lunes, 13 de septiembre de 2010

La ceguera nuestra de cada día parte 3. O de porqué la realidad no es como nuestra conciencia nos la pinta.

En las dos primeras partes de este tema intenté mostrar fenómenos en los que se demuestra que fácil es engañar a nuestra conciencia debido a la limitada capacidad de nuestra atención/ percepción/ memoria de trabajo. Si has seguido los dos blogs anteriores sabrás que un alto porcentaje de individuos no pudieron ver (y aquí sigue un spoiler, por lo que te recomiendo leas los otros dos blogs primero si no quieres que te eche a perder la sorpresa) los estímulos que incluían al gorila en la parte uno (o los otros cambios que también mostraban en el video) o no pudieron ver la desaparición de la coca-cola o de la gárgola en la casa de H.R. Giger.

¿Se puede engañar aun más?

Bueno, pues en esas dos entregas el engaño de la conciencia fue más bien pasivo, ya que en realidad el sujeto que las veía no tenía que hacer nada más que únicamente ver los estímulos visuales. En esta tercera y última entrega de este tema te voy a describir lo que a mí me parece aún más increíble, ya que en este fenómeno nuestra conciencia es engañada ¡incluso en nuestras propias decisiones!

La ceguera de elección

Todo comenzó con un artículo que publicaron Petter Johansson, Lars Hall y Sverker Sikström de Ciencias Cognoscitivas de Universidad de Lund, Suecia, junto con Andreas Olsson del Departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York. Este artículo que se publicó en la revista Science en el 2005 demostró que es posible que no detectemos incongruencias entre una intención específica y el resultado que obtenemos de dicha elección en una simple prueba de decisión, fenómeno al que los autores llamaron “choice blindness” o algo así como “Ceguera de elección”.

¿Como lo hicieron?

Para ir al grano te voy a platicar el experimento. Los investigadores les mostraban a los voluntarios un par de fotos que estaban montadas en cartones del tamaño de una carta de baraja. Las fotos eran de rostros de mujeres comunes y corrientes. Lo que se les pedía era que escogieran cual de las caras les parecía más atractiva en cada par. En algunos ensayos se les preguntaba inmediatamente después de su elección que dijeran verbalmente la razón de porque habían hecho esa elección. Ahora viene lo interesante: sin que los participantes se dieran cuenta, en algunos de los ensayos se hacía un truco utilizando dobles cartas con las cuales el investigador cambiaban una carta por otra. Por ejemplo, si el voluntario escogía la cara de la izquierda como la más atractiva, entonces el investigador ponía las dos cartas boca abajo y le acercaba al voluntario el cartón de la izquierda (el lado escogido). Entonces el voluntario levantaba el cartón y veía la cara para comenzar a explicar porque la había escogido. Claro que con el truco de las cartas, la carta que levantaba no tenía la cara que había escogido, sino que tenía la otra cara. Bueno pues los investigadores encontraron que en general los voluntarios únicamente detectaron un 13% de las veces el truco mientras se les aplicaba el experimento. Es decir, ¡los sujetos no detectaron un 87% de las veces que el investigador les daba a analizar la cara que no habían escogido!


Secuencia que muestra como los investigadores engañaban a los voluntarios con un truco de cartas.


Ok, hasta aquí podemos decir que los voluntarios no se daban cuenta la mayoría de las veces de que el investigador les había cambiado su elección. Sin embargo uno podría pensar que al solicitarles que describieran el porqué de su elección tal vez entonces, al confrontar explícitamente sus preferencias, se darían cuenta. Pues resulta que no. En lugar de eso los voluntarios daban explicaciones que iban desde adecuar sus comentarios al rostro con el que eran confrontados como su supuesta elección, hasta mencionar rasgos del otro rostro que obviamente no pertenecían al que estaban viendo, y sin embargo aún así no se daban cuenta.

Es por esto que los investigadores concluyeron que al evaluar que tan atractiva era una cara, los participantes no se daban cuenta que les cambiaban su elección, aún y cuando el cambio algunas veces era radical, sentando las bases para el fenómeno de “ceguera de elección”. Es decir, al parecer los voluntarios decidían basados en ciertos factores que cara les gustaba más. Pero una vez tomada la decisión, al ser confrontados con la otra cara, parecían estar “ciegos” a esos factores y más bien intentaban justificar la elección de la cara truqueada sin darse cuenta del engaño, como si su mente se tratara de justificar.

¿Esto solamente sucede con los rostros?

 
Bueno, como este blog se está alargando demasiado, solo voy a terminar comentando que los autores recientemente han demostrado que este es un fenómeno robusto que va mas allá de la categoría perceptual de rostros. En Julio de este año en la revista Cognition aparece su más reciente demostración de la ceguera de elección. Estos autores se fueron a un supermercado y pusieron un stand de té y otro de mermeladas. Allí les daban a los clientes a oler varios pares de tipos de té, o bien a probar varios pares de tipos de mermeladas. Por ejemplo, les daban a oler entre dos tipos de té (caramelo cremoso vs. canela) y les pedían que decidieran cual era el de su preferencia. Una vez que elegían les volvían a dar a oler el de su elección para que dijeran las razones por las cuales lo habían elegido. Como supondrás, en ciertos ensayos los investigadores aplicaban un truco y les daban a oler el no-elegido sin que los clientes se percataran del cambio. Pues los investigadores encontraron que utilizando pares de té como pastel de manzana vs miel, caramelo cremoso vs. canela, y anís vs. mango los clientes no detectaron el cambio alrededor de un 66% de las veces. Lo mismo paso con los pares de mermelada que incluían pares de mermelada tan disparejas como manzana-canela vs. toronja. Y claro, luego las gentes que no detectaban el cambio ofrecían grandes explicaciones de porque habían escogido la toronja en lugar de la manzana-canela, tratando de justificar la elección que en realidad nunca hicieron.


Secuencia que muestra como engañaban a los clientes con un bote de mermelada de dos fondos, cada uno con un sabor diferente.

 
¿No es increíble? Caray, cuantas veces actuamos y tomamos decisiones quesque muy concienzudamente. Claro esas decisiones después tienen un resultado. Lo que sugiere este fenómeno es que una vez que llega el resultado de nuestra elección –cualquiera que este sea- tratamos de justificarlo tal vez sin siquiera acordarnos de los factores en los que nos basamos para tomarlos. Bueno pues para terminar diré, únicamente para el beneficio de nuestra sanidad mental, que generalmente la naturaleza es más estable, y generalmente no hay un investigador que nos esté trucando lo que, queremos pensar, es nuestra realidad.

2 comentarios:

  1. Hola Juan,
    Me interesan mucho la neurociencia, sabes en dónde puedo estudiar en México, o alguna maestría online? Me gusta lo que escribes, saludos

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  2. Hola. Gracias por tu comentario. Sabes, en México hay varios posgrados en el campo de las Neurociencias. Pero yo te aconsejaría que buscaras un investigador que trabajara en un campo que te guste y le preguntaras en que posgrados está incorporado.

    Saludos

    - jfr

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