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domingo, 27 de marzo de 2011

Las memorias vívidas o lo que cabe en un flashazo.




El 11 de marzo pasado un poderoso terremoto sacudió a Japón, dejando mas de 10 mil muertos contabilizados a la fecha, y devastado por el subsecuente tsunami, y por el terrible peligro de contaminación radioactiva producto de la afectación de varios reactores nucleares. En lo personal entiendo perfectamente la afectación sufrida por el terremoto, ya que hace poco mas de 25 años sufrimos también un poderoso terremoto en la Ciudad de México. Si me lo preguntan, puedo decir que recuerdo perfectamente el momento del temblor. En esa época estudiaba en la UNAM mi licenciatura, por lo que a la hora que nos sacudió el terremoto, estaba haciéndome el desayuno antes de salir. Recuerdo que estaba preparándome un sándwich cuando repentinamente sentí la sacudida del piso. Tardé solo unos instantes en percatarme de que estaba temblando, e inmediatamente dejé el sándwich sobre la mesa y fui a decirle a mis hermanos que estaba temblando. Obviamente todos lo sabíamos, porque todo el terremoto duró casi dos minutos de sacudida tras sacudida.




Ahora que fue el terremoto de Japón, recordábamos con los colegas nuestras memorias del temblor de la Ciudad de México, y todo mundo parecía tener los recuerdos super claritos y vívidos. Y entonces nos preguntábamos el porqué la memoria nos permitía registrar esos eventos de forma tan nítida, mientras otros recuerdos parecen ser mas opacados por el tiempo.

Y esto, ¿se puede estudiar científicamente?

Esta pregunta se la han hecho varios investigadores que han decidido abordarla experimentalmente. Ahora que, como uno nunca sabe cuando vendrá un evento de tales dimensiones que active los mecanismos para formar este tipo de recuerdos, pues estos laboratorios tienen sus formatos siempre listos para únicamente adecuarlos al evento en cuestión. Por ejemplo, Ulric Neisser y Nicole Harsh aprovecharon el accidente del 28 de Enero de 1986 de la nave Challenger, para aplicar sus cuestionarios. Este evento tuvo una cobertura nacional en vivo en los Estados Unidos, y fue la noticia de toda la semana. Todo mundo se preguntaba, y ¿tu como te enteraste de la explosión del Challenger?. En en la mañana del día siguiente a esta explosión, Neiser y Harsh aplicaron sus cuestionarios a muchos estudiantes, de los cuales 44 pudieron completarlo una segunda vez dos años y medio después.




Por ejemplo, uno de los estudiantes anotó: “When I first heard about the explosion I was sitting in my freshman dorm room with my roommate and we were watching TV. It came on a news flash and we were both totally shocked. I was really upset and I went upstairs to talk to a friend of mine and then I called my parents”. Sin embargo, dos años y medio antes, en la mañana inmediatamente después del accidente el mismo estudiante escribió “I was in my religion classs and some people walked in and started talking about it. I didn´t know any details except that it had exploded and the schooolteacher´s students had all been watching which I thought was so sad. Then after classs I went to my room and watched the TV program talking about it and I got all the details from that”. Después de analizar todas las discrepancias de los 44 sujetos que completaron ambos cuestionarios, Estos autores concluyeron que este tipo de recuerdos vívidos tipo flashbulb pueden estar equivocados, ya que incluso algunos sujetos había olvidado completamente su experiencia original, y por mas que los investigadores les daban claves de su escrito original, no podían recordarlo – aunque seguían teniendo un “recuerdo” vivido que según ellos era verídico. A este fenómeno los autores le llamaron “Phantom Flashbulbs”.




En un estudio mas reciente, Jennifer Talarico y David Rubin, de la Universidad de Duke corroboraron los hallazgos de Neisser y Harsh mediante un estudio realizado después de los atentados a las torres gemelas de Nueva York el 11 de Septiembre del 2001. En ese estudio publicado en Psychological Science en el 2003, encontraron algo sorprendente: los valores de que tan visceral era la emoción del evento correlacionaban con que tan preciso pensaban que era su recuerdo del evento meses después, mas no con que tan precisos o consistentes eran sus recuerdos realmente. Dicho en otras palabras, que tan vivido tienes un recuerdo depende de que tanta emoción tuviste en ese momento, aunque finalmente ese recuerdo puede no tener nada que ver con lo que realmente ocurrió.




O sea que la forma en que recuerdes tus quince años, tu primera declaración, o tu primer choque, no necesariamente concuerdan con la realidad. No importa que tan vívido sea tu recuerdo, mas vale que tengas una foto o un vídeo a la mano para cerciorarte que lo crees haber vivido, haya sido una realidad. Como decía Hacienda hace algunos años... papelito habla!.

lunes, 14 de marzo de 2011

Y ese mono...¿sabrá tus intenciones?

Y hablando de saber que sabe el otro, digo, de cómo sabes si el otro sabe, o si sabes cuales son sus intenciones... En este blog ya hemos hablado algunas ocasiones sobre el problema de la teoría de la mente. Pues ahora Martin Schmelz, Josep Call y Michael Tomasello, del Max Planck Intitute for Evolutionary Anthropology, recién publicaron un artículo en el número de Febrero de este año de los Proceedings of the National Academi of Sciences sobre si los chimpancés son capaces de saber si otro mono ha hecho alguna inferencia. Este tema es super interesante porque hasta ahora nunca se había recabado ninguna evidencia de que alguna otra especie animal, además del ser humano, pudiera realizar este tipo de razonamientos.


Este grupo de investigadores ya había publicado anteriormente una investigación donde sugerían que los chimpancés saben si otros chimpancés tienen cierta información o no, es decir, si sabe lo que otros saben. Por ejemplo demostraron que un chimpancé puede inferir correctamente lo que otro chimpancé hizo momentos antes, no basado en la conducta del otro chimpancé, sino el lo que el otro chimpancé había visto antes. En ese experimento pusieron un chimpancé enfrente de otro, cada uno en su jaulita. En medio de las jaulitas los investigadores pusieron tres cubetas. Entonces los investigadores ponían comida en dos de ellas, y le dejaban al mono “A” coger comida de una de las cubetas. Inmediatamente después el mono “B” podía buscar la comida en cualquiera de las cubetas y, obviamente, como este mono había visto escoger primero al mono “A”, pues iba y escogía de la cubeta que no había escogido “A”.


En el segundo experimento que era el crítico, los investigadores ponían comida en una cubeta mientras ambos monos miraban. Luego tapaban la puerta de “A” para que ese mono no mirara, y entonces ponían comida en una segunda cubeta mientras “B” miraba que como la ponían, además de mirar la puerta de “A” tapada. Ahora, los resultados aqui son los interesantes: Si “B” escogía antes de “A”, entonces “B” escogía el mismo número de veces cualquiera de las dos cubetas. Pero si “A” escogía la comida primero (mientras “B” tenia su propia puerta tapada para que no viera de que cubeta escogía “A”) entonces “B” tendía a escoger la cubeta en la cual se había puesto la comida cuando “A” tenia tapada su puerta. Como mencioné arriba, los investigadores concluyeron que “B” infería que como “A” solo había visto que se ponía comida en la primera cubeta, entonces “B” seguramente escogería esa cubeta en la que “A” no había visto que se pusiera comida. Eso implicaría que “B” pensaba sobre las intenciones de “A” y basado en ese pensamiento, “B” guiaba su conducta hacia la cubeta donde solo “B” había visto que se ponía comida.

Descubriendo si los chimpancés hacen inferencias sobre lo que piensan otros chimpancés.

Ahora, en su publicación mas reciente los investigadores hacen una nueva variación. Cuando se pone un cacahuate debajo de una tablita en una mesa, pues la tablita queda inclinada por la presencia del cacahuate. En cambio si no hay cacahuate, pues la tabla esta plana sobre la mesa. Los investigadores ya habían encontrado que los monos aprenden que si la tabla esta inclinada, pueden encontrar un cacahuate ahí, pero si esta plana, pues no hay nada. En su nuevo estudio, los investigadores usan esta estrategia para analizar si los monos suponen que los otros monos también aprende que si la tablita está inclinada, posiblemente haya comida debajo. Para este experimento los investigadores volvieron a poner a los chimpancés uno enfrente del otro, mientras que entre ambas jaulas dejaron el espacio para poner las tablitas. Entonces en este experimento el mono “B” miraba mientras se ponía comida debajo de una tablita que quedaba inclinada. Además también miraba mientras se ponía comida debajo de otra tablita, pero que tenía un agujerito en el que cabía la comida, pero que hacia que la tabla quedara plana sobre la mesa. Mientras tanto, el mono “A” que estaba enfrente, tenía todo el tiempo su puerta tapada para que no viera el proceso de colocar las recomienzas. Después de esto, se le tapaba la vista al mono “B” y se le dejaba escoger primero al mono “A”.

¿Que encontraron?

Los investigadores razonaron que la respuesta de “B” sería guiada por lo que “B” pensaba que serían las acciones de “A”. Si “B” no pensaba en lo que haría “A”, entonces escogería indistintamente la tablita inclinada o la plana. Pero si “B” pensaba que “A” sabía que debajo de las tablitas inclinadas suele haber comida, entonces “B” intentaría ir por la comida escondida en el agujero de la tablita plana. Pues lo que los investigadores encontraron es que cuando “B” escogía después de “A”, en efecto, “B” bajaba su número de respuestas hacia la tabla inclinada y se iba a escoger la tabla plana, donde solo “B” sabía que había comida. Hay que recordar que “B” nunca veía que tabla había escogido “A”.


Los autores discuten al final que si definimos “pensar” como el ir mas haya de la información dada por la mera percepción para hacer inferencias, entonces sus experimentos sugieren que los chimpancés también lo pueden hacer. Sería interesante pensar sobre cuantas veces y en que situaciones nosotros hacemos este tipo de inferencias, que, de un modo muy básico, los chimpancés también pueden hacer.

lunes, 7 de marzo de 2011

La ciencia, el presunto culpable y el testimonio de los testigos.

Recién vi la película documental “Presunto Culpable”. Es una película bien interesante que me dejó pensando muchas cosas. Bueno, y para variar, pues como soy científico inmediatamente me puse a pensar si la ciencia podría contribuir en algo para ayudar a mejorar el Sistema Judicial Mexicano que es puesto en clara evidencia en este documental.




De acuerdo al documental parece ser que una de las evidencias con mayor peso es la declaración del testigo del asesinato, quién dice reconocer al presunto culpable como parte de la banda que participó en el asesinato de su primo. El uso de ese testimonio no es nuevo ni exclusivo de México, ya que en otros sistemas judiciales como el de Estados Unidos y Canadá el uso de la identificación por testigos presenciales (o eyewitness, como les llaman en inglés) también tiene un peso importante en los juicios. En estos paises se han desarrollado diferentes investigaciones las cuales fueron revisadas por Gary L.Wells y Elizabeth A. Olson, y publicadas bajo el título de “Eyewitness Testimony” en el Annual Review of Psychology, en el 2003.

¿Como funciona eso de los testigos?

Desconozco como funciona a fondo el sistema por el cual el testigo reconoce al sospechoso en el sistema Mexicano. Sin embargo, por lo que se puede intuir del documental, los agentes judiciales le presentan al testigo al presunto culpable para que lo reconozca o lo desconozca en su caso. Si el testigo lo reconoce, pues ya estuvo. Esto quiere decir que un aspecto fundamental del proceso se basa en la memoria de reconocimiento del testigo.

En el sistema de Estados Unidos parece ser que al testigo se le presenta un “lineup” de sujetos. Esto es, se le pone al testigo una fila de sujetos entre los cuales se encuentra el sospechoso para ver si lo identifica como el culpable del crimen. Una característica de esta fila es que los sujetos que se encuentran en ella, no son sospechosos, claro a excepción del sujeto que se cree participó en el crimen. De esta forma, si se identifica a uno de los sujetos que están de relleno, se sabe de antemano que no es culpable. Una fila simultanea es en la que todos los miembros de la fila son presentados simultáneamente. Sin embargo, también se puede poner una fila en la que las personas desfilan una tras otra ante el testigo. Otra característica de estas filas es el número de participantes que pudieran ser realmente reconocidos. A esto se le llama el “tamaño funcional” de la fila. Por ejemplo, si el testigo dice que el culpable era un hombre de pelo negro, y todos los de la fila son mujeres rubias excepto el culpable, pues entonces el “tamaño funcional” de la fila sería de 1, aunque hubiera otras nueve personas en ella. La definición operativa de “tamaño funcional” es el número de sujetos de la fila que cumplen con la descripción del testigo acerca del culpable.



Para estudiar este asunto del tamaño funcional en las filas, se hacen ensayos con testigos simulados. En este tipo de estudios se usan sujetos que no presenciaron el crimen, pero a los que se les pide seleccionen de la fila a una persona basados en la descripción verbal que dio el testigo sobre el culpable. Si el testigo simulado reconoce a varias personas de la fila, entonces es una buena fila, ya que se escogieron participantes inocentes que pudieran compartir características con el sospechoso. De esa manera el testigo real tendría que esforzarse para identificar al sospechoso y no solamente basarse en características generales.

Entre las variables que afectan la precisión de la identificación por parte del testigo se encuentran las instrucciones que se le dan al testigo antes de ver la fila, así como el tamaño funcional de la fila. Otras variables incluyen también las condiciones en las que se presenta la fila, como las condiciones de luz, o bien si el sospechoso es de la misma raza que el testigo; esto porque se sabe que somos mejores identificando rostros de nuestra misma raza. Por ejemplo, de un primer vistazo nos sería muy difícil reconocer a individuos con rasgos asiáticos si pocas veces los hemos frecuentado. Este efecto es conocido como “other-race effect” o “el efecto de la raza distinta” en la investigación de reconocimiento de rostros.



¿Y la ciencia forense apá?

Claro que en México el problema va mas allá de la metodología que se usa, ya que aunque pudiéramos desarrollar un sistema muy bueno para ayudar a la correcta identificación de un sujeto que participó en un crimen, pues si el juez no valora la evidencia, de nada sirve tanta ciencia forense. Esto parecería que es el caso en el documental, ya que al parecer el Juez no consideró importante el dato en el documental de que la prueba de Harrison y Gilroy había sugerido que el presunto culpable no había disparado un arma, o de que no se encontró el arma asesina, o de que incluso el testigo ni siquiera pudiera dar una descripción del detenido al que acusaba como haber disparado el arma.



Solo para terminar, cabe recalcar que durante el “juicio” exhibido en el documental también participan los agentes judiciales, la representante del ministerio público, el juez, el testigo y el sospechoso. Me sorprendió ver como el careo es una persona frente a la otra preguntándose y respondiéndose acusaciones. ¿Que no habrá una forma donde se pudiera evaluar si alguno de ellos está mintiendo?, pero bueno, eso lo dejaré para otro post...