. Sin embargo la realidad es que esto es bien difícil. Para empezar habría que definir que es la inteligencia. De acuerdo a los postulados de Raymond Cattel es posible identificar dos tipos de inteligencia, la fluida, que es la capacidad de pensar lógicamente y resolver problemas en situaciones novedosas, y la cristalizada, que es la habilidad de usar el conocimiento, habilidades y experiencias acumuladas. En otras palabras una es nuestra capacidad de razonar, mientras que la otra es claramente dependiente de las experiencias educativas y culturales. De acuerdo a esto siempre es posible cultivar la inteligencia cristalizada, mientras que la inteligencia fluida se mantiene constante... o por lo menos eso se pensaba.



En el último número del Proceedings of the National Academy of Science, Susanne Jaeggi, Martin Buschkuehl, John Jonides y Priti Shah acaban de publicar un artículo que promete ser un parteaguas en el estudio de la inteligencia. En su artículo titulado Short- and long-term benefits of cognitive training (Los beneficios a corto y largo plazo del entrenamiento cognoscitivo) estos autores demostraron que es posible modificar la inteligencia fluida utilizando una tarea cognoscitiva a modo de entrenamiento mental.

¿Que hicieron?

A sabiendas de que la memoria de trabajo es un componente fundamental de la cognición, estos autores utilizaron una tarea llamada “n-back”, es decir “n-atras”. Para entender el nombre hay que saber de que se trata: en esta tarea se presentan una lista de estímulos uno tras otro, y lo que el sujeto tiene que hacer es atender los estímulos y responder cuando un estímulo es igual al que se presentó “n” items atrás, normalmente siendo, 1, 2 o 3 items atrás. Bueno, pues estos investigadores se fueron a unas escuelas primarias y secundarias del área de Detroit y entrenaron a 62 niños en un periodo de un mes utilizando esta tarea de “n-back” durante 15 minutos diarios. Claro que para que fuera mas divertida la diseñaron en forma de videojuego, donde los niños tenían que localizar donde había brincado una ranita en unas piedras o diseños similares, y les daban tokens de recompensa cada vez que acertaban.



Obviamente los investigadores midieron la inteligencia de los niños antes y después del entrenamiento, y encontraron algo muy interesante. Los niños que no progresaron en el juego, es decir no incrementaron su capacidad de “n-back”, no mostraron cambios en el test de inteligencia, sin embargo, los niños que si progresaron en el juego subieron significativamente su nivel de inteligencia fluida, lo que implica que el entrenamiento de su memoria de trabajo se transfirió positivamente en un incremento a este tipo de inteligencia. Otro dato bien interesante es que al volver a evaluar a estos jóvenes tres meses después de terminado el entrenamiento, aún se encontró su efecto positivo.


Los autores terminan su artículo diciendo que para ellos ya no hay que preguntarse si este tipo de entrenamientos cognoscitivos pueden mejorar la inteligencia, sino mas bien enfocarse a investigar que tipo de entrenamientos son los mejores, y que individuos serían los mas susceptibles de mejorar. La verdad es que creo que estos resultados están padrísimos, porque se podría empezar a explorar si niños con problemas de aprendizaje se pudieran beneficiar mediante el entrenamiento de tareas cognoscitivas diseñadas ad hoc para su problema en particular, y que dicho entrenamiento realmente se convierta en un incremento global, y no únicamente sean expertos en esa tarea en particular. Finalmente parece ser que, contrario a lo que se pensaba, si pudiera ser posible ayudar a estos niños a mejorar su razonamiento abstracto y a poder desenvolverse mejor en ambientes y situaciones novedosas.


martes, 14 de junio de 2011

El Clembuterol y la pesadez mental, o de como llegar a la selección o al SNI.

El otro día viajé de Xalapa al Distrito Federal para hacer unos estudios de imagenología cerebral en un renombrado Instituto de Investigaciones, así como para arreglar unos papeles en mi Alma Mater. Pues después del viaje, de los experimentos y de los tramites, finalmente quedé de verme con un buen cuate para cenar. Pues resulta que en el restaurante donde cenamos había televisiones por doquier que estaban por transmitir un partido de la selección. Como algunos de mis lectores sabrán, soy fan del futbol, y mucha fue mi sorpresa al enterarme que un quinteto de jugadores había sido excluido del equipo, ni mas ni menos, por haber salidos positivos en una prueba de antidoping. ZAZ!, pensé, como es posible que estos jugadores que fueron seleccionados de entre cientos, pudieran haber salido positivos a una sustancia prohibida como el clembuterol!, ¿pues que son tan tontos como para creer que no los detectarían?. Sin afán de juzgarlos, o de intentar explicar el fenómeno de la famosa carne -a la cual estamos expuestos todos los mexicanos- decidí explorar en este blog esa necesidad de incrementar las capacidades mediante aproximaciones poco naturales, o dicho de otra manera, mediante alguna pastillita mágica que ayude a mejorar el desempeño.

 



Es bien sabido que un punto crítico de las competencias deportivas es que los participantes se desempeñen por sus propios medios, sin ayudas externas que les den ventajas artificiales sobre sus competidores. Porque, que chiste tendría un boxeador que debajo del guante tuviera unas nudilleras de acero para noquear a su oponente. Bueno, pues el punto aquí es que actualmente no solamente existen fármacos que ayudan a los deportistas de forma artificial, sino que también existen fármacos para ayudar al desempeño cognoscitivo. Si, así es. Y no es de extrañar, pues, ¿quién no se ha tomado una tacita de café en la mañana para despertar?. Eso... ¿será trampa? Porque, ¿que tendría de malo ayudar a estar mas ágil mentalmente con un par de tazas de café? Probablemente no mucho, pero claro, después de eso vienen las bebidas “energetizantes”, que pues tienen entre otras cosas altas dosis de cafeína. Y bueno, si ya estamos hablando de eso, ¿pues que tal un anfetaminazo, o un ritalinazo?.



Pues este asunto tan interesante fue recientemente tratado por Steven Hyman, de la Universidad de Harvard, y publicado en el número de Febrero de este año en Neuron bajo el título “Cognitive Enhancement: Promises and Perils”. En este artículo Hyman discute el uso de fármacos que han sido diseñados originalmente para tratar alguna condición mental, y que a lo largo – o corto- del tiempo, han comenzado a ser usados por gente saludable con el propósito de conseguir algún beneficio cognoscitivo. Incluso discute los pros y contras, así como las guerras políticas para promover el desarrollo de los polémicos “cognitive enhancers”.



Bueno, pues a todo esto, si un científico comenzará a tomar un fármaco que incrementara su habilidad cognitiva, ¿sería descalificado para el SNI?, o ¿el bien producido por su incremento en su productividad justificaría su uso?, sea como sea, a sabiendas de que aún no se sabe el posible efecto del uso a largo plazo de esos fármacos, pues lo mejor será apegarse al cafecito, o en su defecto a la cocacolita, para no quedarse dormido y estar bien atentos en esos largos días en los que nos quedamos hasta tarde analizando datos, o escribiendo artículos.



Y bueno, finalmente, si está tan penalizado el uso de esas sustancias que incrementan artificialmente el desempeño, valdría la pena preguntarse...¿debería de estar prohibido el uso de la pastillita azul que permite el incremento de ciertas habilidades que van literalmente decayendo con la edad, o eso descalificaría el momento?... no lo se, ojalá y me queden muchos años mas para ponderar adecuadamente ese dilema!.