Powered By Blogger

lunes, 25 de octubre de 2010

De cómo nuestros cuates nos iluminan el día ( o por lo menos el día del estudio funcional!).

Siempre es padre cuando andas todo atareado, cansado, enfadado, o cualquiera de esos ados y te encuentras con que tu pareja, tus familiares o tus meros cuates te buscan para sacarte del agujero con cualquier excusa.




¿Esto se puede investigar?

Esa sensación de cuando ves a estas personas allegadas a ti es posiblemente el producto de una serie de complicadísimos procesamientos de información social que ocurren en el cerebro. Bueno pues un grupo de investigadores liderados por Randy Buckner y que incluyen a Fenna M. Krienen y a Pei-Chi Tu (que que bueno que no trabaja por estos lares, porque su nombre se les pondría de mero pechito a varios de los estudiantes que yo conozco….) se dieron a la tarea de investigar si existía una diferencia entre el procesamiento que hace el cerebro entre personas allegadas a nosotros versus personas desconocidas. El estudio lo publicaron en el Journal de Neuroscience en Octubre de este año.

La respuesta parecería muy simple si no fuera porque se podría pensar que tal vez nuestro cerebro respondiera a nuestros cuates porque los sentimos afines a nosotros. Sin embargo estos investigadores se dieron a la tarea de diseñar biografías de extraños que realmente parecieran afines a nosotros, y así poder comparar las activaciones cerebrales entre amigos afines a nosotros, amigos que aunque fueran nuestros cuates no fueran afines (por ejemplo un panista con un amigo priista o perredista), o extraños afines o extraños no afines.


¿Que hicieron?

Pues el estudio si está bien complicado, porque el diseño incluye muchas variables y comparaciones. Por ejemplo, investigaban desde comparaciones en juicios entre los voluntarios y personajes como George W. Bush, hasta comparciones entre tú y tus verdaderos cuadernos. Pero bueno, los hallazgos en resumen parecen sugerir que nuestro cerebro ( o por lo menos las regiones de la línea medial de la corteza prefrontal) responde con mayor actividad cuando procesamos información de nuestra gente cercana a cuando procesamos información de extraños, por más afines que estos sean a nosotros. Esto podría sugerir que este tipo de procesamientos facilitarían la evaluación de que tan relevante, o que tan significativo a nuestra persona es un individuo en nuestro contexto social, lo cual nos podría ayudar a implementar conductas adecuadas con propios y ajenos.

Àreas de activación cerebral durante la comparación entre los juicios sobre uno mismo o sobre algún personaje conocido. Los círculos denotan las áreas frontales de la línea media que se describen en el estudio.

lunes, 18 de octubre de 2010

¿Y si hubieran sido mujeres?

Hace un par de años se publicó un estudio donde se evaluaba si las mujeres y los hombres respondían de forma diferente a ambientes con densidades poblacionales muy altas. Es decir si el vivir muy amontonados daba lugar a respuestas diferentes entre los hombres y las mujeres. La Dra Wendy Regoeczy de la Universidad del Estado de Cleveland reportó que en efecto, al parecer en general las mujeres tienden más a deprimirse, mientras que los hombres tienden más a retraerse, y según esta autora, no hay evidencias de que los hombres se vuelvan más agresivos, aunque si describe que existen algunos individuos que se vuelven más agresivos y retraídos (Journal of Health and Social Behavior, 2008).

Bueno, pues en realidad este estudio se enfocaba al efecto de vivir en ciudades con densidad poblacional muy alta, y no necesariamente a situaciones como a la que se enfrentaron los ahora famosos mineros de Chile, donde sí que había una densidad alta, pero más bien por estar atrapados en un espacio muy reducido dentro de una mina.

Diferencias de genero.

Pero, ¿qué hubiera pasado si los mineros hubieran sido mujeres en lugar de hombres?, bueno, difícil de imaginar!, pero lo que se ha observado es que las mujeres responden diferente a los hombres en situaciones de estrés. En un estudio publicado en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience, J.J. Wang y sus colaboradores, de la University of Pennsylvania School of Medicine, encontraron que una simple tarea que implicaba contar números para atrás producía respuestas de estrés que eran diferentes en hombres y mujeres. Mientras que en los hombres se favorecían respuestas típicas de “pelea o escape” en las mujeres se producían respuestas más sociales que tienden a inducir la cohesión del grupo. ¿Por qué sugieren esto? Pues porque en los hombres encontraron una mayor correlación de la liberación de cortisol (que es una medida de estrés) con la activación de la corteza prefrontal obtenida con resonancia magnética funcional, mientras que en las mujeres la activación se evidenció más bien el sistema límbico, el cual está más asociado con las emociones. Esta diferencia entre hombres y mujeres ha sido encontrada en diferentes estudios, por ejemplo, Shelley E. Taylor de la Universidad de California, reportó en Psychological Review, en el 2000, que bajo situaciones de estrés las mujeres liberan oxitocina, lo cual fomenta las conductas relacionadas al cuidado de los niños, y la disposición a estrechar lazos amistosos con otras mujeres, conductas que tienden a su vez a reducir el estrés.

Áreas de activación cerebral en hombres y mujeres bajo condiciones de estrés

Y hablando de emociones, la emoción inicial del público que quedó cautivo con esta historia de los mineros fue de alegría, sin embargo, seguramente una vez que se enfríe dicha emoción saldrán otros aspectos que pudieran ser dignos de estudiarse bajo la lupa de las ciencias sociales y que permitan entender la dinámica que ocurrió no solo entre estos mineros atrapados durante tantos días, sino la de sus amigos y familiares, y la de millones de gentes que siguieron el suceso por televisión.


lunes, 11 de octubre de 2010

El beneficio social, o de cómo estimular la dopamina sin caer en los excesos personales.

Bueno, pues como lo prometido es deuda en esta ocasión vamos a revisar un artículo de James K. Rilling, David A Gutman, Thorsten R. Zeh, Giuseppe Pagnoni, Gregory S. Berns y Clinton D. Kilts, de la Universidad de Emory, en donde reportan sus estudios sobre las bases neuronales de la cooperación social, y que fue publicado en el año 2002 en la revista Neuron.


En este estudio los autores utilizan una tarea que ha sido ampliamente usada para estudiar la cooperación social. Es una tarea que se llama “The iterated Prioner´s dilema game” o que en español sería algo así como “El juego iterado del dilema del prisionero”. Este problema consiste en lo siguiente: Supongamos que te encuentras detenido, junto con un colega tuyo, bajo la sospecha de haber cometido un crimen. Cada uno está en una sala de interrogación respondiendo a las preguntas de los detectives. Entonces uno de los policías encargado del caso te invita a que impliques a tu socio como el que cometió el crimen. Lo que pase con ustedes dos dependerá de lo que cada uno de ustedes responda a la policía. Si tu socio te traiciona implicándote a ti mientras que tu permaneces callado, entonces tu recibirás una condena muy grande, mientras que él saldrá libre, y viceversa, si tu lo implicas, entonces tu saldrás libre y el recibirá una larga condena. Ahora que, si ambos deciden cooperar entre ustedes y no se implican el uno al otro, entonces ambos recibirán una condena leve. Pero si ambos declaran en contra del otro, entonces recibirán una condena mayor a la de cuando guardaron silencio, pero menor a la que recibiría uno solo cuando el otro salió libre, como en la tabla que muestro a continuación (sacada de: http://www.iterated-prisoners-dilemma.net/).



Esquema de las puntuaciones obtenidas en el problema del dilema del prisionero.

Bueno, pues Rilling y sus colegas aplicaron esta tarea a 36 mujeres mientras obtenían imágenes funcionales mediante la técnica de resonancia magnética funcional. Una vez que obtuvieron las imágenes las analizaron y encontraron que la cooperación mutua estaba asociada a la activación consistente de áreas del cerebro que han sido asociadas al procesamiento de recompensas, como son el núcleo acumbens, el núcleo caudado, las cortezas ventromedial, orbitofrontal y la corteza del cíngulo anterior. Este hallazgo les llevó proponer a estos autores que la activación de esta red de áreas neuronales asociadas a la recompensa, refuerza positivamente el altruismo, dando lugar a una motivación para que los sujetos se resistan a la tentación egoísta de aceptar la oferta del oficial de policía de traicionar a su socio al no corresponder a la actitud de mejor mantener el silencio.


Esquema de las activaciones en dos áreas relacionadas a la cooperación social (núcleo acumbens y estriado anteroventral).

Aunque no me quiero meter en camisa de once varas, tengo que decir que el estudio sugiere que cuando realizas una acción de cooperación social en la que todos salen beneficiados (y no solamente tú) se deja venir el dopaminazo, produciendo un efecto reforzador que finalmente da lugar a un incremento de conductas a favor de la sociedad. Que tal, eh, y yo que pensaba que este circuito de reforzamiento solo servía para favoreces mis más bajas pasiones, como cuando me animo a ir a mi restaurante favorito a comer el bife de lomo que, por desgracia, sale en un ojo de la cara!.


Aquí no me aguante las ganas de poner una foto de la escena de la pelicula “The Matrix”, donde Cypher prefiere su dopaminazo virtual obtenido por comerse un jugoso bistek, a la recompenza social de no traicionar a Morpheus.

lunes, 4 de octubre de 2010

La empatía y el huracán.

En la entrega de la semana anterior hablé sobre el altruismo con la finalidad de intentar explicar el porqué había gente que iba libremente a ayudar a las comunidades afectadas por el huracán. Uno de los comentarios que recibí fue que estaba olvidando monumentalmente otro aspecto que podía ayudarnos a entender dicha generosidad, y que consistía en la empatía. En realidad no me costó nada de trabajo aceptar que la empatía con nuestros compatriotas afectados pudiera ser un factor que nos conminaba a ayudarlos. Pero, ¿Qué es la empatía? Uno podría decir basicamente que la empatía es ponerse en los zapatos de otros. De acuerdo a Frans de Waal, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Emory, (Putting the Altruism Back into Altruism: The Evolution of Empathy, Annual Review of Psychology, 2008) la empatía es: la capacidad de a) compartir y ser afectado por el estado emocional de otro, b) evaluar las razones del estado del otro, y c) identificarse con el otro, adoptando su perspectiva.



¿Como funciona la empatía?

De acuerdo a de Waal la empatía tiene dos lados, uno es el cognoscitivo, por medio del cual uno adopta los puntos de vista del otro al imaginarse uno mismo en el lugar de la otra persona, y recordando nuestras propias experiencias para darle significado a las del otro. Y el otro lado es la conexión emocional, la cual explicaría como se desarrolla la empatía, como cuando un bebé es afectado por el humor de la gente que está a su alrededor, o como algunos animales que se transmiten estados emocionales unos a otros y son capaces de responder adecuadamente a los mismos. Es por esto que no es suficiente que uno pueda ver la perspectiva del otro, sino que además tiene que haber una conexión emocional, de lo contrario no se puede llamar empatía.



Un ejemplo bien interesante de de Waal es el fenómeno de la conducta de consolación, la cual se define como el proveer contactos corporales de apoyo a otros individuos en desgracia. Supongo que la mayoría hemos visto como algún tercero llega con un individuo que recién acaba de perder, y lo consuela dándole palmadas en la espalda y los hombros. Pues de Waal ha observado esta conducta en chimpancés, pero no en monos, sugiriendo los chimpancés pudieran ser capaces de captar la perspectiva de sus congéneres, mostrando rasgos importantes de empatía.


En la foto se puede ver a un chimpancé juvenil consolando a otro chimpancé que recien había sido derrotado en un alteracado con otro de sus pares. Foto de Frans de Waal.

Bueno, pues una vez aclarado este importante aspecto, ahora si prometo en la próxima entrega escribir sobre las bases neuronales de estos procesos tan importantes que nuestro cerebro lleva al cabo.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La cooperación social y el huracán


El fin de semana pasado un huracán azotó las costas de Veracruz. Aunque la fuerza de los vientos del huracán en sí no fue tan devastadora, la cantidad de precipitación de agua que arrojó el huracán produjo que se desbordarán varios ríos en tierras Veracruzanas (e incluso en otros Estados). Este fenómeno dio lugar a que varias poblaciones quedaran inundadas por el desbordamiento de los ríos. La mayoría de las pertenencias que se encontraban en las casas de dichas poblaciones quedaron inservibles, y muchas familias perdieron desde su ropa, hasta los aparatos electrodomésticos, pasando por colchones, sillas, mesas, utensilios, etc. etc. etc…


El altruismo

Una vez que terminó de pasar el fenómeno gran cantidad de gente decidió ayudar a las comunidades en desgracia, principalmente mediante el envió de ayuda material que incluía alimento, ropa, y agua, entre otras cosas. Sin embargo para mí fue más gratificante ver la ayuda que varios voluntarios dan, la cual consiste en dedicar su tiempo. Fue una muy agradable sorpresa ver a gente que acudió a esas comunidades llevando utensilios de limpieza y poniéndose en persona a lavar, tallar, barrer y dejar habitable nuevamente las casas de los damnificados.

¿Pero cómo explicar esa conducta? ¿Por qué utilizar el tiempo de tu descanso en ir a “trabajar” para ayudar a una comunidad de gente que ni conoces? Existen varias teorías que intentan explicar este tipo de conducta. Por ejemplo, la teoría de la selección familiar o de parentesco se refiere a estrategias aparentes en la evolución que favorecen el éxito reproductivo de los parientes de un organismo, aun a costa de su propia reproducción o supervivencia. El ejemplo clásico de este tipo de conductas es el de una colonia de insectos en la cual hembras estériles se ponen a trabajar para asistir a su madre en la producción de más descendientes. Sin embargo en el caso que nos atañe muchos voluntarios no tenían familiares en las comunidades afectadas, por lo que sería difícil ajustar la teoría del parentesco a este tipo de conductas.

La reciprocidad

Otra teoría más adecuada podría ser la teoría de la reciprocidad. En términos de biología evolutiva la reciprocidad se refiere a los mecanismos por los cuales se favorece la cooperación –la conducta altruista- por la probabilidad de interacciones mutuas en el futuro. Se han postulado al menos dos tipos de reciprocidad. En la reciprocidad directa, sí existiera la probabilidad de que los encuentros entre dos individuos ocurran con frecuencia, entonces se favorece evolutivamente la adopción de una estrategia de cooperación mutua aun y cuando en el corto plazo alguno de ellos ganara mas si no coopera. Es decir, uno podría “ganar más” a corto plazo quedándose en su casa el fin de semana y no ir a ayudar a las poblaciones en desgracia. Sin embargo a largo plazo se conseguiría un mayor beneficio para ambos (el ayudador y el ayudado) si se va a ayudar a los afectados. En la reciprocidad indirecta se postula una serie de encuentros aleatorios entre los miembros de la población, por lo cual pudiera ser que dos individuos pudieran no volverse a encontrar. Si uno de ellos actúa como donante y el otro como receptor, el donante puede decidir no cooperar. Sin embargo un grupo de la población pudiera observar esta interacción e informar al resto de la población, por lo que en este caso la reputación es la que permite la evolución de la cooperación en la reciprocidad indirecta. Por ejemplo se ha demostrado que la gente que es más ayudadora es más susceptible de recibir ayuda.

Ahora bien, en el caso de la reciprocidad indirecta se pueden dar diferentes casos, como la reciprocidad en la que un acto de altruismo causa que el individuo que recibió la ayuda sea quién la proporcione posteriormente a un tercer individuo, fenómeno al que se le conoce como reciprocidad cuesta arriba. Por otro lado pudiera ser que quien ejecuta un acto de altruismo sea a su vez quien reciba ayuda posteriormente por un tercer individuo, a lo que se le conoce como reciprocidad cuesta abajo.

Ahora que, en realidad, estas disertaciones científicas tienen poco que ver con la sensación de la vivencia personal de ir a ayudar. Si, tal vez uno pudiera pensar que está actuando meramente como consecuencia de un mecanismo evolutivo, pero a fin de cuentas es igual que cuando nos comemos un delicioso pastel de chocolate acompañado de un café capuchino, el hecho de saber la fisiología de los sentidos del gusto y del olfato no quita que puedas deleitarte con ellos!.

Bueno, pues como este blog es de neurociencias cognoscitivas, no me queda más que decir que no se pierdan en la próxima edición las bases neuronales de la cooperación social.

lunes, 20 de septiembre de 2010

¿Confiamos o no confiamos en nuestras decisiones?

¿Que tan buenos somos para hacer una introspección sobre nuestro desempeño? Dicho de otra manera, ¿qué tanta confianza le tenemos a las decisiones que tomamos?
Bueno pues un grupo de investigadores del University College of London comprendido por Stephen M. Fleming, Rimona S. Weil, Zoltan Nagy, Raymond J. Dolan y Geraint Rees, se dieron a la tarea de diseñar un experimento para investigar el proceso de la introspección, así como de sus posibles correlatos neuronales. Es decir, tratar de investigar si pudiera ser posible que esa introspección mental estuviera asociada al funcionamiento de alguna región cerebral en particular. Los autores publicaron sus hallazgos en la revista Science de este mes de Septiembre bajo el título de “Relating Introspective Accuracy to Individual Differences in Brain Structure”.

¿Como lo hicieron?

Para hacer el estudio los investigadores reclutaron 32 voluntarios a los que se les mostraban dos pantallas, cada una conteniendo seis ventanas con diferentes patrones. Una de las pantallas contenía una ventana que era más brillante que el resto de las demás. La pregunta que tenían que resolver los voluntarios era si podían identificar cual pantalla contenía la ventana más brillante. Una vez que decidían, entonces se les pedía que calificaran que tan confidentes se sentían acerca de su respuesta final, lo cual implicaba el hacer una introspección sobre su desempeño. Después del experimento se escanearon sus cerebros usando resonancia magnética estructural.

El diseño experimental utilizado por los investigadores les permitió disociar la habilidad de introspección de los sujetos del desempeño de los mismos, en una simple tarea de decisión perceptual. Esto a su vez permitió determinar si la variabilidad inter-individual estaba asociada a alguna región cerebral. Bueno, pues la tarea era tan difícil que los participantes nunca estuvieron completamente seguros de si sus respuestas eran correctas. De esta manera todos los sujetos habían sido sometidos a la misma dificultad para que la toma de decisión fuera igualmente difícil para todos, y lo único que realmente varió entre los participantes era la confianza que tenían sobre las decisiones que habían tomado. Entonces, gracias a este diseño el desempeño perceptual de la tarea fue igual en todos los sujetos, sin embargo lo que si varió entre ellos fue su habilidad de introspección.


Posteriormente los investigadores compararon los volúmenes cerebrales obtenidos mediante resonancia magnética y encontraron que existía una correlación entre la habilidad de introspección y el volumen de un área específica de la corteza prefrontal. Básicamente la capacidad meta-cognitiva de cada individuo correlacionaba significativamente con la cantidad de materia gris en la corteza prefrontal anterior derecha así como con la materia blanca que conectaba específicamente con dicha área.

Esto llevó a los autores a postular que sus hallazgos apuntan a que existe un área cerebral que pudiera participar en la habilidad de introspección, y que dicha área sería distinta de la que soporta la percepción visual primaria.

¿Bueno y que con eso?

Este hallazgo es interesante porque permite que el desempeño que alguien pudiera tener en una tarea sea disociable de la confianza que se tiene en relación a su desempeño. Por ejemplo, Hakwan Lau y Brian Maniscalco ponen el ejemplo de un testigo en una corte. Si el jurado ve dos testimonios opuestos en los cuales uno de los testigos está muy confiado de su respuesta, mientras que el otro testigo se ve inseguro, entonces seguramente el jurado se inclinará a creerle al testigo seguro, pero como Fleming y colaboradores nos muestran, esa seguridad no necesariamente hace más exacto el desempeño del sujeto, sino que simplemente pudiera reflejar un proceso cerebral mas afianzado en uno de los testigos.


Una cuestión bien interesante que se desprende de estos resultados es porqué unas personas le tienen más confianza a sus decisiones. ¿Será que logran hacer una introspección mas profunda? Es decir, ¿logran hacer una metacognición de sus procesos de decisión? Esta metacognición, ¿es posible solo para algunas personas en algunos procesos?, ¿o es algo que se pudiera entrenar? No lo se, pero si que esta investigación nos abre la puerta a muchas otras preguntas que seguramente en un futuro se comenzarán a explorar.

lunes, 13 de septiembre de 2010

La ceguera nuestra de cada día parte 3. O de porqué la realidad no es como nuestra conciencia nos la pinta.

En las dos primeras partes de este tema intenté mostrar fenómenos en los que se demuestra que fácil es engañar a nuestra conciencia debido a la limitada capacidad de nuestra atención/ percepción/ memoria de trabajo. Si has seguido los dos blogs anteriores sabrás que un alto porcentaje de individuos no pudieron ver (y aquí sigue un spoiler, por lo que te recomiendo leas los otros dos blogs primero si no quieres que te eche a perder la sorpresa) los estímulos que incluían al gorila en la parte uno (o los otros cambios que también mostraban en el video) o no pudieron ver la desaparición de la coca-cola o de la gárgola en la casa de H.R. Giger.

¿Se puede engañar aun más?

Bueno, pues en esas dos entregas el engaño de la conciencia fue más bien pasivo, ya que en realidad el sujeto que las veía no tenía que hacer nada más que únicamente ver los estímulos visuales. En esta tercera y última entrega de este tema te voy a describir lo que a mí me parece aún más increíble, ya que en este fenómeno nuestra conciencia es engañada ¡incluso en nuestras propias decisiones!

La ceguera de elección

Todo comenzó con un artículo que publicaron Petter Johansson, Lars Hall y Sverker Sikström de Ciencias Cognoscitivas de Universidad de Lund, Suecia, junto con Andreas Olsson del Departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York. Este artículo que se publicó en la revista Science en el 2005 demostró que es posible que no detectemos incongruencias entre una intención específica y el resultado que obtenemos de dicha elección en una simple prueba de decisión, fenómeno al que los autores llamaron “choice blindness” o algo así como “Ceguera de elección”.

¿Como lo hicieron?

Para ir al grano te voy a platicar el experimento. Los investigadores les mostraban a los voluntarios un par de fotos que estaban montadas en cartones del tamaño de una carta de baraja. Las fotos eran de rostros de mujeres comunes y corrientes. Lo que se les pedía era que escogieran cual de las caras les parecía más atractiva en cada par. En algunos ensayos se les preguntaba inmediatamente después de su elección que dijeran verbalmente la razón de porque habían hecho esa elección. Ahora viene lo interesante: sin que los participantes se dieran cuenta, en algunos de los ensayos se hacía un truco utilizando dobles cartas con las cuales el investigador cambiaban una carta por otra. Por ejemplo, si el voluntario escogía la cara de la izquierda como la más atractiva, entonces el investigador ponía las dos cartas boca abajo y le acercaba al voluntario el cartón de la izquierda (el lado escogido). Entonces el voluntario levantaba el cartón y veía la cara para comenzar a explicar porque la había escogido. Claro que con el truco de las cartas, la carta que levantaba no tenía la cara que había escogido, sino que tenía la otra cara. Bueno pues los investigadores encontraron que en general los voluntarios únicamente detectaron un 13% de las veces el truco mientras se les aplicaba el experimento. Es decir, ¡los sujetos no detectaron un 87% de las veces que el investigador les daba a analizar la cara que no habían escogido!


Secuencia que muestra como los investigadores engañaban a los voluntarios con un truco de cartas.


Ok, hasta aquí podemos decir que los voluntarios no se daban cuenta la mayoría de las veces de que el investigador les había cambiado su elección. Sin embargo uno podría pensar que al solicitarles que describieran el porqué de su elección tal vez entonces, al confrontar explícitamente sus preferencias, se darían cuenta. Pues resulta que no. En lugar de eso los voluntarios daban explicaciones que iban desde adecuar sus comentarios al rostro con el que eran confrontados como su supuesta elección, hasta mencionar rasgos del otro rostro que obviamente no pertenecían al que estaban viendo, y sin embargo aún así no se daban cuenta.

Es por esto que los investigadores concluyeron que al evaluar que tan atractiva era una cara, los participantes no se daban cuenta que les cambiaban su elección, aún y cuando el cambio algunas veces era radical, sentando las bases para el fenómeno de “ceguera de elección”. Es decir, al parecer los voluntarios decidían basados en ciertos factores que cara les gustaba más. Pero una vez tomada la decisión, al ser confrontados con la otra cara, parecían estar “ciegos” a esos factores y más bien intentaban justificar la elección de la cara truqueada sin darse cuenta del engaño, como si su mente se tratara de justificar.

¿Esto solamente sucede con los rostros?

 
Bueno, como este blog se está alargando demasiado, solo voy a terminar comentando que los autores recientemente han demostrado que este es un fenómeno robusto que va mas allá de la categoría perceptual de rostros. En Julio de este año en la revista Cognition aparece su más reciente demostración de la ceguera de elección. Estos autores se fueron a un supermercado y pusieron un stand de té y otro de mermeladas. Allí les daban a los clientes a oler varios pares de tipos de té, o bien a probar varios pares de tipos de mermeladas. Por ejemplo, les daban a oler entre dos tipos de té (caramelo cremoso vs. canela) y les pedían que decidieran cual era el de su preferencia. Una vez que elegían les volvían a dar a oler el de su elección para que dijeran las razones por las cuales lo habían elegido. Como supondrás, en ciertos ensayos los investigadores aplicaban un truco y les daban a oler el no-elegido sin que los clientes se percataran del cambio. Pues los investigadores encontraron que utilizando pares de té como pastel de manzana vs miel, caramelo cremoso vs. canela, y anís vs. mango los clientes no detectaron el cambio alrededor de un 66% de las veces. Lo mismo paso con los pares de mermelada que incluían pares de mermelada tan disparejas como manzana-canela vs. toronja. Y claro, luego las gentes que no detectaban el cambio ofrecían grandes explicaciones de porque habían escogido la toronja en lugar de la manzana-canela, tratando de justificar la elección que en realidad nunca hicieron.


Secuencia que muestra como engañaban a los clientes con un bote de mermelada de dos fondos, cada uno con un sabor diferente.

 
¿No es increíble? Caray, cuantas veces actuamos y tomamos decisiones quesque muy concienzudamente. Claro esas decisiones después tienen un resultado. Lo que sugiere este fenómeno es que una vez que llega el resultado de nuestra elección –cualquiera que este sea- tratamos de justificarlo tal vez sin siquiera acordarnos de los factores en los que nos basamos para tomarlos. Bueno pues para terminar diré, únicamente para el beneficio de nuestra sanidad mental, que generalmente la naturaleza es más estable, y generalmente no hay un investigador que nos esté trucando lo que, queremos pensar, es nuestra realidad.