lunes, 31 de enero de 2011

!Ouch!. Como limpiar el alma, o por lo menos bajarle a la culpabilidad



En la vida existen ocasiones en las que de plano la regamos y hacemos alguna conducta que termina afectandonos a nosotros, o lastimando a otra persona inmerecidamente. Claro que después de esto nos llega el arrepentimiento y la cruda moral. Este fenómeno es tan común que diversas religiones han ideado diferentes métodos para curarnos dicha cruda. Uno de estos métodos que comparten tanto el cristianismo como el islamismo es el de expiar los pecados a través del dolor. Por ejemplo en la carta apostólica “Salvifici Doloris” el Sumo Pontifice Juan Pablo II comienza “Suplo en mi carne —dice el apóstol Pablo, indicando el valor salvífico del sufrimiento— lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia”. Por otro lado, en el islam el profeta Mahoma enseñó: “Cuando el creyente está afligido por el dolor, aun si es por una espina, Dios perdona sus pecados, y sus errores son descartados como el árbol se despoja de sus hojas”.


Bueno, pues para variar nunca falta algún científico que meta sus narices en este tipo de asuntos. Este es el caso de Brock Bastian, que junto con Jolanda Jetten and Fabio Fasoli. De las universidades de Queensland, Exeter y Trento, respectivamente, publicaron el artículo titulado “Cleansing the Soul by Hurting the Flesh : The Guilt-Reducing Effect of Pain”, en enero de este año en la revista Psychological Science.

¿Que hicieron?

En dicho estudio los investigadores le pidieron a un grupo de voluntarios que recordaran alguna ocasión cuando se hubieran comportado de una forma inaceptable, y que evaluaran que tan culpable se sentían de ese hecho (mediante una evaluación de afectividad). Después dividieron a los sujetos en un grupo al que se le pidió que mantuviera una mano en una cubeta con agua helada, y en un grupo al que se le pidió que la mantuviera en una cubeta con agua tibia. También se añadió a un tercer grupo que también se le pidió que mantuviera una mano en la cubeta con agua helada, pero al que no se le aplicó la evaluación de afectividad.

¿Que fué lo que encontraron?

Los resultados fueron bien interesantes. Los participantes del grupo que recordó su mal comportamiento no solo mantuvieron mas tiempo la mano en la cubeta helada, sino que evaluaron cómo mas dolorosa esa acción que el grupo al que no se le pidió que recordara su mala conducta. Y aun mas interesante es que después de la prueba de la cubeta con agua helada, este grupo bajó su sentimiento de culpabilidad significativamente en comparación del grupo que también evaluó su mala conducta, pero que fue sometido a la cubeta con agua tibia.
Los autores sugieren que la gente parece darle un significado a su dolor, por lo que argumentan que la gente interpreta su dolor en un modelo judicial en el que el dolor es un castigo que sirve para expiar sus culpas. Esto podría significar en ciertas religiones que su alma es purificada de sus pecados anteriores. Yo creo que no comparto esta línea de pensamiento, porque de acuerdo a esto, los masoquistas, o incluso algunos tipos como los del programa jackass serían todos unos santos.. y no, no lo creo.

lunes, 24 de enero de 2011

Mas sabe el diablo por viejo, que por diablo. O de como la práctica hace al maestro.

¿Alguna vez te ha pasado que llevas tu carro al mecánico y te topas que la persona que te atiende parece no tener ni idea de lo que pasa, pero cuando llega el “maestro” luego luego propone algunas soluciones? ¿O cuando vas a un hospital y te atiende un residente que te explora mil veces pero parece no poder atinarle a un diagnóstico, y cuando llega el “doctor” casi nomas de verte ya tiene dos o tres posibles diagnósticos?. Bueno, pues un grupo de investigadores en Japón dirigidos por el Dr. Keiji Tanaka, y que incluía a X. Wan, H. Nakatani, K. Ueno, T. Asamizuya y K. Cheng decidieron investigar si podían detectar diferencias entre el funcionamiento cerebral entre novatos y expertos. Para lograr esto investigaron a jugadores de un juego japones similar al ajedrez que se llama Shogi. Publicaron sus hallazgos la revista Science, en Enero de este año.



Los científicos decidieron investigar este juego en particular porque tiene reglas bien definidas que hay que seguir y uno puede ir haciéndose experto a medida que va practicándolo mas. En el estudio que utilizó resonancia magnética funcional, se exploraron varias condiciones, que incluían comparar la activación cerebral al detectar la posición de una pieza en particular y hacer una tarea sensori-motora. Pero la condición mas importante era la de comparar la activación cerebral entre novatos y expertos durante la generación rápida de la siguiente jugada mas adecuada. Es decir, dada una posición en el tablero, decidir dentro de un lapso de dos segundos cual sería la siguiente mejor jugada.


Bueno, pues los investigadores encontraron como era de esperarse un chorro de activaciones en todo el cerebro. Pero, a medida que fueron quitando activaciones relacionadas a diferentes procesos cognitivos, ellos reportaron que únicamente dos activaciones se correlacionaban con el grado de experiencia de los sujetos. Una era la activación en una región cerebral llamada precuneus que se encuentra en el lóbulo parietal y que se activa durante la percepción de los patrones de las fichas en el tablero, y la otra era el núcleo caudado, que forma parte de los ganglios basales del cerebro, y que se activa durante la generación rápida de la siguiente mejor jugada. Además encontraron que al actividad de estas dos áreas covariaba durante las tareas relevantes, lo que les sugirió a los autores que cuando los jugadores expertos analizan un escenario para ejecutar la siguiente jugada, el circuito precuneo-caudado implementa un proceso automático e implícito que le permite al jugador hacer un movimiento rápido y efectivo.

En el panel D se pueden observar las diferencias en el núcleo caudado entre los profesionales y los novatos en la tarea de hacer el movimiento mas efectivo teniendo solo dos segundos para decidir.

Esto resultados sugieren que a medida que uno se va haciendo experto, el cerebro va fortaleciendo este circuito funcional que permite tomar decisiones rápidas simplemente con echar un vistazo a un escenario específico del tema en el que uno es experto. De acuerdo a los autores esto se va desarrollando en periodos largos, alrededor de diez años, y además es específico a la información en la que se entrenó. Esto sugiere que el poder tomar decisiones rápidas como mecánico, no te va a poder dejar tomar decisiones rápidas como médico, ni al médico como psicólogo, ni a este como abogado. O lo que es lo mismo, para terminar igual que como empecé: “zapatero a tus zapatos”.


lunes, 17 de enero de 2011

De como la música nos puede llevar al cielo, ¡o a la liberación de Dopamina!

Alguna vez te ha pasado que escuchas una pieza musical que te llega durísimo?. Por ejemplo, recuerdo claramente cuando vi la película de la Misión que cuenta con música compuesta por Ennio Morricone. La música es bellísima, y aun ahora cada ocasión que escucho esa música siento una gran emoción que me deja en un gran estado de ánimo. Yo creo que no soy al único que le pasa eso, ya que la afición a la música es prácticamente universal. Basta ver el éxito del itunes, o el estatus social de los músicos reconocidos. Prácticamente cualquier gente con la que platiquemos nos podrá decir que tiene una o varias rolas preferidas, de esas que le enchinan la piel. Bueno, pues un grupo de investigadores coordinados por Robert Zatorre, y que incluyó a Valorie Salimpoor, Mitchel Benovoy, Kevin Larcher y Alain Dagher, del Instituto Neurológico de Montreal de la Unviersidad de McGill, Canadá, investigaron el efecto en el cerebro que tiene escuchar tu música favorita.

Estos científicos investigaron el efecto de la música sobre los sistemas de recompensa cerebral de los que hemos hablado en ocasiones anteriores. Para esto reclutaron a 10 voluntarios (5 hombres y 5 mujeres) de entre mas de 200 solicitantes para participar en este estudio. Su característica principal es que a los voluntarios seleccionados se les tenía que enchinar la piel cada vez que escucharan su pieza favorita sin cansarse de ella. Una vez seleccionados los sujetos, se procedió a tomarles imágenes cerebrales mediante tomografía de emisión de positrones (TEP) y mediante resonancia magnética funcional (RMF). Con el TEP se puede evaluar la actividad del sistema dopaminérgico, que es un componente fundamental de los sistemas de recompensa, y con la RMF se puede localizar de forma espacio temporal las regiones que se activan. Durante el experimento se les ponía a cada voluntario su música favorita así como la música favorita de algún otro voluntario. De esta forma podían evaluar la diferencia del sistema dopaminérgico cuando escuchaban esa música especial que les llegaba a lo mas íntimo, versus el simplemente escuchar alguna música que no les produjera el mismo efecto emocional.

¿Que encontraron?

Bueno, pues los resultados fueron contundentes. Los sujetos reportaron mas emoción en las piezas que ellos habían escogido a diferencia de las otras piezas. Esto se correlacionó con un incremento en la respuesta de la frecuencia cardiaca, la respiración y la sudoración. De igual manera, el análisis de las imágenes funcionales mostró un incremento significativo en la liberación de dopamina durante la exposición a su música favorita. Pero no solo eso, sino que el estudio encontró que existían áreas cerebrales como el núcleo caudado en el que se liberaba dopamina justo antes de la parte de la música que les producía el clímax emocional, y otras regiones cerebrales como el núcleo acumbens en el que se liberaba dopamina durante el clímax musical.

Medición del incremento de liberación de dopamina medido a través del decremento de unión de raclopride (antagonista al receptor de dopamina).

Este es un hallazgo formidable, ya que de acuerdo a los autores, esta es la primera evidencia de que el intenso placer que produce el escuchar música esta asociado a la liberación de dopamina en el sistema mesolímbico de recompensa. Si lo pensamos cuidadosamente esto es doblemente sorprendente porque este sistema evolucionó para reforzar conductas biológicas básicas con un alto valor adaptativo, como la alimentación o la reproducción, y hasta donde se puede pensar, la música no es una necesidad básica para la supervivencia humana!. Otro aspecto interesante del estudio, es que la simple anticipación del segmento musical que nos sublima es capaz de producir un estado de expectación emocional que precede a la activación del sistema de recompensa, lo cual ha sido utilizado por grandes músicos para jugar con el clímax de sus piezas musicales, (lo cual me recuerda algunas de las sinfonías de Beethoven!). Este mecanismo funcional no es exclusivo de la música, ya que existen otros sistemas que incluyen una etapa de liberación dopaminergia a respuestas anticipatorias y consumatorias, como por ejemplo la expectación de comer un delicioso filete y el hecho de comerlo finalmente.

Y esto, ¿que implica?

Este hallazgo ayuda a explicar la sensación tan intensa que experimentamos con algunas piezas musicales, y el porqué la música nos ayuda a hacer actividades como el correr por periodos largos de tiempo, o el ambientar escenas de películas para lograr una estética casi perfecta. Viéndolo así fríamente, pues se podría pensar que los grandes músicos son esos que logran dominar el arte de conducir poco a poco a nuestro cerebro para liberar dopamina en un momento determinado mediante el uso de ondas sonoras. Ha caray, pues después de leer esto supongo que aunque yo quisiera, estos párrafos nunca van a poder liberar ni una pizca de dopamina por mi tendencia de reducir lo sublime a un mero trámite sináptico. Bueno, ¡pues ni hablar!

lunes, 10 de enero de 2011

Los bebés, el lenguaje y el cine

Pues finalmente llegaron a su fin las vacaciones y es hora de ponerse a trabajar con gran entusiasmo. Para mi una de los aspectos mas agradables de las vacaciones es el poder ponerme al corriente – o al menos intentar ponerme al corriente- en la cartelera cinematográfica. Ahora en vacaciones salió la tercera parte de la trilogía de películas que comenzó con “La familia de mi novia” con Robert de Niro y Ben Stiller. Para poder gozarla plenamente, pues decidí rentar el DVD de la segunda parte, “La familia de mi esposo”. Un aspecto divertido de esa película es la trama en la que Jack Byrnes (Robert De Niro) se propone educar a su nieto como si fuera un adultito, y prohíbe terminantemente que cualquiera le hable con el tono de voz o las palabras melosas que solemos oír o hacer cuando nos dirigimos a los pequeños infantes.


Bueno, pues todo esto viene al caso porque justamente en el primer número de este año de la revista Cerebral Cortex, Katherine Travis, y sus colaboradores de la Universidad de Califonia en San Diego publicaron un artículo en el que se sugiere que los bebés de entre 12 y 18 meses de edad ya procesan el lenguaje como lo hace los adultos.

Para llegar a esta conclusión los autores utilizaron la técnica de magnetoencefalografía en combinación con imágenes de resonancia magnética estructural. Esto les permitió estimar la distribución espacio-temporal de la actividad cerebral selectiva para palabras en niños entre 12 y 18 meses de edad. La tarea consistió en ponerles a ver imágenes de objetos comunes y a escuchar palabras que entendieran. Un subgrupo de estos infantes también escuchó palabras familiares comparadas con sonidos. En ambos experimentos las palabras evocaron las típicas respuestas cerebrales relacionadas al eventos que ocurren cuando se escuchan palabras, y que aparecen a los 400 milisegundos después de que la palabra comenzó. En los adultos esta actividad llamada N400 es asociada con la codificación léxico-semántica y esta localizada en las cortezas frontotemporales del hemisferio izquierdo. Al igual que en los adultos los autores encontraron que la amplitud de la N400 también esta modulada por la exposición semántica previa, conocida como priming, y es reducida por palabras que son precedidas por un dibujo semanticamente relacionado. Estos hallazgos sugieren que tanto niños como adultos usan las áreas frontotemporales izquieras para codificar informacion lexico-semàntica.



Esto parece sugerir que después de todo existe algo de verdad en las aseveraciones de Robert de Niro en el papel de Jack Byrnes al decir que su nieto en la película entiende mas de lo que parece, sin embargo, como hemos mencionado en otros blogs, la aproximación cariñosa a los infantes trae consigo información de tipo emocional que va mas allá del simple significado semántico de las palabras, por lo que no tenemos porque sentirnos mal al balbucear borucas cuando estamos enfrente de un chiquillo o chiquilla que en realidad parece gozar con nuestras tonterías.