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lunes, 9 de julio de 2012

El estrés y esa afortunada plasticidad cerebral

A todos nos ha pasado que tenemos temporadas en las que poco a poco se nos va acumulando el estrés. Por ejemplo, me acuerdo de que cuando presenté mi examen para obtener el grado de Doctor en Investigación Biomédica, pase unos meses durísimos completando algunos experimentos y terminando de pulir la tesis. La puntilla del estrés llegó en el momento cuando me asignaron al jurado y me encontré con algunos nombres que al ser pronunciados, a más de uno le producían contorciones intestinales incontrolables. Recuerdo que había momentos que rayaban en la desesperación porque que por más que estudiaba, el cerebro parecía haber ya dado todo de sí. Bueno, pues ahora unos años después (no digamos cuantos…) me encontré con una joya de artículo publicado unos años atrás. El artículo en cuestión se titula “Psychosocial stress reversibly disrupts prefrontal processing and attentional control”, o algo así como “El estrés psicosocial deteriora reversiblemente el procesamiento prefrontal y el control de la atención”. Este artículo publicado por Liston, McEwen y Casey, de las universidades de Cornell y Rockefeller fue publicado en el PNAS en Enero del 2009.


¿Qué hicieron?

Bueno, pues estos autores diseñaron un experimento bien ingenioso. Lograron reclutar a 20 sujetos cuatro semanas antes de que presentaran exámenes académicos importantes en sus vidas (como sería un examen profesional, o un examen de admisión a la universidad) y les evaluaron el nivel de estrés así como su actividad cerebral al realizar una tarea cognitiva que requería altos niveles de atención. De esta manera pudieron saber realmente a cuanto estrés estaban sometidos, y como funcionaba su cerebro bajo esa presión. Después de esto, los investigadores volvieron a evaluar a los mismos sujetos un mes después de que habían presentado sus exámenes, es decir, dos meses después del primer experimento, ya que estaban mas relajados. Los investigadores también evaluaron a un grupo de sujetos que no estuvo sometido a estrés y el cual sirvió como grupo testigo.

¿Qué encontraron?

Pues los resultados que reportan son muy interesantes. Para empezar sus resultados confirmaron que los sujetos que iban a presentar los exámenes realmente estaban más estresados que el grupo control. Después, en el estudio del nivel de atención, los autores encontraron que había una correlación negativa entre el nivel de estrés y la capacidad de atención, es decir, a mayor estrés mas pobre era la atención de estos sujetos. Estas deficiencias correlacionaron con la integridad funcional de la red atencional que incluye a la corteza prefrontal dorsolateral y sus conexiones con otras estructuras como la corteza premotora, la corteza parietal posterior y la ínsula.


Bueno, pero y ¿qué pasó después?

Ahora bien, la historia termina con el segundo estudio, el cual se realizó un mes después de los exámenes. En dicho estudio los investigadores encontraron que los sujetos ya habían bajado significativamente sus niveles de estrés, habían mejorado su desempeño en la tarea de atención, y su conectividad funcional neuronal ya eran similar a la del grupo control. Este les sugirió a los autores que en efecto, el estrés crónico tiene una consecuencia negativa sobre los procesos cognoscitivos que se puede medir conductual y fisiológicamente, pero que, una vez que los individuos son liberados de dicho estrés, el sistema puede revertir exitosamente dichos efectos.  


Un final feliz

Aquí debo de mencionar que me fue bien en el examen doctoral y que, gracias a ello, me pude ir de postdoc al Laboratory of Neuropsychology, en el NIMH, donde, ya libre del estrés doctoral, mi cerebro se regocijó aprendiendo una barbaridad de cosas interesantes. Claro que como siempre ocurre en la ciencia, aún quedan muchas preguntas por resolver, como por ejemplo, ¿que pasaría si no hubiera pasado el examen?, bueno mejor no quiero ni pensarlo, ya lo podremos platicar en otro blog. Por lo pronto, ahora a tratar de bajar el estrés aprovechando estas vacaciones veraniegas, a ver si así ya logro terminar de escribir ese artículo que nomás no termina de cuajar!


domingo, 10 de junio de 2012

Que ortografía mas mona!


Uno de los grandes problemas que tengo es mi pésima ortografía. Incluso de repente se me escapa una que otra falta aquí en el blog pese a que lo reviso con el corrector de palabras de Word. Los expertos en este tema consideran que el análisis visual de las letras y su posición en las palabras es uno de los primeros pasos en el proceso de lectura, además de ser dependiente del lenguaje. Sin embargo, existe una hipótesis alternativa, que sugiere que en realidad el procesamiento ortográfico no surge a partir de nuestra capacidad de lenguaje, sino que se deriva más bien de nuestra capacidad de reconocimiento de objetos.

Bueno, pues recientemente Jonathan Grainger, junto con sus colaboradores Stéphane Dufau, Marie Montant, Johannes Ziegler y Joël Fagot, del CNRS y Aix-Marseille University, publicaron en el mes de Abril en Science el estudio titulado “Orthographic Processing in Baboons (Papio papio)”, que sería algo así como “El procesamiento ortográfico en Babuinos”.  La hipótesis detrás del estudio era que si los babuinos aprendían a distinguir la ortografía, entonces la capacidad de procesamiento ortográfico no podía depender de la pre-existencia del lenguaje, y por lo tanto podría depender más bien del procesamiento visual.

¿Que hicieron?.

A diferencia de otros estudios con primates, estos babuinos viven en unas instalaciones abiertas donde los individuos podían desplazarse libremente dentro de las mismas instalaciones durante la duración del estudio. Para poder evaluarlos, los investigadores pusieron unos cubículos donde había monitores sensibles al tacto. Los primates podían entrar libremente a los cubículos cuando querían trabajar en la tarea para obtener recompensas. La tarea consistía en discriminar palabras de 4 letras seleccionadas aleatoriamente como “wasp” o “kite”, de estímulos generados artificialmente con 4 letras pero que no eran palabras, como “stod”. Para que los babuinos aprendieran la estructura ortográfica de las palabras en inglés, al principio los investigadores presentaron una proporción más alta de palabras. Sin embargo la prueba crítica a su hipótesis consistió en la medición de las respuestas en la segunda fase del experimento, en la que median la respuesta a la introducción de palabras nuevas. Por ejemplo, si los primates habían aprendido la estructura ortográfica de las palabras en inglés, entonces tendrían que clasificar el estímulo “kill” como palabra, mientras que tendrían que clasificar a “ikll” como no palabra, ya que en inglés existe una mayor frecuencia de palabras que contienen una i después de una K  que el caso opuesto.



¿Que encontraron?

Los resultados mostraron que los babuinos alcanzaron un 75 % de respuestas correctas. Esto les sugirió a los autores que los babuinos fueron capaces de usar información ortográfica para discriminar eficientemente las palabras de aquellas tiras de letras que no formaban palabras. Para demostrar que aprendieron la estructura ortográfica, también analizaron el desempeño en los estímulos que no eran palabras de acuerdo a la similitud ortográfica con las palabras. Es decir que tan alejada estaba la estructura de un estímulo con relación a la precisión en clasificarlo como palabra o no palabra. Los investigadores encontraron una sensibilidad ortográfica similar entre los seres humanos y los babuinos.



El estudio implica que este tipo de procesamiento ortográfico no depende de tener un lenguaje previo, sino que depende más bien de la capacidad de la identificación visual de objetos. Esto sugiere que los circuitos neuronales implicados en la lectura no evolucionaron para leer, sino que posiblemente estaban involucradas en la identificación de estímulos visuales, y fueron aprovechadas para el desarrollar la lectura, que apenas surgió hace unos 5,400 años – lo que evolutivamente hablando, es muy poco tiempo.

¿Y a mi, qué?

Este hallazgo me ayuda a entender un aspecto de mi vida que siempre me he cuestionado. ¿Como es posible que siendo un fan declarado de la lectura, pueda yo tener tan mala ortografía? Pues al parecer mi mala ortografía pudiera estar ligada a mis deficiencias visuales que son por todos conocidas. No es que esto sea un consuelo, pero por lo menos ya me puedo sacar de la manga mi deficiencia visual cada vez que me equivoque. Claro que el paso que seguiría sería el de tratar de acoplar este estudio con otro que sugiere que no ipmotra el odren en el que las ltears etsan ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera esten ecsritas en la psiocion cocrrtea. El rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima preo la paalbra es un tdoo.  En fin, todo esto Pesornamelnte me preace icrneilbe...

sábado, 28 de abril de 2012

Y Me Quede Como El Chinito…


Cada vez que interactuamos con alguien, aparte de la comunicación verbal, estamos utilizando nuestro lenguaje corporal y mayormente nuestras expresiones faciales para enviar mensajes codificados acerca de cómo nos sentimos con respecto a nuestro ambiente en cada momento. Digamos, como cuando estas en un parque y un chiquillo te tira sus jícamas con chile en tus zapatos nuevos haciéndote enojar,  pero justo en ese momento aparece una hermosa mujer diciéndote que lo siente, con lo que dejas tu enojo a un lado y tratas de hacerte el interesante diciéndole a su hermanito que no importa y haciendo tu cara de buena gente…  hasta que aparece un tipo que resulta es el marido y trae una cara como de chango al darse cuenta de tus malas intenciones. Entonces te das cuenta que la chava no era la hermana del niño y no te queda mas que salir huyendo por tu propia seguridad.


Investigadores en el área sostienen que la comunicación verbal entre individuos únicamente representa menos del 25% del total de información que intercambiamos cuando interactuamos en sociedad, lo que quiere decir que nos comunicamos mas con nuestro lenguaje corporal que con palabras.


Desde los tiempos de Darwin se ha debatido acerca de si nuestras expresiones faciales básicas son universales, es decir si las expresiones faciales son las mismas aquí y en China.  Paul  Ekman, quien ha dedicado su vida a estudiar las expresiones faciales, postula que si existen seis emociones faciales universales, que son Felicidad, Sorpresa, Miedo, Asco, Ira y Tristeza, por lo que en teoría podías estar seguro que aquí o en china podrías saber si tenias que correr cuando le vieras la cara al marido de la hermosa mujer en el parque. Todo esto puede sonar muy lógico ya que al menos en mi caso nunca he tenido problemas para saber si tengo que correr o no cuando veo un rostro enojado. Sin embargo, parece ser que en realidad esta universalidad no es tan universal. Rachel E. Jack y un grupo de investigadores de la universidades de Glasgow y Fribourg acaban de publicar en el PNAS de este mes un artículo titulado “Facial expressions of emotion are not culturally universal” o en mexicano “Las expresiones faciales emotivas no son culturalmente universales”, donde sugieren que individuos de una cultura no necesariamente podrán identificar las expresiones emotivas de otra cultura por muy raro que esto nos pueda parecer.

¿Como lo hicieron?

Primero reclutaron 30 sujetos de alrededor de 22 años y los dividieron en dos grupos 15 caucásicos europeos y 15 asiáticos chinos, siendo la mitad de cada grupo mujeres. Se evaluó mediante un cuestionario que los sujetos seleccionados tuvieran muy poco conocimiento de la otra cultura. Antes del experimento estabilizaron la familiaridad con las categorías de emoción preguntándole a los sujetos sinónimos y descripciones de cada emoción. Posteriormente les mostraron a los sujetos 4,800 rostros que incluían las 6 emociones básicas con cinco niveles de intensidades y distribuidas equitativamente en ambas razas (utilizando imágenes hechas por computadora que parecían reales), y midieron el tiempo en que cada sujeto se tardaba en contestar que emoción estaba observando.

Finalmente y después de un exhaustivo (pero tedioso) análisis, estos investigadores encontraron que los sujetos occidentales identificaban muy bien las emociones presentadas, mientras que los orientales tenían dificultades en cuatro de las seis emociones universales. También comentan que los rasgos a los que los orientales ponían mas atención son los ojos y la boca, reflejando la cultura popular de los emoticonos donde (^.^) es feliz y (>.<) es enojado, dejando de lado otros movimientos faciales que en occidente utilizamos para distinguir entre emociones. Con estos datos, los investigadores proponen que la percepción de las expresiones faciales en cada observador esta modulada por su entorno social.


 Tomando esto en cuenta la próxima vez que vaya a dar un paseo por la china y en el parque un chinito me tire sus fideos en los zapatos y su mamá aparezca con un rostro de “lo siento”, mejor voy a decir “zao shang Hao” o buenos días, y me largo, para no esperar a que aparezca el marido, ya que por lo que dicen estos investigadores lo mas seguro es que en ese entorno yo no sea capaz de saber si el marido esta enojado y me vaya a terminar sacando a golpes de karate!.


Entrada colaborada por: Carlos Hernández Castillo. Doctorado en Neuroetología. Universidad Veracruzana.

sábado, 7 de abril de 2012

La pobreza neuronal o la falta de habilidades sociales.

¿Alguna vez te ha tocado ver cuando la mamá de un chavito que no quiere prestar sus juguetes  llega y le dice a su hijo que no sea egoísta y que tiene que aprender a compartir? En realidad no es una escena poco común cuando los niños son pequeños, sin embargo, a medida que estos crecen poco a poco van realizando acciones mas justas sin que sea necesaria la intervención materna.  De hecho, estas habilidades que los padres van fomentando durante el desarrollo, son finalmente muy útiles para desenvolverse positivamente en la sociedad.



Bueno, pues en el mes de Marzo de este año, Steinbeis, Bernhardt, y Singer del Instituto Max-Planck y de la Universidad de Zurich, publicaron en la revista Neuron un artículo titulado “Impulse control and underlying functions of the left DLPFC mediate age-related and age-independent individual differences in strategic social behavior”, lo que sería algo así como “El control de los impulsos y funciones subyacentes de la corteza prefrontal median las diferencias individuales dependientes e independientes de la edad en la conducta social estratégica”.  Pues este mega título que casi abarca la mitad del blog básicamente quiere decir que estos investigadores midieron que tanto estaban dispuestos 146 chavitos de entre 6.9 y 14.4 años, a compartir una cantidad de dinero dadas dos tipos de situaciones distintas.

¿Que hicieron?

Las situaciones que usaron los investigadores, y que han sido ampliamente estudiadas por los economistas, son el juego del ultimátum y el juego del dictador. En el juego del ultimátum dos participantes, uno el que propone y otro el que responde, necesitan negociar la división entre ellos de cierta cantidad de dinero. El proponente puede ofrecer una parte del total, la cual el respondente puede aceptar o rechazar. Si decide aceptar, el dinero es dividido como se propuso, sin embargo si no decide aceptar, entonces ningún jugador recibe dinero, por lo que el proponente necesita considerar que se puede quedar con nada si le rechazan la oferta. En esta condición el proponente tiene que ejercer un alto control conductual para actuar de forma estratégica cuando hace su oferta. Por otro lado, en el juego del dictador el respondente solo puede aceptar la oferta incondicionalmente, por lo que en esta situación la propuesta del proponente representa que tan generoso y justo es. Como no hay ningún castigo en esa instancia, entonces no se necesita control conductual. Los autores consideran que la diferencia en el ofrecimiento del dinero entre ambos juegos provee una medida de la conducta estratégica social que ejerce el proponente.

¿Que encontraron?

Bueno, pues siguiendo este protocolo los autores encontraron que el nivel de conducta estratégica se incrementaba con la edad. Por ejemplo los niños más chicos tendían a aceptar más fácilmente una oferta injusta, como sería el recibir únicamente una quinta parte del monto total.  Sorprendentemente los autores encontraron que el incremento de la conducta estratégica no correlacionaba con la empatía, o la toma de riesgos, o la inteligencia, sino que correlacionaba con la capacidad de controlarse en una simple tarea de inhibición de la respuesta. A su vez, en una segunda fase del estudio, los autores encontraron que la conducta social estratégica, así como  la edad, estaban relacionadas al grosor cortical y a la actividad funcional de la región dorsolateral de la corteza prefrontal izquierda. Vale la pena mencionar que esta región cortical ha sido relacionada anteriormente a la inhibición de la respuesta en sujetos adultos, la cual a su vez se ha demostrado que sirve como un predictor del desempeño del desempeño académico y social.


Estos resultados son bien interesantes porque dan una medida real a la vieja expresión de “te falta madurar”. Aquí realmente los autores demuestran que la pobre estrategia social que se va incrementando con la edad se puede correlacionar con el grosor de una región específica de la corteza cerebral. Bueno, pues la próxima vez que tus chavitos, o tus sobrinitos o los hijitos de tus vecinos no quieran compartir, pues ya sabes que todavía están desarrollándose y debes de tener paciencia. Lo malo es cuando el gandalla es un adulto que trata de abusar de los demás en cualquier situación, ahí si que se puede decir literalmente que el tipo está pobre de neuronas!



sábado, 25 de febrero de 2012

La adicción a la cocaína o de porque abstenerse a comer un delicioso pastel de tres leches.

El propósito de tomar decisiones es el poder elegir el curso de acción óptimo a partir de varias opciones posibles. Es decir, si tenemos varias opciones de acción y tenemos que elegir una de ellas, debemos de tener las herramientas para poder elegir la que nos de el mejor resultado. Por ejemplo, si voy a comer a un buen restaurante tengo la opción de decidir si al final como o no un delicioso pastel de tres leches. Entonces tengo varias opciones, pedir un pastel para mi solo, pedirlo para compartirlo con mi acompañante, o de plano no pedir el pastel. Para tomar la decisión optima tendría que evaluar varios factores, como que tan bien ando de peso, que tanto conozco a la persona con quién estoy comiendo en el restaurante, cuanto dinero traigo, que tan buena fama tiene ese restaurante con los postres, o incluso hasta cuanto tiempo tengo para acabar de comer (si tengo que regresar a la oficina, o tengo boletos para ir al cine, etc…).


Bueno, pues en el último número de Nature Neuroscience, Lucantonio, Stalnaker, Shaham, Niv, y Schoenbaum de las Universidades de Maryland y Princeton y del NIDA, acaban de publicar una revisión titulada “The impact of orbitofrontal dysfunction o cocaine addiction”. Bueno, pero y mi introducción, ¿que tiene que ver con este artículo? Pues tiene que ver en el sentido de que en esta revisión los autores analizan la adicción a la cocaína desde la perspectiva de las malas decisiones y pobre juicio que muestran los adictos y su posible relación con el funcionamiento de la corteza orbitofrontal (que es una región de la corteza cerebral que se encuentra en el lóbulo frontal).


Los autores hacen énfasis en la conducta de los adictos que se caracteriza por el uso compulsivo de la droga a pesar de las malas consecuencias que esto tiene. Por ejemplo pueden dejar de hacer actividades importantes para su vida en sociedad por dedicarse a buscar la droga, o pueden perder el control del consumo de la droga a pesar de querer reducirlo, o abolirlo por completo. Según los autores, es posible entonces pensar que los adictos pierden el control del consumo de la droga en parte porque a la hora de tomar decisiones no son capaces de incorporar las consecuencias tan negativas del uso de la droga en su salud o su vida social.


Pero ¿Por qué ocurre esto?, bueno pues los autores proponen que la cocaína induce cambios en el funcionamiento de la corteza orbitofrontal. Esta corteza es crítica en el proceso de toma de decisiones, como lo ejemplifica el caso de Phineas Gage. Este señor era un capataz que trabajaba en la construcción de las vías del ferrocarril en Estados Unidos. Un día mientras aplanaban el terreno para tender mas vías, le explotó una dinamita que mandó volando un palo de metal que le perforó la cara atravesándole el cráneo y seccionando su corteza orbitofrontal. Sorprendentemente Phineas sobrevivió, pero a partir de ese día su conducta era completamente desinhibida, altanera, violenta y brabucona. Es decir a partir de ese día Phineas no fue capaz de evaluar el contexto social, o de evaluar las consecuencias de sus acciones a mediano o a largo plazo. Sus acciones se enfocaban a responder y a satisfacer las necesidades del momento presente.


Queda claro que aunque la alteración de la corteza orbitofrontal pudiera ser un factor en la pobre toma de decisiones en la adicción a la cocaína, pues no es el único factor. De hecho, la intención de los autores no es plantear ese panorama, sino el de recalcar que el problema de la adicción es un problema con muchas aristas que se tienen que ir entendiendo para poder lograr un tratamiento óptimo a este gran problema.

Finalmente, ¿y que con el pastel de tres leches?, bueno solamente valdría la pena decir que es bueno de vez en cuando checar la realidad de nuestro poder de decisión. Phineas Gage lo pediría inmediatamente…pero yo.. ¿Puedo estar en ese restaurante con muy buena compañía, con todo el tiempo del mundo, y con la cartera recién recargada en la última quincena y no pedir el pastel de tres leches?, mmm bueno eso dependería de como anda mi colesterol!


viernes, 13 de enero de 2012

Del Origen a Matrix mientras gozamos un poco de café en la resonancia magnética

Alguna vez has pensado en como es que se te ocurre una idea?, o cual es el origen mas profundo de algún pensamiento en particular? Investigar eso sería un tema apasionante, casi como de ciencia ficción o película de Hollywood...¡como  “Inception” con Leonardo DiCaprio!  Donde le tratan de meter una idea a un tipo en su mente sin que el tipo piense que ha sido manipulado.




La verdad si suena como de película de ciencia ficción, pero ya sabemos que luego la realidad puede llegar a igualar o incluso superar a Hollywood. Pues en un artículo calientito recién publicado en diciembre en la revista Science hicieron un experimento que realmente parece ciencia ficción. Kazuhisa Shibata, Takeo Watanabe, Yuka Sakki y Mitsuo Kawato de los Laboratorios Internacionales de Neurociencias Computacionales en Kyoto, Japon publicaron el artículo titulado “Perceptual learning incepted by decoded fMRI neurofeedback without stimulus”, que sería algo así cómo  “Aprendizaje conceptual sin estimulación iniciado por neuro-retroalimentación por fMRI decodificado“.

Bueno, pues simplemente el título ya está como para hacer una tesis! Voy a tratar de explicarlo paso por paso. Cuando dicen aprendizaje perceptual se están refiriendo a un tipo de aprendizaje que está relacionado específicamente a los sentidos. Por ejemplo, si tu eres como yo, podrás distinguir claramente el sabor de la Pepsi contra el de la cocacola, pero si en cambio me dan a escoger dos tipos de café, pues difícilmente yo los distinguiría (espero no estarme quemando con mis cuates Veracruzanos!). Pues el poder discriminar entre esos sabores es un tipo de aprendizaje perceptual. Y como ese ejemplo hay muchos. En el caso de este artículo ellos utilizan la modalidad visual, pidiéndole a los sujetos que discriminen la orientación de diferentes estímulos tipo Gabor (no se me espanten, ahí pongo la ilustración de unas como rejillas de tiras blancas/negras que son los típicos estímulos conocidos como “Gabor patch”).




Ok, siguiendo con el título, luego dicen que utilizan neuro-retroalimentación. Lo nuevo aquí es el pedacito de “neuro”, porque lo de retroalimentación es mejor conocido. Por ejemplo cuando te devuelven la calificación de tu examen te están dando retroalimentación de tu aprendizaje … en teoría!. O por ejemplo si tiras pelotas de basquetbol a la canasta, pues tienes que ver a donde pega la pelota y ese acto de ver te da la retroalimentación de como tirar, si mas a la derecha o a la izquierda. Total que la retroalimentación es lo que usa nuestro cerebro para saber como se está desempeñando prácticamente en cualquier situación de aprendizaje. De hecho hay clínicas que ofrecen terapia de retroalimentación donde te enseñan como relajarte y controlar tu respiración, etc… y que son conocidas como bio-feedback. 

Bueno, pues acá lo novedoso es, como dije antes, lo de “neuro” y es lo que realmente destaca del paper, y supongo que es la razón por la que lo publicaron en Science. Ok, aquí va la explicación: En la primera fase del experimento los investigadores les presentaron a los sujetos rejillas de Gabor y les pedían que identificarán la inclinación de los mismos. Como los sujetos no eran expertos pues difícilmente lograban diferenciar entre inclinaciones que variaran en unos cuantos grados. Posteriormente los investigadores le piden a los sujetos que entren al aparato de resonancia magnética. Una vez ahí, les presentan ahora tres estímulos de Gabor, cada uno con una inclinación diferente de la rejilla. Mientras los sujetos ven estos estímulos, los investigadores toman imágenes de resonancia magnética funcional para ver las activaciones cerebrales específicas para cada uno de los estímulos en cada uno de los individuos.




Ya que capturaron las respuestas cerebrales específicas de cada estímulo en cada individuo analizaron como eran dichas activaciones en la corteza visual. Bueno, ahora viene lo más increíble: citan a los sujetos nuevamente a la resonancia magnética y les muestran un círculo en una pantalla. Ahora les dicen que lo único que tienen que hacer es pensar en lo que se les antoje para hacer que ese círculo crezca. De mientras los investigadores están tomando imágenes de resonancia magnética funcional de sus cerebros y decodificando las activaciones y analizándolas con una computadora, de tal manera que cada vez que su activación iguala a la actividad cerebral que se dio en la corteza visual al ver específicamente uno de los estímulos de Gabor, entonces el círculo crece. Los sujetos no tienen idea de como logran hacer crecer el círculo porque ellos están pensando en lo que se les antoja!, pero el análisis por computadora identifica que la estimulación de la corteza visual iguala a la que se dio cuando el sujeto vio el estímulo de Gabor que se le asignó como entrenamiento, y entonces hace crecer el círculo.

Finalmente el estudio culmina espectacularmente. Después de unos días de “entrenamiento” (lo pongo entre comillas porque los sujetos no tuvieron ni idea de que los científicos estaban entrenando a su cerebro) los sujetos regresan una última vez al laboratorio. Entonces los investigadores les muestran nuevamente rejillas de Gabor que variaron en unos cuantos grados, al igual que lo hicieron el primer día, y el resultado fue que los sujetos mejoraron significativamente su desempeño para distinguir las pequeñas diferencias de orientación en la orientación en la que se les entrenó, pero no en las otras orientaciones!

Realmente es un hallazgo brutal. En resumen lo que hicieron los investigadores fue encontrar el patrón de activación neuronal ante un estímulo específico, pedirle al sujeto que inconscientemente  igualara ese patrón de actividad neuronal, y finalmente medir que ese entrenamiento mejoraba el desempeño específicamente en la tarea que daba lugar a ese patrón de actividad neuronal originalmente, sin que hubiera sido entrenado en esa tarea, ni el mismo sujeto supiera como fue que aprendió!!!.




Caray, eso me recuerda también un poco a la película de Matrix, donde le insertan a Neo el conocimiento del Jiujitsu!, wow, es increíble, claro que no estamos hablando a ese nivel, pero ya aterrizando un poco, esto podría tener utilidad para pacientes que tuvieran alguna perdida perceptual o motora. Que tal que logran fomentar la plasticidad cerebral de tal manera que aunque a través de este tipo de retroalimentación logren mejorar su habla, o sus movimientos después de un accidente cerebrovascular!.





En fin, por eso me gusta la ciencia, por hallazgos como este. Ahora me voy a tomar una buena taza de café para seguir trabajando, igual y logro convertirme en todo un barista sin necesidad de meterme al resonador! 

domingo, 25 de diciembre de 2011

¿De que se acuerdan los bebés?


Ahora que andamos en las fiestas decembrinas uno se pregunta sobre cuál es la primera navidad de la que uno se acuerda. Es algo difícil de responder porque en lo particular yo tengo memorias de navidades de cuando yo era pequeño, pero como que me acuerdo de algunos detalles en particular de una u otra navidad. De hecho, el asunto de lo que uno se puede acordar de niño es un tema de interés para los estudiosos de la memoria. En el último número de Psychological Science de este año Melissa Kibbe y Alan Leslie de las universidades de Johns Hopkins y Rutgers respectivamente, publicaron un artículo titulado “What do infants remember when they forget?, Location and identity in 6 month old´s memory for objects”.

¿Qué hicieron?


En este estudio los investigadores exploran la memoria visual de bebés de 6 meses. Primero familiarizan a los bebés con dos objetos, un triángulo y un circulo, los cuales movían de adelante hacia atrás de la mesa donde los habían colocado. Posteriormente, ya durante el experimento los investigadores hacían lo mismo pero ahora ponían las figuras detrás de pantallas opacas que bloqueaban la vista del estímulo. Después de un retardo, se levantaba la pantalla y se medía la reacción de los niños. El punto crítico era ver que hacían los bebés en tres condiciones diferentes, cuando el objeto volvía a estar detrás de la pantalla donde lo habían puesto, cuando los objetos habían alternado de pantalla, o cuando habían desaparecido.

¿Qué encontraron?

Los investigadores encontraron que, como era esperado, los niños no se sorprendían cuando al levantar las pantallas los estímulos seguían ahí. Ahora lo interesante es que los bebés no se sorprendían cuando se cambiaban de lugar los estímulos, pero si cuando los estímulos no estaban detrás de la pantalla. Esto les sugirió a los investigadores que los bebés no se acordaban en donde habían visto cada uno de los estímulos, pero que si recordaban que habían puesto los estímulos detrás de las pantallas!



Este experimento es una pieza más del rompecabezas que el problema de la memoria infantil. Sugiere que aunque los bebés no recuerden exactamente un estímulo, si recuerdan que lo vieron. O sea que si estas navidades un grandulón se quiere pasar de listo llevándose los dulces o los regalos de un pequeñin, pues ya sabe, el bebé sabrá que su regalo que estaba ahí, ahora ya no está. Claro que ahora a cuidar que no les cambien el regalazo por un cuerno bien retorcido!, de eso si que no se acordarán…