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viernes, 21 de febrero de 2014

Un café para recordar…



El café es una de las bebidas más populares a nivel mundial, no solo por su agradable aroma, sino porque desde la antigüedad el ser humano se ha percatado de sus efectos fisiológicos. En lo personal conozco varios familiares y amigos que casi literalmente no se despiertan hasta que toman su primera taza de café. Desde hace tiempo se sabe que el café incrementa a corto plazo el estado de alerta, reduce la fatiga, y mejora la atención y la concentración, lo cual repercute en un mejor desempeño. Es por esto que generalmente se piensa que el café ayuda a recordar mejor la información aprendida, ya que sí puedes estudiar mejor, pues posiblemente retengas más información. Sin embargo, recientemente Daniel Borota, Elizabeth Murray, Gizem Keceli, Allen Chang, Joseph Watanabe, Maria Ly, John Toscano y Michael Yassa de la Universidad de Johns Hopkins y de la Universidad de California en Irvine, acaban de publicar en el número de Enero de Nature Neuroscience un estudio titulado “Post-study caffeine administration enhances memory consolidation in humans”, que se traduce algo así como “La administración de cafeína después de estudiar incrementa la consolidación de la memoria en el humano”. Básicamente estos investigadores estudiaron el efecto de la cafeína en la memoria, a diferencia de su efecto en la atención o el alertamiento.

¿Qué hicieron?

Para evaluar el efecto de la cafeína únicamente en la memoria, los investigadores pusieron a dos grupos de sujetos en una tarea en la cual debían de decir si una serie de ilustraciones que les presentaban se podrían encontrar dentro o fuera de una construcción. Por ejemplo, ¿dónde es más factible encontrar una copa de vino, en el exterior o en el interior de algún lugar?  Después de terminar esta tarea, a un grupo le dieron una pastilla con cafeína y a otro grupo le dieron una pastilla placebo. Ambos grupos de sujetos regresaron al día siguiente al laboratorio. En ese día los investigadores les aplicaron, sin previo aviso, la prueba crítica. Esta consistía en presentarles tres tipos de ilustraciones que podían ser algunas de las que habían visto el día anterior, otras que eran similares a las vistas al día anterior, y otras que eran nuevas y completamente diferentes a las vistas el día anterior. Los sujetos tenían que decir si las imágenes eran viejas, similares o nuevas.



Y… ¿la cafeína mejora  o no la memoria?

Los resultados mostraron que los sujetos que tomaron la cafeína mejoraron significativamente su capacidad de diferenciar entre las ilustraciones parecidas de las ilustraciones viejas. Es decir los sujetos que tomaron el placebo cometían más errores a la hora de decidir si un objeto parecido era o no la ilustración vista el día anterior. Aún más, los investigadores probaron con tres dosis de cafeína diferentes, y encontraron que la dosis de 100 mg no produjo efectos, mientras que las dosis de 200 y 300 mg si produjeron diferencias significativas en el desempeño de los individuos. Para darnos una idea de cuanta cafeína es esa vale la pena notar que el café de Starbucks tiene 260, 330 y 415 mg de cafeína en sus tamaños Tall, Grande y Venti respectivamente.


Este estudio parece demostrar que el café produce un efecto benéfico en la consolidación de la memoria, más allá de su posible efecto para incrementar la atención y el alertamiento, ya que la cafeína fue administrada después de que los sujetos vieron los estímulos por primera vez, y un día antes de ser evaluados en la prueba de memoria, una vez que los niveles de cafeína ya habían desaparecido del sistema.

Sin embargo, antes de salir corriendo por una taza de café para recordar este blog, vale la pena mencionar que mucha cafeína no necesariamente es buena, ya que se ha demostrado que dosis mayores (más de 500 mg diarios) tienen un efecto contraproducente que incluso pueden dar lugar a episodios de insomnio, ansiedad, irritabilidad, o pueden afectar el sistema gástrico, e incluso al corazón. Tal vez sería hora de hacerme al hábito de leer el mejor paper del día junto con un delicioso café para poder recordarlo mejor, pero claro, para seguir gozando plenamente esa taza de café es mejor seguir el viejo dicho que dice, de lo bueno, poco!

lunes, 10 de mayo de 2010

Una siestecita para aprender mejor.

¿Alguna vez te has quedado horas estudiando por la noche para algún examen del día siguiente?, la verdad yo si lo llegué a hacer. Pero siempre que lo hacía existía el terror de que pasara lo peor: ¡tanto estudiar para quedarme dormido y no poder levantarme al día siguiente!. Claro que existe también otro problema latente con el estudiar en frieguita una noche antes del examen: que no se te pegue nada en la memoria y llegues al examen en blanco. El problema de no despertarte se puede solucionar poniendo un buen reloj despertador, o de plano diciéndole a tu mamá que te eche un cubetazo de agua (así además de despertarte, ¡ya te bañaste!). Ahora que el otro problema, el de que no se te pegue nada de lo que estudiaste, ese tal vez solo se pueda solucionar con una buena dormida.

De cómo aprender oratoria en la antigua Roma



La relación entre el aprendizaje y el sueño se intuía desde hace muchísimos años. Se sabe que desde la antigua Roma, Quintiliano decía que lo que no se podía repetir de memoria en una primera instancia, seguramente se podría repetir al día siguiente, ya que el tiempo, que es el mismo que se piensa contribuye al olvido, también causa que se fortalezca la memoria. Aquí la traducción al inglés hecha por el Reverendo John Selby Watson en 1856 de los textos de Quintiliano encontrados por Poggio Bracciolini en la abadía de St. Gall en 1416:


Aprendizaje y Sueño

Ahora bien, ya se ha demostrado ampliamente que dormir después de aprender algo es benéfico para el desempeño posterior. Incluso se sabe que la actividad neuronal relacionada al aprendizaje se vuelve a expresar durante el sueño. Sin embargo aunque se han hecho avances formidables en el campo de las neurociencias para entender la relación entre el aprendizaje y el sueño, poco se sabe de si existe una relación entre las ensoñaciones (lo que comúnmente se conoce como “soñar”) y el aprendizaje. Justamente el grupo de Robert Stickgold (Wamsley y cols), publicaron un artículo que se llama “Dreaming of a learning task is associated with enhanced sleep-dependent memory consolidation” (Current Biology Abril 2010). Estos autores se preguntaron si soñar acerca de la experiencia del aprendizaje estaría asociado a una mejoría en una tarea de memoria espacial dependiente del hipocampo. Para probar su hipótesis entrenaron a un grupo de sujetos en una tarea de navegación espacial y después los re-evaluaron 5 horas después del entrenamiento original. Los autores encontraron que la mejoría en el desempeño durante la evaluación estaba fuertemente asociada con sueños que contenían imágenes relacionadas a la tarea que algunos sujetos tuvieron durante una siesta que se echaron entre el entrenamiento y la evaluación. En contraste, sujetos que no se echaron esa siesta, pero que siguieron pensando en la prueba, no mostraron esa mejoría.



Tonses que, ¿duermo o llego desvelado al examen?... pus de perdis échate una siestecita en el metro camino a la universidad!

Estos resultados sugieren entonces que la consolidación de la memoria se facilita por la reactivación offline de memorias recientemente formadas, y que la experiencia de soñar pudiera estar reflejando esos procesos de re-consolidación. Entonces, este estudio confirmaría que es bueno dormir para amacizar lo que hemos aprendido, pero no solo eso, sino que lo que soñamos estaría relacionado a esos procesos. Total, que lo que decía Quintiliano desde la antigua Roma sigue estando tan vigente como lo que seguramente te ha dicho tu mamá: Ya mejor vete a dormir porque lo que no tuviste las ganas de aprender durante todo el semestre, difícilmente lo podrás aprender en una noche antes del examen….