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sábado, 28 de abril de 2012

Y Me Quede Como El Chinito…


Cada vez que interactuamos con alguien, aparte de la comunicación verbal, estamos utilizando nuestro lenguaje corporal y mayormente nuestras expresiones faciales para enviar mensajes codificados acerca de cómo nos sentimos con respecto a nuestro ambiente en cada momento. Digamos, como cuando estas en un parque y un chiquillo te tira sus jícamas con chile en tus zapatos nuevos haciéndote enojar,  pero justo en ese momento aparece una hermosa mujer diciéndote que lo siente, con lo que dejas tu enojo a un lado y tratas de hacerte el interesante diciéndole a su hermanito que no importa y haciendo tu cara de buena gente…  hasta que aparece un tipo que resulta es el marido y trae una cara como de chango al darse cuenta de tus malas intenciones. Entonces te das cuenta que la chava no era la hermana del niño y no te queda mas que salir huyendo por tu propia seguridad.


Investigadores en el área sostienen que la comunicación verbal entre individuos únicamente representa menos del 25% del total de información que intercambiamos cuando interactuamos en sociedad, lo que quiere decir que nos comunicamos mas con nuestro lenguaje corporal que con palabras.


Desde los tiempos de Darwin se ha debatido acerca de si nuestras expresiones faciales básicas son universales, es decir si las expresiones faciales son las mismas aquí y en China.  Paul  Ekman, quien ha dedicado su vida a estudiar las expresiones faciales, postula que si existen seis emociones faciales universales, que son Felicidad, Sorpresa, Miedo, Asco, Ira y Tristeza, por lo que en teoría podías estar seguro que aquí o en china podrías saber si tenias que correr cuando le vieras la cara al marido de la hermosa mujer en el parque. Todo esto puede sonar muy lógico ya que al menos en mi caso nunca he tenido problemas para saber si tengo que correr o no cuando veo un rostro enojado. Sin embargo, parece ser que en realidad esta universalidad no es tan universal. Rachel E. Jack y un grupo de investigadores de la universidades de Glasgow y Fribourg acaban de publicar en el PNAS de este mes un artículo titulado “Facial expressions of emotion are not culturally universal” o en mexicano “Las expresiones faciales emotivas no son culturalmente universales”, donde sugieren que individuos de una cultura no necesariamente podrán identificar las expresiones emotivas de otra cultura por muy raro que esto nos pueda parecer.

¿Como lo hicieron?

Primero reclutaron 30 sujetos de alrededor de 22 años y los dividieron en dos grupos 15 caucásicos europeos y 15 asiáticos chinos, siendo la mitad de cada grupo mujeres. Se evaluó mediante un cuestionario que los sujetos seleccionados tuvieran muy poco conocimiento de la otra cultura. Antes del experimento estabilizaron la familiaridad con las categorías de emoción preguntándole a los sujetos sinónimos y descripciones de cada emoción. Posteriormente les mostraron a los sujetos 4,800 rostros que incluían las 6 emociones básicas con cinco niveles de intensidades y distribuidas equitativamente en ambas razas (utilizando imágenes hechas por computadora que parecían reales), y midieron el tiempo en que cada sujeto se tardaba en contestar que emoción estaba observando.

Finalmente y después de un exhaustivo (pero tedioso) análisis, estos investigadores encontraron que los sujetos occidentales identificaban muy bien las emociones presentadas, mientras que los orientales tenían dificultades en cuatro de las seis emociones universales. También comentan que los rasgos a los que los orientales ponían mas atención son los ojos y la boca, reflejando la cultura popular de los emoticonos donde (^.^) es feliz y (>.<) es enojado, dejando de lado otros movimientos faciales que en occidente utilizamos para distinguir entre emociones. Con estos datos, los investigadores proponen que la percepción de las expresiones faciales en cada observador esta modulada por su entorno social.


 Tomando esto en cuenta la próxima vez que vaya a dar un paseo por la china y en el parque un chinito me tire sus fideos en los zapatos y su mamá aparezca con un rostro de “lo siento”, mejor voy a decir “zao shang Hao” o buenos días, y me largo, para no esperar a que aparezca el marido, ya que por lo que dicen estos investigadores lo mas seguro es que en ese entorno yo no sea capaz de saber si el marido esta enojado y me vaya a terminar sacando a golpes de karate!.


Entrada colaborada por: Carlos Hernández Castillo. Doctorado en Neuroetología. Universidad Veracruzana.

domingo, 30 de octubre de 2011

Entre zombies y las noticias


Ahora que se aproxima la celebración del dia de muertos en nuestros rumbos y la de halloween en nuestros vecinos del norte, también es la época donde suelen estrenarse películas de terror. Debo de reconocer que soy fan de ese genero, ya que desde pequeño nos poníamos a ver en la tele la famosa Hora Macabra. A diferencia de esa época, ahora hay muchos tipos de terror, desde el asesino que planea sus terribles actos sanguinarios con absoluta precisión, hasta los sucesos paranormales capturados en vídeo por cámaras de vigilancia, pasando por las películas de zombies, que para mi son las mas divertidas.




El punto es que no deja de ser interesante que consumamos ese tipo de información. Desde el punto de vista científico se podría decir que pagamos para estimular nuestro sistema involucrado en el procesamiento del miedo, cuya estructura central es un grupo de neuronas conocido como la amígdala (que no son las amígdalas que en mis tiempos eran comúnmente extirpadas ante la mas mínima gripa!). Esta estructura es tan importante en este sistema que un grupo de investigadores se dieron a la tarea de investigar que pasaría si se nos dañara esta estructura. Justin Feinstein, Ralph Adolphs, Antonio Damasio y Daniel Tranel de la Universidad de Iowa, del Instituto Tecnológico de California y de la Universidad del Sur de California, publicaron en Current Biology en enero de este año el artículo titulado “The human amygdala and the induction and experience of fear”, que es algo como “La amigdala humana y la inducción y experiencia del miedo”.

¿Que hicieron?

En este artículo los autores investigaron a una paciente, a la que identifican como “SM” que tiene una lesión bilateral en la amígdala. Básicamente los autores expusieron a SM a diferentes situaciones que provocarían miedo en la mayoría de la población. Por ejemplo la expusieron a serpientes y arañas vivas, la llevaron a un tour por una casa embrujada, e incluso la pusieron a ver películas de terror. Sin embargo, al parecer SM nunca reportó miedo. Aunque uno podría decir que tal vez no reportó miedo porque podría ser que los estímulos no fueran lo suficientemente tenebrosos (como por ejemplo el tour de la casa encantada pudiera haber sido el equivalente al de una feria de pueblo), ella también reportó ausencia de miedo en situaciones de su vida privada que incluían por ejemplo un asalto a mano armada.

¿Ha que conclusión llegaron?

Esto les sugirió a los autores que al parecer, esta mujer no sentía miedo, pero, ¿podría ser que no tuviera ninguna emoción?. Al parecer este no era el caso, ya que ella si reportó una amplia gama de emociones ante diferentes estímulos, como alegría o tristeza al ver películas relacionadas a esos temas.



Bueno, pues esto parece confirmar una larga historia de investigaciones relacionadas al estudio de los mecanismos neuronales involucrados en generar un estado de miedo que colocan a la amígdala en un punto central. Ahora ya nos debe de quedar claro que cuando vamos al cine a ver una buena película de terror, realmente estamos pagando para estimular esa amígdala. Claro que para como están las cosas ya solo basta con poner las noticias en la noche para tener una buena recarga emocional en ese pequeño núcleo neuronal. Ahora tendríamos que investigar cuanto tarda en habituarse, porque desafortunadamente poco a poco vamos necesitando mas violencia para que nos funcione esa amígdala. Pero en fin, mejor me voy poniendo las vendas y el ojo postizo, no vaya a ser que mi disfraz quede tan chafa que en vez de dulces me suelten unos plomazos, y la verdad, prefiero no salir en las noticias...
 

domingo, 31 de julio de 2011

El poder del pensamiento

Hace algunos años durante una vacación vimos escritas en un carrito de helados unas frases que realmente me llamaron la atención y me hicieron reflexionar:

Watch your thoughts, they become words.
Watch your words, they become actions.
Watch your actions, they become habits.
Watch your habits, they become your character.
Watch your character, it becomes your destiny

Que son algo así como “Cuida tus pensamientos, porque se convierten en palabras, cuida tus palabras porque se convierten en acciones, cuida tus acciones porque se convierten en hábitos, cuida tus hábitos porque se convierten en tu carácter, cuida tu carácter porque se convierte en tu destino”.


 
Y esto, ¿que tiene que ver con la ciencia?

¿Que tan ciertas serán esas aseveraciones?. En mi opinión tienen mucho de verdad, ya que en mi experiencia personal siempre que me esfuerzo en pensar positivamente logró mas y mejores acciones que cuando caigo en un rollo de pensamientos negativos. Bueno, pues un grupo de investigadores de las universidades de Duke y de la Universidad de California de Riverside (Kristin Layous, Joseph Chancellor, Sonja Lyubomirsky, Lihong Wang, y P. Murali Doraiswamy), acaban de publicar en el Journal of Alternative and Complementay Medicine el articulo titulado “Delivering Happiness: Translating Positive Psychology Intervention Research for Treating Major and Minor Depressive Disorders” que trata sobre el efecto de lo que llaman “Positive Activity Interventions” (intervención de acciones positivas) para tratar desórdenes depresivos menores y mayores.

¿Que hicieron?

En este artículo los autores nos recuerdan que no todos los pacientes con depresión mejoran con los medicamentos (un treinta por ciento de ellos siguen manifestando depresión) y que además no todos los pacientes tienen acceso a un tratamiento farmacológico. Es por esto que es importante también buscar alternativas no farmacológicas que ayuden a mejorar la calidad de vida de estas personas. Bueno, pues en esta revisión los autores analizan el efecto de los pensamientos y acciones positivas no solo en la gente sana, sino especialmente en pacientes depresivos.

¿A que se refieren exactamente estos autores con acciones positivas?

Bueno según los autores estas actividades positivas involucran desde simples pensamientos, como el reflexionar sobre las cosas buenas que tenemos en la vida o meditar sobre nuestra buena vibra hacia otras personas, hasta hacer actos de bondad de forma voluntaria para ayudar a nuestros semejantes.



Es bien sabido que este tipo de pensamientos y acciones positivas producen un bienestar real sobre aquellas personas que las practican, pero en esta revisión los autores señalan que existen estudios controlados donde se ha demostrado estadísticamente que estas intervenciones si mejoran el bienestar y reducen los síntomas depresivos en pacientes. Por ejemplo, los autores citan un estudio donde se les pedía a cuatrocientos once pacientes con depresión leve que se involucraran por una semana en actividades que involucraban el practicar la gratitud, los pensamientos positivos y la revisión de sus fortalezas como individuos. Los investigadores encontraron una mejoría significativa en los pacientes. Dos de las actividades fueron especialmente benéficas: el escribir tres cosas buenas en su vida, y el usar alguna de sus fortalezas de una forma novedosa. Estas dos actividades impactaron sobre los índices depresivos hasta por seis meses después del tratamiento.

Aunque pudiera ser temprano para hacer una evaluación del impacto a largo plazo de estas intervenciones, ya que la ciencia de la psicología positiva apenas llevará una década de reconocimiento, creo que estos resultados son muy esperanzadores. Falta ver mas estudios sobre el impacto de este tipo de aproximaciones no solo en la clínica psiquiátrica, sino en otras esferas como la educativa (donde ya comienzan a aparecer investigaciones bien interesantes) o la organizacional.

Finalmente no me queda mas que reflexionar que, resumiendo la filosofía del carrito de paletas, tengo que cuidar lo que pienso, porque de ahí nace mi destino.


martes, 31 de mayo de 2011

De los chismes y la notoriedad, o de cómo hacer el bien y pasar desapercibido.

¿Alguna vez te ha tocado que por angas o por mangas te llegue un chisme desagradable sobre alguna persona?.. sí, ya sabes... por ejemplo que fulanita se reestiró la cara, o que a menganito se lo cacharon en una movida, o que a sutanito lo despidieron de la chamba por revoltoso. Y, ¿te has dado cuenta que luego si te toca encontrarte a esa gente en algún lugar, como en un restaurante, luego luego andas buscando ver al susodicho protagonista del chisme?. Bueno, pues recientemente este fenómeno ya cayó en las garras de los científicos que intentan explicarlo. Eric Anderson, Erika Siegel, Eliza Bliss-Moreau y Lisa Feldman Barret de las universidades Northeastern University, University of California y Harvard Medical School, publicaron en Mayo de este año en Science un artículo titulado “The visual impact of gossip”, o algo así como “El impacto visual del chisme”.


Estos autores hicieron un experimento bien interesante para identificar si el conocer un chisme sobre una persona afectaba la forma en que se procesaba su rostro cuando alguíen lo veía. Los investigadores utilizaron fotografías de muchos rostros diferentes a los cuales pareaban con frases específicas. Habían tres tipos de frases, unas neutras, otras positivas y otras negativas. Por ejemplo, una frase neutra era “paso junto a un hombre en la calle”, una positiva era “ayudó a una anciana con sus compras”, y una negativa era “le aventó una silla a un compañero de clase”.

¿Cómo le hicieron?

Para saber el efecto de estos “chismes” sobre el procesamiento de los rostros, los investigadores utilizaron una técnica super original. Esta técnica se basa en un fenómeno que se llama rivalidad binocular, el cual consiste en que si te presentan dos imágenes simultáneamente, una en cada ojo, solamente puedes ver una de ellas a la vez. Es decir, si con unos lentes especiales de esos que son como miniproyectores te ponen una imagen diferente en cada ojo, entonces solamente puedes ver conscientemente una de esas imágenes a la vez. Bueno pues estos científicos pusieron una imagen de alguna casa, vs. una imagen de uno de los rostros asociados a un chisme. Luego presentaban estas imágenes simultáneamente y median cuanto tiempo pasaban los sujetos percibiendo los rostros contra el tiempo que pasaban percibiendo las casas. La suposición era que si los chismes afectaban el procesamiento de algún rostro en específico, entonces éste le ganaría mas tiempo de "consciencia" a la foto de la casa. Mientras que si no afectaba, entonces todos los rostros mostrarían mas o menos el mismo tiempo de "consciencia" contra las fotos de los lugares.


 
Cuando los investigadores midieron los tiempos de percepción de los rostros asociados a diferentes tipos de chismes encontraron que en efecto, la gente percibía significativamente más tiempo a los rostros asociados a los chismes negativos, que a los rostros asociados con chismes neutros o incluso con los chismes positivos. Esto les sugirió a estos científicos que el escuchar chismes es una forma de aprendizaje social que realmente afecta el modo de procesar estímulos visuales, incluyendo a los rostros de otras personas.


¿Y eso aplica a nuestra vida cotidiana?

Bueno, pues esto explica en cierta medida el afán de ciertas personas, incluyendo especialmente a gente del medio artístico, a hacer tarugadas que llamen la atención, aunque claro, no necesariamente lo hacen con ese fin, como Arnold que dominó las noticias recientemente y no necesariamente por sus películas. Desafortunadamente el artículo también demuestra que los chismes “positivos” realmente no tienen gran efecto, aunque claro, si lo que te importa es hacer el bien por el bien mismo, pues enhorabuena, no tienes que andar preocupándote por esconderte cuando hagas la acción bondadosa, ya que ni quién se de cuenta!.


viernes, 15 de abril de 2011

¿Te cortaron? Uff...¡eso duele!

¿Alguna vez te han dado un cortón gacho, de esos en los que tu estás super clavado y ni la ves venir? Y pacatelas te salen con el típico no eres tu... soy yo. Aunque he tenido la fortuna de no padecer semejante calvario, pues si he visto a uno que otro cuate que queda desecho con esa experiencia. Típico que ya con unas copas de mas confiesa que el cortón le duele cañón.


 
El punto aquí es, ese “dolor” ¿es un dolor físico?, es decir, ¿realmente les duele, duele, como duele por ejemplo cuando uno recibe un golpe, o tal vez como cuando uno se quema con una taza de café muy caliente?. Bueno pues unos investigadores se dieron a la tarea de explorar si ambos tipos de “dolor” compartían los mismos sustratos neuronales. Vaya, si las mismas partes del cerebro se encargaban de procesar y producir ambos tipos de “dolores”. Ethan Kross, Mark Berman, Walter Mischel, Edward Smith y Tor Wager de las Universidades de Michigan, Columbia y Colorado, publicaron en el Proceedings of the National Academy of Sciences el artículo titulado: “Social rejection shares somatosensory representation with physical pain”, o algo así como “El rechazo social comparte representaciones somatosensoriales con el dolor físico”.

¿Como lo exploraron?

Estos investigadores hicieron un experimento bien interesante. Reclutaron a voluntarios que hubieran sido recientemente cortados de una relación romántica, haciendo énfasis en que ellos hubieran sido los cortados y no que ellos hubieran decidido terminar la relación. Durante el experimento les mostraron fotos de sus ex-parejas y les pidieron que pensaran específicamente acerca de la experiencia del rompimiento, mientras los investigadores obtenían imágenes cerebrales funcionales mediante resonancia magnética. Como control, también les mostraron imágenes de amigos mientras pensaban en alguna experiencia positiva que hubieran compartido con ellos. Para comparar estos datos con el dolor físico, los voluntarios también fueron sometidos a un estímulo térmico doloroso, y a un estímulo térmico no doloroso como control.

¿Bueno y que... duele o no duele?

Áreas de activación del dolor físico real y del emocional después de ser cortado en una relación.

Pues los investigadores encontraron que las áreas sensoriales que se activan en condiciones de dolor fisco también se activan cuando los voluntarios recuerdan el momento del rompimiento con su ex-pareja. Las áreas que se ha demostrado están involucradas en estos procesamientos son la corteza somatosensorial secundaria y la corteza posterior dorsal de la ínsula, siendo ambas activadas tanto durante el dolor físico como el emocional. Los investigadores concluyeron que los sujetos no solamente reportaban ambos tipos de experiencias como dolorosas, sino que ambas experiencias compartían la misma representación en el cerebro.


Cómo ves... ¿duele o no?

domingo, 27 de marzo de 2011

Las memorias vívidas o lo que cabe en un flashazo.




El 11 de marzo pasado un poderoso terremoto sacudió a Japón, dejando mas de 10 mil muertos contabilizados a la fecha, y devastado por el subsecuente tsunami, y por el terrible peligro de contaminación radioactiva producto de la afectación de varios reactores nucleares. En lo personal entiendo perfectamente la afectación sufrida por el terremoto, ya que hace poco mas de 25 años sufrimos también un poderoso terremoto en la Ciudad de México. Si me lo preguntan, puedo decir que recuerdo perfectamente el momento del temblor. En esa época estudiaba en la UNAM mi licenciatura, por lo que a la hora que nos sacudió el terremoto, estaba haciéndome el desayuno antes de salir. Recuerdo que estaba preparándome un sándwich cuando repentinamente sentí la sacudida del piso. Tardé solo unos instantes en percatarme de que estaba temblando, e inmediatamente dejé el sándwich sobre la mesa y fui a decirle a mis hermanos que estaba temblando. Obviamente todos lo sabíamos, porque todo el terremoto duró casi dos minutos de sacudida tras sacudida.




Ahora que fue el terremoto de Japón, recordábamos con los colegas nuestras memorias del temblor de la Ciudad de México, y todo mundo parecía tener los recuerdos super claritos y vívidos. Y entonces nos preguntábamos el porqué la memoria nos permitía registrar esos eventos de forma tan nítida, mientras otros recuerdos parecen ser mas opacados por el tiempo.

Y esto, ¿se puede estudiar científicamente?

Esta pregunta se la han hecho varios investigadores que han decidido abordarla experimentalmente. Ahora que, como uno nunca sabe cuando vendrá un evento de tales dimensiones que active los mecanismos para formar este tipo de recuerdos, pues estos laboratorios tienen sus formatos siempre listos para únicamente adecuarlos al evento en cuestión. Por ejemplo, Ulric Neisser y Nicole Harsh aprovecharon el accidente del 28 de Enero de 1986 de la nave Challenger, para aplicar sus cuestionarios. Este evento tuvo una cobertura nacional en vivo en los Estados Unidos, y fue la noticia de toda la semana. Todo mundo se preguntaba, y ¿tu como te enteraste de la explosión del Challenger?. En en la mañana del día siguiente a esta explosión, Neiser y Harsh aplicaron sus cuestionarios a muchos estudiantes, de los cuales 44 pudieron completarlo una segunda vez dos años y medio después.




Por ejemplo, uno de los estudiantes anotó: “When I first heard about the explosion I was sitting in my freshman dorm room with my roommate and we were watching TV. It came on a news flash and we were both totally shocked. I was really upset and I went upstairs to talk to a friend of mine and then I called my parents”. Sin embargo, dos años y medio antes, en la mañana inmediatamente después del accidente el mismo estudiante escribió “I was in my religion classs and some people walked in and started talking about it. I didn´t know any details except that it had exploded and the schooolteacher´s students had all been watching which I thought was so sad. Then after classs I went to my room and watched the TV program talking about it and I got all the details from that”. Después de analizar todas las discrepancias de los 44 sujetos que completaron ambos cuestionarios, Estos autores concluyeron que este tipo de recuerdos vívidos tipo flashbulb pueden estar equivocados, ya que incluso algunos sujetos había olvidado completamente su experiencia original, y por mas que los investigadores les daban claves de su escrito original, no podían recordarlo – aunque seguían teniendo un “recuerdo” vivido que según ellos era verídico. A este fenómeno los autores le llamaron “Phantom Flashbulbs”.




En un estudio mas reciente, Jennifer Talarico y David Rubin, de la Universidad de Duke corroboraron los hallazgos de Neisser y Harsh mediante un estudio realizado después de los atentados a las torres gemelas de Nueva York el 11 de Septiembre del 2001. En ese estudio publicado en Psychological Science en el 2003, encontraron algo sorprendente: los valores de que tan visceral era la emoción del evento correlacionaban con que tan preciso pensaban que era su recuerdo del evento meses después, mas no con que tan precisos o consistentes eran sus recuerdos realmente. Dicho en otras palabras, que tan vivido tienes un recuerdo depende de que tanta emoción tuviste en ese momento, aunque finalmente ese recuerdo puede no tener nada que ver con lo que realmente ocurrió.




O sea que la forma en que recuerdes tus quince años, tu primera declaración, o tu primer choque, no necesariamente concuerdan con la realidad. No importa que tan vívido sea tu recuerdo, mas vale que tengas una foto o un vídeo a la mano para cerciorarte que lo crees haber vivido, haya sido una realidad. Como decía Hacienda hace algunos años... papelito habla!.

lunes, 14 de febrero de 2011

Amor y Dolor... una historia neuronal.

Ahora que estamos en el famoso 14 de Febrero, día de San Valentín, pues no queda mas remedio que escribir un blog sobre el amor y la amistad. Pero te preguntaras porque metí como título “el amor y el dolor” justo en el día del amor y la amistad. Pues pienso que el título es mas que adecuado si tomamos en cuenta que la Iglesia Católica reconoce a tres santos diferentes con este nombre, y los tres fueron martirizados de forma muy dolorosa.

Restos de San Valentin (o por lo menos de uno de ellos...)

Incluso en un artículo publicado en PLoS ONE en el 2010 se hace referencia a está relación. Younger, Aron, Parke, Chatterjee y Mackey titularon a su artículo “ Viewing Pictures of a Romantic Partner Reduces Experimental Pain: Involvement of Neural Reward Systems”. En este artículo los autores exploran las bases cerebrales de la relación entre el enamoramiento y la tolerancia al dolor. Dos antecedentes son fundamentales para este experimento. Primero, Master y colaboradores encontraron en el 2009 que la exposición a fotografías del ser amado reducen la sensación al dolor inducido experimentalmente. Y segundo, diversos estudios han confirmado el descubrimiento inicial de Bartelis y Zeki del 2000 que encontraron que el mostrar fotografías del ser amado produce la activación de circuitos relacionados a los sistemas de recompensa así como de regiones relacionadas al afecto.

Que se hizo?

Los autores de este estudio hipotetizaron que la reducción del dolor evocada por ver fotografías de la pareja romántica podría estar asociada a la activación de los centros que procesan recompensas. Para comprobar esta hipótesis examinaron a 15 sujetos muy enamorados cuya relación no hubiera pasado de nueve meses (supongo que para que todavía estuvieran en esa etapa de enamoramiento ciego!). Los sujetos fueron examinados bajo tres condiciones que consistían en ver fotos de sus pareja, ver fotos de alguien que se les hiciera tan atractivo como su pareja, o hacer una tarea de asociación de palabras muy absorbente, la cual se ha demostrado que reduce la percepción del dolor. Y los mas importante, los sujetos debían de hacer estas tareas mientras eran sometidos a una escala de dolor por temperatura que comenzaba de nada de dolor a mas dolor.

Que encontraron.

Activaciones durante la exposición a las fotografias de la pareja mientras se estaba sometido al dolor

Sus resultados de las resonancias magnéticas funcionales confirmaron sus hipótesis. El ver fotografías de la pareja sentimental, al igual que ejecutar la tarea absorbente, incrementaron la tolerancia al dolor, aunque solamente el ver las fotos de la pareja fue asociado a la activación del sistema de recompensa. Como hemos visto en otros blogs, ese sistema incluye la activación de la cabeza del caudado, el acumbens, la corteza orbitofrontal, la amígdala (relacionada a las emociones) y la corteza prefrontal dorsolateral.

Y bien?
 
Bueno, pues estas son buenas noticias. Ya sabes, cada vez que vayas a tener una situación potencialmente dolorosa, pues saca la foto de tu amor de la cartera, y eso te ayudará a aguantar mas la pena. Claro que uno podría ponerse a pensar si después de algunas ocasiones no comenzarás a asociar esa foto con el dolor... y bueno, pa´que te digo las posibles consecuencias!.
 

lunes, 31 de enero de 2011

!Ouch!. Como limpiar el alma, o por lo menos bajarle a la culpabilidad



En la vida existen ocasiones en las que de plano la regamos y hacemos alguna conducta que termina afectandonos a nosotros, o lastimando a otra persona inmerecidamente. Claro que después de esto nos llega el arrepentimiento y la cruda moral. Este fenómeno es tan común que diversas religiones han ideado diferentes métodos para curarnos dicha cruda. Uno de estos métodos que comparten tanto el cristianismo como el islamismo es el de expiar los pecados a través del dolor. Por ejemplo en la carta apostólica “Salvifici Doloris” el Sumo Pontifice Juan Pablo II comienza “Suplo en mi carne —dice el apóstol Pablo, indicando el valor salvífico del sufrimiento— lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia”. Por otro lado, en el islam el profeta Mahoma enseñó: “Cuando el creyente está afligido por el dolor, aun si es por una espina, Dios perdona sus pecados, y sus errores son descartados como el árbol se despoja de sus hojas”.


Bueno, pues para variar nunca falta algún científico que meta sus narices en este tipo de asuntos. Este es el caso de Brock Bastian, que junto con Jolanda Jetten and Fabio Fasoli. De las universidades de Queensland, Exeter y Trento, respectivamente, publicaron el artículo titulado “Cleansing the Soul by Hurting the Flesh : The Guilt-Reducing Effect of Pain”, en enero de este año en la revista Psychological Science.

¿Que hicieron?

En dicho estudio los investigadores le pidieron a un grupo de voluntarios que recordaran alguna ocasión cuando se hubieran comportado de una forma inaceptable, y que evaluaran que tan culpable se sentían de ese hecho (mediante una evaluación de afectividad). Después dividieron a los sujetos en un grupo al que se le pidió que mantuviera una mano en una cubeta con agua helada, y en un grupo al que se le pidió que la mantuviera en una cubeta con agua tibia. También se añadió a un tercer grupo que también se le pidió que mantuviera una mano en la cubeta con agua helada, pero al que no se le aplicó la evaluación de afectividad.

¿Que fué lo que encontraron?

Los resultados fueron bien interesantes. Los participantes del grupo que recordó su mal comportamiento no solo mantuvieron mas tiempo la mano en la cubeta helada, sino que evaluaron cómo mas dolorosa esa acción que el grupo al que no se le pidió que recordara su mala conducta. Y aun mas interesante es que después de la prueba de la cubeta con agua helada, este grupo bajó su sentimiento de culpabilidad significativamente en comparación del grupo que también evaluó su mala conducta, pero que fue sometido a la cubeta con agua tibia.
Los autores sugieren que la gente parece darle un significado a su dolor, por lo que argumentan que la gente interpreta su dolor en un modelo judicial en el que el dolor es un castigo que sirve para expiar sus culpas. Esto podría significar en ciertas religiones que su alma es purificada de sus pecados anteriores. Yo creo que no comparto esta línea de pensamiento, porque de acuerdo a esto, los masoquistas, o incluso algunos tipos como los del programa jackass serían todos unos santos.. y no, no lo creo.

lunes, 17 de enero de 2011

De como la música nos puede llevar al cielo, ¡o a la liberación de Dopamina!

Alguna vez te ha pasado que escuchas una pieza musical que te llega durísimo?. Por ejemplo, recuerdo claramente cuando vi la película de la Misión que cuenta con música compuesta por Ennio Morricone. La música es bellísima, y aun ahora cada ocasión que escucho esa música siento una gran emoción que me deja en un gran estado de ánimo. Yo creo que no soy al único que le pasa eso, ya que la afición a la música es prácticamente universal. Basta ver el éxito del itunes, o el estatus social de los músicos reconocidos. Prácticamente cualquier gente con la que platiquemos nos podrá decir que tiene una o varias rolas preferidas, de esas que le enchinan la piel. Bueno, pues un grupo de investigadores coordinados por Robert Zatorre, y que incluyó a Valorie Salimpoor, Mitchel Benovoy, Kevin Larcher y Alain Dagher, del Instituto Neurológico de Montreal de la Unviersidad de McGill, Canadá, investigaron el efecto en el cerebro que tiene escuchar tu música favorita.

Estos científicos investigaron el efecto de la música sobre los sistemas de recompensa cerebral de los que hemos hablado en ocasiones anteriores. Para esto reclutaron a 10 voluntarios (5 hombres y 5 mujeres) de entre mas de 200 solicitantes para participar en este estudio. Su característica principal es que a los voluntarios seleccionados se les tenía que enchinar la piel cada vez que escucharan su pieza favorita sin cansarse de ella. Una vez seleccionados los sujetos, se procedió a tomarles imágenes cerebrales mediante tomografía de emisión de positrones (TEP) y mediante resonancia magnética funcional (RMF). Con el TEP se puede evaluar la actividad del sistema dopaminérgico, que es un componente fundamental de los sistemas de recompensa, y con la RMF se puede localizar de forma espacio temporal las regiones que se activan. Durante el experimento se les ponía a cada voluntario su música favorita así como la música favorita de algún otro voluntario. De esta forma podían evaluar la diferencia del sistema dopaminérgico cuando escuchaban esa música especial que les llegaba a lo mas íntimo, versus el simplemente escuchar alguna música que no les produjera el mismo efecto emocional.

¿Que encontraron?

Bueno, pues los resultados fueron contundentes. Los sujetos reportaron mas emoción en las piezas que ellos habían escogido a diferencia de las otras piezas. Esto se correlacionó con un incremento en la respuesta de la frecuencia cardiaca, la respiración y la sudoración. De igual manera, el análisis de las imágenes funcionales mostró un incremento significativo en la liberación de dopamina durante la exposición a su música favorita. Pero no solo eso, sino que el estudio encontró que existían áreas cerebrales como el núcleo caudado en el que se liberaba dopamina justo antes de la parte de la música que les producía el clímax emocional, y otras regiones cerebrales como el núcleo acumbens en el que se liberaba dopamina durante el clímax musical.

Medición del incremento de liberación de dopamina medido a través del decremento de unión de raclopride (antagonista al receptor de dopamina).

Este es un hallazgo formidable, ya que de acuerdo a los autores, esta es la primera evidencia de que el intenso placer que produce el escuchar música esta asociado a la liberación de dopamina en el sistema mesolímbico de recompensa. Si lo pensamos cuidadosamente esto es doblemente sorprendente porque este sistema evolucionó para reforzar conductas biológicas básicas con un alto valor adaptativo, como la alimentación o la reproducción, y hasta donde se puede pensar, la música no es una necesidad básica para la supervivencia humana!. Otro aspecto interesante del estudio, es que la simple anticipación del segmento musical que nos sublima es capaz de producir un estado de expectación emocional que precede a la activación del sistema de recompensa, lo cual ha sido utilizado por grandes músicos para jugar con el clímax de sus piezas musicales, (lo cual me recuerda algunas de las sinfonías de Beethoven!). Este mecanismo funcional no es exclusivo de la música, ya que existen otros sistemas que incluyen una etapa de liberación dopaminergia a respuestas anticipatorias y consumatorias, como por ejemplo la expectación de comer un delicioso filete y el hecho de comerlo finalmente.

Y esto, ¿que implica?

Este hallazgo ayuda a explicar la sensación tan intensa que experimentamos con algunas piezas musicales, y el porqué la música nos ayuda a hacer actividades como el correr por periodos largos de tiempo, o el ambientar escenas de películas para lograr una estética casi perfecta. Viéndolo así fríamente, pues se podría pensar que los grandes músicos son esos que logran dominar el arte de conducir poco a poco a nuestro cerebro para liberar dopamina en un momento determinado mediante el uso de ondas sonoras. Ha caray, pues después de leer esto supongo que aunque yo quisiera, estos párrafos nunca van a poder liberar ni una pizca de dopamina por mi tendencia de reducir lo sublime a un mero trámite sináptico. Bueno, ¡pues ni hablar!

lunes, 13 de diciembre de 2010

Monkey see Monkey do (Lo que hace la mano hace la tras)

El otro dia platicando con unos amigos me comentaron acerca de un pájaro que repite los cantos de otras aves para impresionar a su posible pareja. Ese pájaro era tan bueno, que hasta repetía los sonidos que hacían las cámaras fotográficas que había alguna vez escuchado. Después pensé que en la naturaleza hay mas ejemplos en los que se imitan diferentes conductas. Pues este tema me sirve para introducir la participación de Horacio David Heras Sandoval en NeuroCog que les presento a continuación.


Monkey see Monkey do (Lo que hace la mano hace la tras)

Una habilidad peculiar entre los primates, en especial los seres humanos, es la de imitar a sus semejantes, y en algunos casos a sus no semejantes. Esto lo podemos observar mucho en niños en etapas preescolares (e.g. imitando el ladrido del perro, la cara del padre o la madre, los ojitos o trompitas de los abuelos, posteriormente las palabras y más despliegues conductuales, propios del grupo social al que pertenecen). La imitación es algo recurrente en nuestra especie, hasta los pasatiempos incluyen la demostración de esta habilidad para asombrar y divertir a los demás. También imitar se convierte en una forma de aprender tareas y adquirir nuevo conocimiento. Pero qué regiones del cerebro o que sustrato neural está detrás de esta estrategia conductual?
 
 


Neuronas espejo

La pregunta hecha arriba fue respondida en parte en los 1990’s al encontrarse un grupo de neuronas con función específica llamadas espejo o especulares, en la corteza prefrontal y área parietal, a través de registros de actividad eléctrica, en el cerebro de los macacos. El nombre de neuronas espejo se debe a que disparan tanto cuando se ejerce una acción sobre un objeto, como si se observa la acción sobre el mismo objeto.
 
 

¿Y en humanos existen?

Pues aunque no se puede demostrar la existencia de las neuronas espejo directamente, como en los macacos, se puede considerar su presencia en ciertas áreas, que se activan en respuesta a efectos que podrían resultar de actividad de neuronas espejo. Por ejemplo, la corteza Parietal (CP) se cree que incluye neuronas espejo, debido a que es un área que se ha expandido recientemente en la evolución, y se sugiere que puede ser importante en funciones cognitivas con importancia social, como la imitación. La CP además integra impulsos visuales, motores y somatosensoriales involucradas en movimiento de objetos, además las lesiones en la corteza parietal dañan la capacidad para imitar. El área de Broca (AC), aunque ha tenido resultados contrastantes, también puede sustentar este tipo de neuronas, ya que esta área tiene mayor actividad en algunas tareas de imitación, en comparación con tareas de no imitación, como se ha demostrado por estimulación transmagnética (TMS) e imagenología funcional por resonancia magnética (fMRI). El surco temporal superior (STS) posterior (STSp) es un punto de convergencia de estimulo proveniente del área de procesamiento de movimiento de la corteza visual y la vía de caracterización de contenido de la rama ventral, también tiene una gran conexión con la corteza orbitofrontal y la amígdala; además en los macacos hay células en el STS que responden a la vista de dirección de la vista, cara y movimiento ocular. En suma se cree que las neuronas espejo se localizan en la corteza premotora ventral y la corteza parietal inferior (en el surco intraparietal, IPS), y reciben impulsos visuales de la corteza posterior, a través del STS y la unión temporoparietal formando así el “sistema de neuronas espejo”.
 
 


Toda una especulación acerca de las especulares.

De manera importante Victor Gallese ha recolectado suficientes datos acerca del funcionamiento de estas neuronas y las regiones implicadas, tanto en macacos y humanos, con la “capacidad de leer la mente” (pero no esa que están pensando, no) en el marco de la teoría de la mente (ToM, en inglés), propuesta por Premack y Woodruff en 1978, según la cual los seres humanos (y probablemente primates, en su propio contexto) tenemos la capacidad de comprender los estados mentales de los otros, como creencias, deseos e intenciones, y apreciar que tanto difieren de los nuestros. Tres regiones cerebrales estarían implicadas de manera importante en la ToM: la corteza prefrontal medial, el STSp y el polo temporal. Además, otras estructuras relacionadas con la empatía (importante en la ToM) serían la ínsula y la corteza del cíngulo anterior.

Un aspecto interesante de la ToM, es el valor evolutivo que tendría, pues esto supondría un comportamiento conservado a través de las diferentes ramas filogenéticas de vertebrados (principalmente mamíferos) que permitiría a los organismos predecir un estado mental/conductual/cognitivo de otros organismos, que a su vez permitiría obtener más pistas del mundo y actuar en consecuencia. Sin embargo a pesar de los diferentes estudios en diferentes organismos, desde cuervos a primates no-humanos, ha sido difícil esclarecer si en especies diferentes de la humana hay ToM.
 
 
 
Una explicación para el Autismo

La existencia de ToM en humanos es clara y diferentes pruebas de ToM, como la prueba de Sally y Ann, o la de los cuatro dulces (que se basan en la falsa creencia de la realidad) han demostrado que la ToM se encuentra desarrollada en los seres humanos a partir de los 5 años y podría decirse que antes de la edad de 5 años (en experimentos modificados para infantes, no-verbales). Sin embargo en personas con lesiones cerebrales o que presentan Autismo, esta habilidad se ve afectada.

En lo que refiere al autismo, una hipótesis que trata de explicar la psicopatología del autismo, no sin tomar en cuenta las implicaciones de sus postulados, es precisamente la “hipótesis de las neuronas espejo en el autismo”. Algunos puntos que ayudan a postular esta hipótesis son: 1) La ToM se puede desarrollar en base a una función intacta de “comparación de lo propio y lo no-propio”. Entendiendo las intenciones de los otros, en el contexto de la memoria, permite la retro-dicción de memorias y pensamientos asociados. 2) Las neuronas espejo pueden funcionar en la comparación de lo propio y lo no-propio para la codificación de la acción. También pueden codificar la relación entre la meta y un objeto, permitiendo la formación de representaciones intencionales. 3) la disfunción en la neuronas espejo puede explicar tanto la ecolalia (hiperactividad), así como fallas en generar imitación en progreso, necesaria para desarrollar ToM.

Además Rogers y Pennington, ya en 1985, sugerían que en el autismo había una alteración biológica que restringía la capacidad de los niños a formar y coordinar representaciones sociales de sí mismos, y de otros, a niveles de complejidad incrementada, a través de procesos de representaciones de forma cruzada y a morfas, lo que les impide hacer imitaciones y afecta sus habilidades sociales comunicativas y afectivas.

Alguna de la evidencia que favorece la hipótesis de las neuronas espejo en psicopatología del autismo son los estudios de Nishitani, Avikainen y Hari de personas con síndrome de Asperger (SA, una variante del autismo) en donde se evaluaba la capacidad para imitar gestos por electromiografía y fMRI, donde las personas con SA tenían dificultadas para imitar los gestos y una actividad menor en el área de Broca. Además la reducción en la actividad del área de Broca se relaciona con la severidad del autismo. Igualmente se vio que el registro de la estimulación transmagnética de la corteza premotora estaba comprometido en niños con autismo, al mirar una acción blanco, y que esto dependía de la dirección cómo se les presentaba la acción. Otras regiones con una actividad disminuida en el autismo son el lóbulo temporal, la amígdala y el STSp. Todas estas regiones comprenden el sistema de neuronas espejo y a su vez sustentan la existencia de la ToM.

Como vemos hay suficiente evidencia que favorece la existencia de las neuronas espejo en el cerebro humano, su papel en la comprensión de las acciones de otros y sus disfunción en patologías como el autismo, sin embargo la necesidad por un método más preciso para su identificación y evaluación de su función en el cerebro humano es muy importante. La gran cantidad de estudios acerca de estas neuronas son un ejemplo de cómo neuronas con una función tan específica pueden tener un papel importantísimo en funciones tan complejas como procesos de integración de conocimiento social, perceptual, informativo y emocional.

Referencias

Phil. Trans. R. Soc. B (2007) 362, 659–669
Nature reviews, neuroscience, volume 3, june 2002, 463-471
Annu Rev Psychol. 2009;60:87-113.
Autism Res. 2008 Apr;1(2):73-90.

lunes, 18 de octubre de 2010

¿Y si hubieran sido mujeres?

Hace un par de años se publicó un estudio donde se evaluaba si las mujeres y los hombres respondían de forma diferente a ambientes con densidades poblacionales muy altas. Es decir si el vivir muy amontonados daba lugar a respuestas diferentes entre los hombres y las mujeres. La Dra Wendy Regoeczy de la Universidad del Estado de Cleveland reportó que en efecto, al parecer en general las mujeres tienden más a deprimirse, mientras que los hombres tienden más a retraerse, y según esta autora, no hay evidencias de que los hombres se vuelvan más agresivos, aunque si describe que existen algunos individuos que se vuelven más agresivos y retraídos (Journal of Health and Social Behavior, 2008).

Bueno, pues en realidad este estudio se enfocaba al efecto de vivir en ciudades con densidad poblacional muy alta, y no necesariamente a situaciones como a la que se enfrentaron los ahora famosos mineros de Chile, donde sí que había una densidad alta, pero más bien por estar atrapados en un espacio muy reducido dentro de una mina.

Diferencias de genero.

Pero, ¿qué hubiera pasado si los mineros hubieran sido mujeres en lugar de hombres?, bueno, difícil de imaginar!, pero lo que se ha observado es que las mujeres responden diferente a los hombres en situaciones de estrés. En un estudio publicado en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience, J.J. Wang y sus colaboradores, de la University of Pennsylvania School of Medicine, encontraron que una simple tarea que implicaba contar números para atrás producía respuestas de estrés que eran diferentes en hombres y mujeres. Mientras que en los hombres se favorecían respuestas típicas de “pelea o escape” en las mujeres se producían respuestas más sociales que tienden a inducir la cohesión del grupo. ¿Por qué sugieren esto? Pues porque en los hombres encontraron una mayor correlación de la liberación de cortisol (que es una medida de estrés) con la activación de la corteza prefrontal obtenida con resonancia magnética funcional, mientras que en las mujeres la activación se evidenció más bien el sistema límbico, el cual está más asociado con las emociones. Esta diferencia entre hombres y mujeres ha sido encontrada en diferentes estudios, por ejemplo, Shelley E. Taylor de la Universidad de California, reportó en Psychological Review, en el 2000, que bajo situaciones de estrés las mujeres liberan oxitocina, lo cual fomenta las conductas relacionadas al cuidado de los niños, y la disposición a estrechar lazos amistosos con otras mujeres, conductas que tienden a su vez a reducir el estrés.

Áreas de activación cerebral en hombres y mujeres bajo condiciones de estrés

Y hablando de emociones, la emoción inicial del público que quedó cautivo con esta historia de los mineros fue de alegría, sin embargo, seguramente una vez que se enfríe dicha emoción saldrán otros aspectos que pudieran ser dignos de estudiarse bajo la lupa de las ciencias sociales y que permitan entender la dinámica que ocurrió no solo entre estos mineros atrapados durante tantos días, sino la de sus amigos y familiares, y la de millones de gentes que siguieron el suceso por televisión.


lunes, 11 de octubre de 2010

El beneficio social, o de cómo estimular la dopamina sin caer en los excesos personales.

Bueno, pues como lo prometido es deuda en esta ocasión vamos a revisar un artículo de James K. Rilling, David A Gutman, Thorsten R. Zeh, Giuseppe Pagnoni, Gregory S. Berns y Clinton D. Kilts, de la Universidad de Emory, en donde reportan sus estudios sobre las bases neuronales de la cooperación social, y que fue publicado en el año 2002 en la revista Neuron.


En este estudio los autores utilizan una tarea que ha sido ampliamente usada para estudiar la cooperación social. Es una tarea que se llama “The iterated Prioner´s dilema game” o que en español sería algo así como “El juego iterado del dilema del prisionero”. Este problema consiste en lo siguiente: Supongamos que te encuentras detenido, junto con un colega tuyo, bajo la sospecha de haber cometido un crimen. Cada uno está en una sala de interrogación respondiendo a las preguntas de los detectives. Entonces uno de los policías encargado del caso te invita a que impliques a tu socio como el que cometió el crimen. Lo que pase con ustedes dos dependerá de lo que cada uno de ustedes responda a la policía. Si tu socio te traiciona implicándote a ti mientras que tu permaneces callado, entonces tu recibirás una condena muy grande, mientras que él saldrá libre, y viceversa, si tu lo implicas, entonces tu saldrás libre y el recibirá una larga condena. Ahora que, si ambos deciden cooperar entre ustedes y no se implican el uno al otro, entonces ambos recibirán una condena leve. Pero si ambos declaran en contra del otro, entonces recibirán una condena mayor a la de cuando guardaron silencio, pero menor a la que recibiría uno solo cuando el otro salió libre, como en la tabla que muestro a continuación (sacada de: http://www.iterated-prisoners-dilemma.net/).



Esquema de las puntuaciones obtenidas en el problema del dilema del prisionero.

Bueno, pues Rilling y sus colegas aplicaron esta tarea a 36 mujeres mientras obtenían imágenes funcionales mediante la técnica de resonancia magnética funcional. Una vez que obtuvieron las imágenes las analizaron y encontraron que la cooperación mutua estaba asociada a la activación consistente de áreas del cerebro que han sido asociadas al procesamiento de recompensas, como son el núcleo acumbens, el núcleo caudado, las cortezas ventromedial, orbitofrontal y la corteza del cíngulo anterior. Este hallazgo les llevó proponer a estos autores que la activación de esta red de áreas neuronales asociadas a la recompensa, refuerza positivamente el altruismo, dando lugar a una motivación para que los sujetos se resistan a la tentación egoísta de aceptar la oferta del oficial de policía de traicionar a su socio al no corresponder a la actitud de mejor mantener el silencio.


Esquema de las activaciones en dos áreas relacionadas a la cooperación social (núcleo acumbens y estriado anteroventral).

Aunque no me quiero meter en camisa de once varas, tengo que decir que el estudio sugiere que cuando realizas una acción de cooperación social en la que todos salen beneficiados (y no solamente tú) se deja venir el dopaminazo, produciendo un efecto reforzador que finalmente da lugar a un incremento de conductas a favor de la sociedad. Que tal, eh, y yo que pensaba que este circuito de reforzamiento solo servía para favoreces mis más bajas pasiones, como cuando me animo a ir a mi restaurante favorito a comer el bife de lomo que, por desgracia, sale en un ojo de la cara!.


Aquí no me aguante las ganas de poner una foto de la escena de la pelicula “The Matrix”, donde Cypher prefiere su dopaminazo virtual obtenido por comerse un jugoso bistek, a la recompenza social de no traicionar a Morpheus.

lunes, 16 de agosto de 2010

¿El vaso está medio lleno o medio vacío?, ¡depende de cómo lo procese el cerebro!

Un amigo mío decía que la gente se puede clasificar en dos grupos. El grupo del que ve las cosas de forma negativa, y el que las ve de forma positiva. Recuerdo un viejo anuncio de televisión donde se preguntaba si uno veía el vaso medio lleno o medio vacío, y nunca faltaba alguien que decía que estaba medio vacío.

Bueno, pues recientemente se publicó en el mes de agosto de este año un estudio en PLOS Biology que aunque no responde a la pregunta del porque se piensa de forma positiva o de forma negativa, por lo menos describe diferencias significativas en la forma en que los cerebros de ambos grupos de individuos parecen procesar la información. El artículo en cuestión, publicado por Iyer, Lindner, Kagan y Andersen de Caltech en Estados Unidos, se titula “Motor preparatory activity in posterior parietal corte xis modulated by subjective absolute value”.



Cómo investigar el optimismo.

En este artículo los autores investigaron como es que las consecuencias monetarias de una acción influyen sobre las representaciones neuronales de la preparación del acto motor. Para esto estudiaron a 17 sujetos utilizando resonancia magnética funcional mientras realizaban una tarea espacial visomotora muy complicada. En la tarea, al principio de cada ensayo se les indicaba cuanto podían ganar o perder si completaban la tarea de forma correcta o incorrecta. Por ejemplo, en un ensayo determinado podrían ganar 5 dólares si lo hacían bien, pero perder 1 dólar si lo hacían mal; o al revés, perder 5 dólares si lo hacían mal o ganar 1 dólar si lo hacían bien. Encontraron que la actividad en estructuras relacionadas a la recompensa, como el estriado y la corteza orbitofrontal, reflejaban el valor esperado en ese contexto. Este resultado no tiene nada de novedoso, ya que se ha encontrado en infinidad de estudios que han caracterizado precisamente a las estructuras involucradas en la obtención de recompensas. Lo interesante viene en la segunda parte del estudio que me recuerda un poco a como uno se siente después de salir de un difícil examen de matemáticas.

Antes de recibir el dinero que habían acumulado se les pidió que llenaran un cuestionario. Allí se les preguntaban sus percepciones sobre su desempeño en la tarea. Los investigadores encontraron que esas percepciones no correlacionaban con el desempeño actual de los individuos, ya que aunque algunos individuos si describieron correctamente su desempeño, algunos otros que pensaban que les había ido bien, en realidad no lo estuvieron, mientras que otros que pensaban que les había ido mal, en realidad si les fue bien. Bueno pues los investigadores encontraron que el patrón de actividad de una corteza, que se llama “corteza parietal posterior” (o PPC por sus siglas en inglés), correlacionaba con que tan bien pensaban los individuos que les habían ido en la tarea. Es decir, su percepción subjetiva sobre su desempeño, así como en la expectativa de lo que iban a ganar o perder a partir de sus éxitos o fallos.



¿Y esos datos que quieren decir?

Según Richard A. Andersen, el que tan intensamente trabaja el cerebro de un individuo en la tarea depende de la aproximación del sujeto. Por ejemplo, si un sujeto es optimista y cree que lo está haciendo bien, entonces pondrá más esfuerzo y se incrementará su actividad en PPC cuando esperan una mayor recompensa por hacerlo bien; sin embargo aquellos individuos que son pesimistas muestran una mayor actividad cuando existe un mayor castigo por fallar. Los pesimistas hacen más esfuerzo en evadir las pérdidas que en lograr las ganancias. Los autores sugieren que el proceso de planeación y acción está influenciado por nuestra idea subjetiva –y muchas veces errónea- de que tan bien lo estamos haciendo, y de que tanto tenemos por ganar o perder.



Es decir, la gente que ve el vaso medio lleno pondrá a trabajar más intensamente a su corteza parietal posterior para lograr terminar exitosamente una meta mas, mientras que aquellos que lo ven medio vacío, pondrán a trabajar a su corteza parietal posterior más intensamente para no echar a perder la meta, y evitar un fracaso mas. En realidad no se qué aproximación sea la más exitosa o eficiente, pero lo que si me queda claro es cuál de las dos aproximaciones utiliza la gente que según yo se vez mas entusiasmada y feliz.

Y tú, ¿vez el vaso medio lleno o medio vacío?