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jueves, 4 de octubre de 2012

Cara de gay

Uno de los temas mas intensamente investigados actualmente en las neurociencias es el relacionado a cómo el cerebro procesa la información de los rostros que vemos todos los días. Si lo pensamos un poco nos podremos dar cuenta que cuando vemos un rostro nuestro cerebro es capaz de extraer muchísima información. Por ejemplo podemos extraer la edad, la raza, o el estado emocional del sujeto dependiendo de su expresión facial. Otro aspecto que nuestro cerebro puede identificar es si el individuo es hombre o mujer, aunque claro, luego uno se puede llevar sus sorpresas. Pues en relación a esta idea es que uno de mis alumnos (David Loyo) se animó a participar en este blog. A continuación les presento su contribución, la cual se basa en un artículo publicado en PLOS One en este 2012, y que se titula “The roles of featural and configural face processing in snap judgments of sexual orientation”.

“Cara de gay”


Respecto de la homosexualidad cualquiera puede encontrarse, cada vez mas, con formas nuevas de nombrarla y hacerla evidente (tanto en quien es homosexual como en quien no). Estas expresiones van desde la burla, la ofensa e, incluso, a lo gracioso. Entre mis amigos cercanos esto ha sido, en ocasiones, tema de charla que termina arrancando más de una carcajada. Pero mi franca sorpresa la he tenido hace un par de meses cuando, viendo un capítulo de GLEE (una de mis series favoritas), me encontré con que Sebastian (Grant Gustin) líder vocal de los Dalton Warblers le dice a Kurt (Chris Colfer): "[…] Uno de nosotros tiene cara de gay alocado y no soy yo". Aquello era, sin duda, una muestra: de la crueldad de Grant Gustin interpretando el papel de Sebastian y su lucha por “bajarle el novio” a Kurt; y, por supuesto, de lo gracioso que resulta señalar lo obvio. Quienes siguen la serie sabrán que la homosexualidad de Kurt Hummel es tan evidente como el hecho de que uno más uno suma dos, pero ¿cara de gay? ¿Es eso posible?



En este sentido, diversos autores, entre ellos Ekman (1993) y Macrae & Bodenhausen (2000) han comentado que es posible extraer cierta información como sexo, edad aproximada, estado sentimental, categoría social, raza, etc., etc., con tan sólo un rápido vistazo al rostro. Empero, la novedad se encuentra en lo que Joshua A. Tabak y Vivian Zayas entre otros encontraron. Pues sucede que, de acuerdo a su investigación, también es posible inferir la orientación sexual a partir de la mera observación facial y con base en dos mecanismos específicos del procesamiento cerebral del rostro, a saber, “featural” (de características) y “configural” (de configuraciones).

Básicamente estos señores hicieron de Facebook su base de datos para encontrar sujetos que se autodenominaran homosexual u heterosexual. Tomaron las fotografías de sus perfiles y luego de editarlas para evitar sesgos culturales, las mostraron a una serie de participantes durante no más de 50 ms cada fotografía. Los sujetos experimentales debían observar la fotografía y emitir su juicio consistente en gay o hetero respecto del sujeto observado.


Los resultados, no menos que el controversial procedimiento, resultan interesantes pues sucede que con una confiabilidad de 0.5 los participantes fueron capaces de reconocer la orientación sexual de los sujetos de observación tanto en hombres como en mujeres con un 60% de probabilidad de acertar, superando así un reconocimiento por puro azar. Además, los investigadores encontraron que la orientación sexual, en el caso de los sujetos femeninos, fue más fácil de enjuiciar y que, por su parte, había una mayor probabilidad de hacer lo que ellos llamaron un falso reconocimiento en cuanto a sujetos masculinos. En otras palabras, a los participantes se les facilita resolver tanto si una mujer como un hombre es hetero o gay, pero tienden a suponer como gay en mayor medida a un hombre hetero que a una mujer hetero. Esto nos habla, sin duda, de la posible intervención de la expectativa del rol cultural de género: es más socialmente aceptado y, por lo tanto, mal enjuiciado el hecho de que una mujer pueda ser un tanto masculina a diferencia del hecho de que un hombre pueda ser un tanto femenino.

Pero entonces ¿es posible tener cara de gay?

Para contestar esta cuestión es necesario puntualizar que esta investigación no fue mera ocurrencia de los autores, como quien decide crear el hilo negro, sino que se cimienta en cierta habilidad de la que se dicen poseedoras las personas homosexuales y que consiste, básicamente, en la capacidad para reconocer a otro sujeto homosexual. A esto se le ha llamado, coloquialmente, "gaydar". A la fecha esta supuesta capacidad de reconocimiento había sido digamos aceptada suponiéndose basada en juicios de valor respecto de la apariencia y actitudes de las personas en comparación a otras y referido a la expectativa cultural existente sobre el rol de género y que el sujeto debe cumplir.

Estas dos fotografía son idénticas, excepto que una tiene mas contraste que otra. La ilusión es llamada "Illusion of Sex" y fue compuesta por Richard Russel the Harvard University.

Sin embargo, estos autores suponen y plantean la hipótesis de que dicho reconocimiento va más allá de cualquier juicio de valor respecto del comportamiento del sujeto, sino que puede inferirse sólo con la observación del rostro de la persona hetero u homosexual. En este sentido intervienen los procesos featural y configural refiriéndose a un reconocimiento del rostro en base a las características del mismo y uno en base a la estructura y relación de sus partes anatómicas, respectivamente. El caso es que, incluso cuando se presentaron los rostros invertidos en una presentación posterior del mismo experimento, (comprometiendo seriamente el mecanismo configural del procesamiento del rostro) los individuos mantuvieron la probabilidad de acierto en un 60%, lo que nos hace pensar que dicha capacidad de “reconocer” a un individuo homosexual de un heterosexual sí es posible. Aunque decir que tiene “cara de gay” no podamos demostrarlo… aún.

Blog participado por David Loyo.

domingo, 27 de junio de 2010

Ni rezándole a Dios.




Ahora que andamos en pleno mundial es curioso ver como cada fanaticada le pide a su dios que gane su equipo. Esta observación es interesante porque a lo largo de la historia el ser humano se ha creado diferentes religiones, lo que nos habla de que podría existir algo que incita al ser humano a desarrollar estas creencias. Como este es un blog de ciencia, pues en vez de preguntarme si uno o varios seres divinos se nos han manifestado a lo largo de la humanidad, mejor voy a discutir un artículo de IIkka Pyysiäinen y Marc Hauser de las Universidades de Helsinki y Harvard respectivamente, donde revisan si las religiones son el producto de una adaptación evolutiva o un subproducto. En esta revisión que apareció en el Trends in Cognitive Science de Febrero de este año, los autores tratan sobre las dos grandes corrientes que intentan explicar el origen de la religión. Una de las propuestas dice que la religión surge como una adaptación para la cooperación, mientras que la otra postula que la religión es un subproducto de funciones cognoscitivas que nada tienen que ver con la religión.


¿La religión es una adaptación evolutiva?

La propuesta de que la religión y las creencias en dioses surgen como una adaptación evolutiva sostiene que estas creencias facilitan la cooperación intragrupal. Una idea sería que la religión como una adaptación evolutiva sirve para demostrar que los individuos están comprometidos con el grupo. Por ejemplo, si uno que se dice parte del grupo no paga el diezmo, o no asiste a los actos religiosos, o rompe las reglas que impone esa religión, pues es más fácil identificarlo por la comunidad como alguien que en realidad no pertenece al grupo. También se ha planteado que la religión fomenta la cooperación a través de la creencia en dioses omnipresentes. Así se fomentaría el sentimiento de que el dios está observando a cada miembro todo el tiempo de tal manera que si hace algo bueno por la comunidad entonces lo recompensaría, pero si hace algo malo – aunque ninguna persona lo esté viendo- entonces lo castigaría. Esto bajaría los costos a la sociedad de tener que estar vigilando a todos sus miembros todo el tiempo, y le permitiría aplicar ese esfuerzo a tareas más productivas.

La propuesta de la religión como un subproducto

Los autores proponen que se necesitan dos pasos para explicar la religión como un subproducto. El primero sería que no se puede definir precisamente que es una creencia o un acto religioso, por lo que se niega que la “religión” surgiera como un todo en un momento determinado. El segundo sería que el concepto de dios está basado en extender a agentes incorpóreos la capacidad de atribuir creencias y deseos a agentes corpóreos. Es decir, los seres humanos tenemos la capacidad cognoscitiva de adjudicar intenciones a otros individuos, lo cual nos permite elucubrar sobre lo que podría estar pensando otra persona. Bueno pues algunos investigadores piensan que cuando esta capacidad es aplicada a personas ya muertas, a personajes ficticios, o a agentes supernaturales, entonces creamos esos aspectos religiosos de dioses, santos, demonios, etc… Básicamente postulan que una capacidad cognoscitiva que sirve para entender y poder socializar con nuestros congéneres, tuvo un efecto secundario – o un subproducto- que fue lo que dio origen en buena medida a las experiencias religiosas.

¿ok, y el futbol de nuevo?

La revisión de los autores profundiza aún más en los aspectos relacionados a la capacidad de tener una moralidad sin necesidad de profesar una religión, lo cual me regresa al asunto del futbol. Es moral que la FIFA valga el primero gol argentino que claramente estuvo en fuera de lugar… no sé, depende a cual culto futbolero pertenezcas, al que le benefició la falta o al que lo perjudicó.



viernes, 16 de abril de 2010

Botox: como verse bella sin poder gozarlo a plenitud.

Botox: como verse bella sin poder gozarlo a plenitud.

Las últimas dos décadas han visto un auge bárbaro en el uso de una toxina que es mortal. La ingesta de esta toxina en cantidades muy pequeñas puede resultar en la muerte después de algunas horas o hasta días de su exposición. A finales del siglo XIX Emile van Ermengem identificó a la bacteria Clostridium botulinum como la fuente de esta toxina. Ya desde esa época se sabía que en ocasiones la gente podía morir si consumía productos hechos a base de carne, por lo que Justinus Kerner nombró a la toxina como la toxina de los embutidos, dándole su nombre en latín: “botulus” (salchichas o haggis, de acuerdo a la traducción de “botulus” del latín), por lo que se le conoce como la toxina botulínica.

De mortal a totalmente palacio

Pues esta toxina mortal es ahora, un siglo después, uno de los productos cosméticos más usados en el mundo. Aunque inicialmente se aprobó en Estados Unidos para tratamientos como la tortícolis, ahora el principal uso del botox (nombre con el que se comercializa la toxina) es para reducir las líneas de expresión (que yo conocía como arrugas, pero ya me hicieron el favor de corregirme).

Pues sí, ahora ya te puedes encontrar en cualquier boda a un sinnúmero de señoras (y tal vez ahora también señores que quieren imitar a David Beckham o a Cristiano Ronaldo en su metrosexualidad), con cara que parece hecha de de cera, o lo que se conoce como hipomimia, que consiste en la reducción de la expresión facial.


 
¿Y la clase de neuroquímica qué?

Lo que hace la toxina botulínica para evitar las líneas de expresión es que impide la comunicación entre los nervios y los músculos al inhibir la liberación del neurotransmisor acetilcolina en la conexión neuromuscular. Como el músculo ya no recibe órdenes de contraerse, pues entonces la piel que esta encima de dichos músculos ya no se dobla, y con el tiempo regresa a su estado de suavidad original.


 
¿Y la emoción?

Pues ahora está por salir un estudio dirigido por David Havas en la revista Psychological Science en el que se analiza el efecto del uso del botox en el procesamiento de lenguaje emocional. Estos autores investigaron si la inhibición de la expresión en el rostro por el uso del botox afectaba la lectura de frases con diferentes cargas emotivas, como por ejemplo “la cantidad de trabajo que deja ese profesor es brutal”, “echarse a la alberca es refrescante en un día caluroso”, o “abres tu correo electrónico en tu cumpleaños y no hay ningún mensaje”. Los investigadores encontraron que los sujetos que se habían aplicado botox facial leían más lentamente algunas frases. Sorprendentemente esas frases que leían más lentamente eran precisamente aquellas que normalmente están acompañadas de expresiones faciales asociadas a una carga emotiva. Claro que con el botox, pues ya no había expresión facial asociada a la lectura de esas frases. Esto les sugirió a los autores que existe una retroalimentación periférica en el procesamiento del lenguaje, lo cual apoya teorías que sostienen que los sistemas neuronales usados en experimentar emociones son también usados para entender las emociones en el lenguaje. También proveen nuevo sustento para la teoría clásica de Darwin sobre las emociones (Darwin: La expresión de las emociones en el hombre y los animales, 1872).

Bueno, ¿y el futbol que tiene que ver???

Total que en su conjunto estos hallazgos sugieren que el paralizar los músculos que están involucrados en la expresión de las emociones también reduce la experiencia misma de la emoción. Por eso he tomado la dura decisión de que aunque ya me estoy poniendo cada vez mas arrugado, no voy a usar el botox, básicamente porque… ¡quiero gozar el próximo mundial de futbol en su totalidad!.