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lunes, 9 de mayo de 2011

De porque tu mamá te quiere aunque seas un hijo desobediente.



Seguramente todos hemos conocido a algunos individuos que de verdad es imposible pensar que alguien los quiera. Son esos de los que sin mas ni mas se les puede decir que no tienen madre. ¿porque? Pues simplemente porque si la tuvieran, entonces seguramente esos desdichados tendrían aunque sea una persona en el mundo que los quisiera, y eso sería muy difícil de creer. Pero, ¿como es posible que las madres quieran tanto a sus hijos, aun y cuando dichos individuos pudieran ser todas unas fichitas?

Pues esta pregunta no ha escapado a la curiosidad científica. Ha habido muchos estudios preocupados por entender la relación afectiva entre madre e hijo, pero como este es un blog de neurociencias cognitivas, pues les voy a hablar de un estudio que investigó las bases cerebrales del amor maternal. En el año 2003, Andreas Bartels y Semir Zeki, del University College of London publicaron en la revista NeuroImage un estudio donde analizaban las bases neuronales del amor maternal.

¿Que hicieron?

Estos investigadores utilizaron resonancia magnética funcional para medir la actividad cerebral de madres mientras veían fotos de sus hijos o de hijos de otras señoras. En el mismo estudio también compararon la activación cerebral de cuando veían fotos de sus hijos, o fotos de sus mejores amigos o de personas simplemente conocidas. Bueno, pues los resultados fueron bien interesantes. Básicamente encontraron que, a diferencia de cuando las madres veían otros niños, cuando veían a sus hijos se activaban dos tipos de áreas. Unas relacionadas con las hormonas vasopresina y oxitosina, que se ha demostrado ampliamente que refuerzan los lazos humanos y facilitan las relaciones sociales, y las otras áreas relacionadas en el procesamiento de las recompensa, que son áreas que se prenden cuando llegan estímulos, que a través de la activación de este sistema de recompensa nos producen placer, como sería la comida. Otro hallazgo interesante de este estudio fue que también encontraron que durante la presentación de las fotos de sus hijos bajó la actividad de regiones asociadas con emociones negativas, así como regiones relacionadas a la generación de juicios sociales, como sería la amígdala, la unión parietotemporal o la parte medial de la corteza prefrontal.



Los autores encontraron que son varias las regiones de activación que se sobrelapan entre el amor maternal y el amor romántico, como serían el sistema de recompensa, la desactivación de la maquinaria asociada con las evaluaciones críticas en la sociedad, así como las emociones negativas. Esto les sugiere a los autores que tanto en el amor maternal, como en el amor romántico se da un mecanismo por el cual se reducen las emociones negativas, las conductas de evitación y de evaluación social, y por el otro lado se disparan mecanismos involucrados en la recompensa y el placer. Tal vez eso podría explicar porque algunas madres cuando se encuentran con sus bebés literalmente dicen que se sienten enamorados de ellos, estén como estén.
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Bueno, pues esto nos ayuda a también a entender como es que esas madres tan aludidas por culpa de sus hijos, los quieren a pesar de todo. Aunque viéndolo de un lado positivo, ese mecanismo de amor maternal también aplica para el resto de los mortales, por lo que afortunadamente, la mayoría pudimos gozar de la formidable experiencia de tener, o haber tenido, una madre que nos quiso.
 

lunes, 25 de abril de 2011

La letra con sangre entra. Pero duraría mas con una buena recompensa.

Aquellos que fuimos a escuelas tradicionales no nos escandalizaba la máxima de “La letra con sangre entra”, ya que no era raro que el maestro tirara un buen pedazo de gis a algún alumno distraído, o incluso hasta el típico borradorzaso cuando se llegaba a los extremos. Eso sin contar con el reglazo en las manos, o el estar parados en el patio con las manos alzadas durante toda la hora hasta que el maestro se acordaba de que te había mandado castigado. Bueno, pues aunque esas medidas cada vez caen mas en desuso por las nuevas teorías educativas que son mas humanistas, pues no falta el maestro resentido que aún rememora su omnipotencia en el salón de clase sosteniendo esa postura bajo la sangrienta máxima ya mencionada.




Afortunadamente la ciencia actual está ayudando cada vez mas a desbaratar esos mitos populares. Recientemente se acaba de publicar un estudio en Current Biology donde se le da una buena estocada a la idea de que es con el castigo como mejor se aprende. El artículo en cuestión lo escribieron Abe, Schambra, Wassermann, Luckenbaugh, Schweighofer, y Cohen, del National Institute of Neurological Disorders and Stroke, y de la University of Southern California, y se titula “Reward Improves Long-Term Retention of a Motor Memory through Induction of Offline Memory Gains”, que quiere decir algo así como: “La recompensa mejora la retención a largo plazo de la memoria motora a través de la inducción de ganancias mnemónicas fuera de línea”.


¿Que hicieron?

Pues estos investigadores hicieron un experimento bien sencillo. Entrenaron a tres grupos de voluntarios a mover un cursor con forma de cuadrito en una pantalla de computadora. Pero a diferencia del mouse común y corriente, para poder mover ese cursor tenían que apretar un transductor de fuerza. Es decir, apretando un aparatito con el dedo índice y el pulgar lograban que se moviera el cuadrito. Mientras mas fuerte el apretón, mas rápido se movía el cuadrito. El objetivo era meter ese cuadrito dentro de un cuadro mas grande que se movía constantemente, y mantenerlo allí por un periodo de tiempo.

 
Pues los tres grupos fueron entrenados en esta tarea tan sencilla. Pero, ¿Cuál era la diferencia entre los grupos? Pues a un grupo control le dieron 40 dolarucos por participar y listo. A los miembros del segundo grupo -el grupo “castigado”- le dieron 72 dolares al comienzo del experimento, pero cada vez que se equivocaban le descontaban dinero, de tal manera que al final se quedaron con alrededor de 40 dolares. Y finalmente el tercer grupo – el grupo “recompensado”- comenzó con cero dolares, pero les dijeron que a medida que tuvieran éxito les irían dando dinero, de tal manera que al final del experimento también se quedaron con alrededor de 40 dolares.


¿Que encontraron?

Lo que encontraron los investigadores es que los tres grupos mostraron el mismo aprendizaje al final del entrenamiento. Hasta ahí ninguna sorpresa. La siguiente prueba fue a las 6 horas, luego a las 24 horas y finalmente a los 30 días después del entrenamiento. Ninguno de los sujetos en ninguno de los grupos fue expuesto nuevamente a la prueba fuera de estos días. Lo que encontraron los investigadores fue que a las 6 horas los tres grupos seguían ejecutando la prueba bastante bien, pero el grupo que tuvo las recompensas comenzaba a sobresalir. A las 24 horas este mismo grupo mostró mejorías offline (que quiere decir que aun sin seguir entrenando, ¡mostró mejorías!). Bueno, y finalmente a los treinta días, este grupo retuvo las ganancias experimentadas a las 24 horas, mientras que los otros dos grupos mostraron un olvido significativo.




¿Que quiere decir esto?


Estos resultados son indicativos de que los sujetos tienden a consolidar mejor su aprendizaje si son recompensados, a diferencia de los grupos neutros y castigados que, aunque inicialmente aprendieron, olvidaban mas rápidamente lo aprendido. Pero, ¿Por qué ocurre este fenómeno?, bueno, pues lo que se piensa es que los sistemas de recompensa y castigo se manejan de forma diferente en el cerebro. Esto sugeriría que el sistema dopaminérgico del cerebro ejerce una acción que fortalece lo que se aprendió, mientras que el sistema de castigo no tiene este efecto a largo plazo.



Uno podría pensar entonces que aquellas cosas que nos producen gratificación cuando las aprendemos finalmente van a ser mejor recordadas. Esto podría aplicarse a aquella información que aprendemos de forma divertida y con gusto, a diferencia de esa que aprendemos bajo la amenaza de que salga en tinta roja en la boleta de calificaciones. Finalmente uno se acuerda muy bien de cuando y quién le administró el reglazo, pero difícilmente se acuerda de qué demonios se suponía era lo que uno se debía de haber aprendido para evitar ese castigo. En cambio, si que nos acordamos de esas cosas que nos encantaron y que hacíamos con gusto, aun y cuando nos desveláramos horas aprendiéndolas.

viernes, 15 de abril de 2011

¿Te cortaron? Uff...¡eso duele!

¿Alguna vez te han dado un cortón gacho, de esos en los que tu estás super clavado y ni la ves venir? Y pacatelas te salen con el típico no eres tu... soy yo. Aunque he tenido la fortuna de no padecer semejante calvario, pues si he visto a uno que otro cuate que queda desecho con esa experiencia. Típico que ya con unas copas de mas confiesa que el cortón le duele cañón.


 
El punto aquí es, ese “dolor” ¿es un dolor físico?, es decir, ¿realmente les duele, duele, como duele por ejemplo cuando uno recibe un golpe, o tal vez como cuando uno se quema con una taza de café muy caliente?. Bueno pues unos investigadores se dieron a la tarea de explorar si ambos tipos de “dolor” compartían los mismos sustratos neuronales. Vaya, si las mismas partes del cerebro se encargaban de procesar y producir ambos tipos de “dolores”. Ethan Kross, Mark Berman, Walter Mischel, Edward Smith y Tor Wager de las Universidades de Michigan, Columbia y Colorado, publicaron en el Proceedings of the National Academy of Sciences el artículo titulado: “Social rejection shares somatosensory representation with physical pain”, o algo así como “El rechazo social comparte representaciones somatosensoriales con el dolor físico”.

¿Como lo exploraron?

Estos investigadores hicieron un experimento bien interesante. Reclutaron a voluntarios que hubieran sido recientemente cortados de una relación romántica, haciendo énfasis en que ellos hubieran sido los cortados y no que ellos hubieran decidido terminar la relación. Durante el experimento les mostraron fotos de sus ex-parejas y les pidieron que pensaran específicamente acerca de la experiencia del rompimiento, mientras los investigadores obtenían imágenes cerebrales funcionales mediante resonancia magnética. Como control, también les mostraron imágenes de amigos mientras pensaban en alguna experiencia positiva que hubieran compartido con ellos. Para comparar estos datos con el dolor físico, los voluntarios también fueron sometidos a un estímulo térmico doloroso, y a un estímulo térmico no doloroso como control.

¿Bueno y que... duele o no duele?

Áreas de activación del dolor físico real y del emocional después de ser cortado en una relación.

Pues los investigadores encontraron que las áreas sensoriales que se activan en condiciones de dolor fisco también se activan cuando los voluntarios recuerdan el momento del rompimiento con su ex-pareja. Las áreas que se ha demostrado están involucradas en estos procesamientos son la corteza somatosensorial secundaria y la corteza posterior dorsal de la ínsula, siendo ambas activadas tanto durante el dolor físico como el emocional. Los investigadores concluyeron que los sujetos no solamente reportaban ambos tipos de experiencias como dolorosas, sino que ambas experiencias compartían la misma representación en el cerebro.


Cómo ves... ¿duele o no?

lunes, 4 de abril de 2011

La importancia de la estupidez en la investigación científica.

Recientemente me topé con un artículo que me llamó mucho la atención. A diferencia de lo que suelo escribir para este blog, este artículo no trata sobre neurociencias cognitivas, sino que se refiere a un tópico que afecta de forma mas general a la ciencia. El artículo en cuestión se titula “The importance of stupidity in scientific research”, escrito por Martin Schwarz, investigador en el campo de la micribiología y publicado en el Journal of Cell Science como un ensayo en el 2008.

¿Como es que un investigador decide escribir sobre la importancia de la estupidez en la investigación científica?, Schwarz escribe que un buen día se encontró con una compañera del posgrado que, a su manera de ver, era muy lista. Sin embargo, esta compañera botó el posgrado en ciencias y se fue a estudiar para abogada, teniendo actualmente una excelente posición en dicha profesión. Schwarz le preguntó directamente porque había dejado el posgrado, a lo que su ex-compañera le contestó simplemente que después de un par de años de sentirse estúpida todos los días, ella estaba lista para hacer otra cosa. Queda claro que no es que su amiga fuera estúpida, simplemente que el posgrado la hacía sentirse estúpída.


Pero, ¿porque?. Schwarz reflexiona que después de pensarlo un rato, llegó a la conclusión que en cierto modo, así se debe de ser sentir uno cuando se intenta hacer investigación realmente de frontera. El asunto es que tanto en el colegio tradicional como durante los estudios universitarios se pueden lograr excelentes calificaciones simplemente estudiando metódicamente la información requerida en cada clase. Sin embargo, en el posgrado de investigación, uno puede estudiar perfectamente todo el material de cada clase y, sin embargo, eso no garantiza para nada que uno termine siendo un buen investigador. Es decir, un alumno de puros dieces puede ser completamente inepto como investigador. Schwarz afirma que aunque un estudiante pueda aprender todo un libro, eso no es suficiente para que genere hipótesis que resulten en conocimiento nuevo. Y yo quiero recalcar el aspecto del conocimiento nuevo. No se refiere a modificar una u otra variable para ver que pasa, se refiere a plantear una hipótesis que genere conocimiento que nunca jamas el ser humano en su historia haya tenido, ese conocimiento que actualmente no se encuentra en ningún libro o artículo que el estudiante pueda estudiar para sacar diez.


Es aquí donde entiendo perfectamente a que se refiere Schwarz cuando habla sobre la importancia de la estupidez en la ciencia. Es cuando sientes una torpeza notable en comprender el fenómeno que quieres explicar y que, como una tortura medieval que te atormenta a cada momento, no logras desenmarañar. La diferencia entre un estudiante de diez y un verdadero científico radica en un instante. El instante en el que la madeja se desbarata y como de la nada surge la respuesta que tanto habías buscado, la que separa al estudiante del científico.

“The mere formulation of a problem is far more often essential than its solution, which may be merely a matter of mathematical or experimental skill. To raise new questions, new possibilities, to regard old problems from a new angle requires creative imagination and marks real advances in science”.

Albert Einstein


La otra estupidez según Einstein.


domingo, 27 de marzo de 2011

Las memorias vívidas o lo que cabe en un flashazo.




El 11 de marzo pasado un poderoso terremoto sacudió a Japón, dejando mas de 10 mil muertos contabilizados a la fecha, y devastado por el subsecuente tsunami, y por el terrible peligro de contaminación radioactiva producto de la afectación de varios reactores nucleares. En lo personal entiendo perfectamente la afectación sufrida por el terremoto, ya que hace poco mas de 25 años sufrimos también un poderoso terremoto en la Ciudad de México. Si me lo preguntan, puedo decir que recuerdo perfectamente el momento del temblor. En esa época estudiaba en la UNAM mi licenciatura, por lo que a la hora que nos sacudió el terremoto, estaba haciéndome el desayuno antes de salir. Recuerdo que estaba preparándome un sándwich cuando repentinamente sentí la sacudida del piso. Tardé solo unos instantes en percatarme de que estaba temblando, e inmediatamente dejé el sándwich sobre la mesa y fui a decirle a mis hermanos que estaba temblando. Obviamente todos lo sabíamos, porque todo el terremoto duró casi dos minutos de sacudida tras sacudida.




Ahora que fue el terremoto de Japón, recordábamos con los colegas nuestras memorias del temblor de la Ciudad de México, y todo mundo parecía tener los recuerdos super claritos y vívidos. Y entonces nos preguntábamos el porqué la memoria nos permitía registrar esos eventos de forma tan nítida, mientras otros recuerdos parecen ser mas opacados por el tiempo.

Y esto, ¿se puede estudiar científicamente?

Esta pregunta se la han hecho varios investigadores que han decidido abordarla experimentalmente. Ahora que, como uno nunca sabe cuando vendrá un evento de tales dimensiones que active los mecanismos para formar este tipo de recuerdos, pues estos laboratorios tienen sus formatos siempre listos para únicamente adecuarlos al evento en cuestión. Por ejemplo, Ulric Neisser y Nicole Harsh aprovecharon el accidente del 28 de Enero de 1986 de la nave Challenger, para aplicar sus cuestionarios. Este evento tuvo una cobertura nacional en vivo en los Estados Unidos, y fue la noticia de toda la semana. Todo mundo se preguntaba, y ¿tu como te enteraste de la explosión del Challenger?. En en la mañana del día siguiente a esta explosión, Neiser y Harsh aplicaron sus cuestionarios a muchos estudiantes, de los cuales 44 pudieron completarlo una segunda vez dos años y medio después.




Por ejemplo, uno de los estudiantes anotó: “When I first heard about the explosion I was sitting in my freshman dorm room with my roommate and we were watching TV. It came on a news flash and we were both totally shocked. I was really upset and I went upstairs to talk to a friend of mine and then I called my parents”. Sin embargo, dos años y medio antes, en la mañana inmediatamente después del accidente el mismo estudiante escribió “I was in my religion classs and some people walked in and started talking about it. I didn´t know any details except that it had exploded and the schooolteacher´s students had all been watching which I thought was so sad. Then after classs I went to my room and watched the TV program talking about it and I got all the details from that”. Después de analizar todas las discrepancias de los 44 sujetos que completaron ambos cuestionarios, Estos autores concluyeron que este tipo de recuerdos vívidos tipo flashbulb pueden estar equivocados, ya que incluso algunos sujetos había olvidado completamente su experiencia original, y por mas que los investigadores les daban claves de su escrito original, no podían recordarlo – aunque seguían teniendo un “recuerdo” vivido que según ellos era verídico. A este fenómeno los autores le llamaron “Phantom Flashbulbs”.




En un estudio mas reciente, Jennifer Talarico y David Rubin, de la Universidad de Duke corroboraron los hallazgos de Neisser y Harsh mediante un estudio realizado después de los atentados a las torres gemelas de Nueva York el 11 de Septiembre del 2001. En ese estudio publicado en Psychological Science en el 2003, encontraron algo sorprendente: los valores de que tan visceral era la emoción del evento correlacionaban con que tan preciso pensaban que era su recuerdo del evento meses después, mas no con que tan precisos o consistentes eran sus recuerdos realmente. Dicho en otras palabras, que tan vivido tienes un recuerdo depende de que tanta emoción tuviste en ese momento, aunque finalmente ese recuerdo puede no tener nada que ver con lo que realmente ocurrió.




O sea que la forma en que recuerdes tus quince años, tu primera declaración, o tu primer choque, no necesariamente concuerdan con la realidad. No importa que tan vívido sea tu recuerdo, mas vale que tengas una foto o un vídeo a la mano para cerciorarte que lo crees haber vivido, haya sido una realidad. Como decía Hacienda hace algunos años... papelito habla!.

lunes, 14 de marzo de 2011

Y ese mono...¿sabrá tus intenciones?

Y hablando de saber que sabe el otro, digo, de cómo sabes si el otro sabe, o si sabes cuales son sus intenciones... En este blog ya hemos hablado algunas ocasiones sobre el problema de la teoría de la mente. Pues ahora Martin Schmelz, Josep Call y Michael Tomasello, del Max Planck Intitute for Evolutionary Anthropology, recién publicaron un artículo en el número de Febrero de este año de los Proceedings of the National Academi of Sciences sobre si los chimpancés son capaces de saber si otro mono ha hecho alguna inferencia. Este tema es super interesante porque hasta ahora nunca se había recabado ninguna evidencia de que alguna otra especie animal, además del ser humano, pudiera realizar este tipo de razonamientos.


Este grupo de investigadores ya había publicado anteriormente una investigación donde sugerían que los chimpancés saben si otros chimpancés tienen cierta información o no, es decir, si sabe lo que otros saben. Por ejemplo demostraron que un chimpancé puede inferir correctamente lo que otro chimpancé hizo momentos antes, no basado en la conducta del otro chimpancé, sino el lo que el otro chimpancé había visto antes. En ese experimento pusieron un chimpancé enfrente de otro, cada uno en su jaulita. En medio de las jaulitas los investigadores pusieron tres cubetas. Entonces los investigadores ponían comida en dos de ellas, y le dejaban al mono “A” coger comida de una de las cubetas. Inmediatamente después el mono “B” podía buscar la comida en cualquiera de las cubetas y, obviamente, como este mono había visto escoger primero al mono “A”, pues iba y escogía de la cubeta que no había escogido “A”.


En el segundo experimento que era el crítico, los investigadores ponían comida en una cubeta mientras ambos monos miraban. Luego tapaban la puerta de “A” para que ese mono no mirara, y entonces ponían comida en una segunda cubeta mientras “B” miraba que como la ponían, además de mirar la puerta de “A” tapada. Ahora, los resultados aqui son los interesantes: Si “B” escogía antes de “A”, entonces “B” escogía el mismo número de veces cualquiera de las dos cubetas. Pero si “A” escogía la comida primero (mientras “B” tenia su propia puerta tapada para que no viera de que cubeta escogía “A”) entonces “B” tendía a escoger la cubeta en la cual se había puesto la comida cuando “A” tenia tapada su puerta. Como mencioné arriba, los investigadores concluyeron que “B” infería que como “A” solo había visto que se ponía comida en la primera cubeta, entonces “B” seguramente escogería esa cubeta en la que “A” no había visto que se pusiera comida. Eso implicaría que “B” pensaba sobre las intenciones de “A” y basado en ese pensamiento, “B” guiaba su conducta hacia la cubeta donde solo “B” había visto que se ponía comida.

Descubriendo si los chimpancés hacen inferencias sobre lo que piensan otros chimpancés.

Ahora, en su publicación mas reciente los investigadores hacen una nueva variación. Cuando se pone un cacahuate debajo de una tablita en una mesa, pues la tablita queda inclinada por la presencia del cacahuate. En cambio si no hay cacahuate, pues la tabla esta plana sobre la mesa. Los investigadores ya habían encontrado que los monos aprenden que si la tabla esta inclinada, pueden encontrar un cacahuate ahí, pero si esta plana, pues no hay nada. En su nuevo estudio, los investigadores usan esta estrategia para analizar si los monos suponen que los otros monos también aprende que si la tablita está inclinada, posiblemente haya comida debajo. Para este experimento los investigadores volvieron a poner a los chimpancés uno enfrente del otro, mientras que entre ambas jaulas dejaron el espacio para poner las tablitas. Entonces en este experimento el mono “B” miraba mientras se ponía comida debajo de una tablita que quedaba inclinada. Además también miraba mientras se ponía comida debajo de otra tablita, pero que tenía un agujerito en el que cabía la comida, pero que hacia que la tabla quedara plana sobre la mesa. Mientras tanto, el mono “A” que estaba enfrente, tenía todo el tiempo su puerta tapada para que no viera el proceso de colocar las recomienzas. Después de esto, se le tapaba la vista al mono “B” y se le dejaba escoger primero al mono “A”.

¿Que encontraron?

Los investigadores razonaron que la respuesta de “B” sería guiada por lo que “B” pensaba que serían las acciones de “A”. Si “B” no pensaba en lo que haría “A”, entonces escogería indistintamente la tablita inclinada o la plana. Pero si “B” pensaba que “A” sabía que debajo de las tablitas inclinadas suele haber comida, entonces “B” intentaría ir por la comida escondida en el agujero de la tablita plana. Pues lo que los investigadores encontraron es que cuando “B” escogía después de “A”, en efecto, “B” bajaba su número de respuestas hacia la tabla inclinada y se iba a escoger la tabla plana, donde solo “B” sabía que había comida. Hay que recordar que “B” nunca veía que tabla había escogido “A”.


Los autores discuten al final que si definimos “pensar” como el ir mas haya de la información dada por la mera percepción para hacer inferencias, entonces sus experimentos sugieren que los chimpancés también lo pueden hacer. Sería interesante pensar sobre cuantas veces y en que situaciones nosotros hacemos este tipo de inferencias, que, de un modo muy básico, los chimpancés también pueden hacer.

lunes, 7 de marzo de 2011

La ciencia, el presunto culpable y el testimonio de los testigos.

Recién vi la película documental “Presunto Culpable”. Es una película bien interesante que me dejó pensando muchas cosas. Bueno, y para variar, pues como soy científico inmediatamente me puse a pensar si la ciencia podría contribuir en algo para ayudar a mejorar el Sistema Judicial Mexicano que es puesto en clara evidencia en este documental.




De acuerdo al documental parece ser que una de las evidencias con mayor peso es la declaración del testigo del asesinato, quién dice reconocer al presunto culpable como parte de la banda que participó en el asesinato de su primo. El uso de ese testimonio no es nuevo ni exclusivo de México, ya que en otros sistemas judiciales como el de Estados Unidos y Canadá el uso de la identificación por testigos presenciales (o eyewitness, como les llaman en inglés) también tiene un peso importante en los juicios. En estos paises se han desarrollado diferentes investigaciones las cuales fueron revisadas por Gary L.Wells y Elizabeth A. Olson, y publicadas bajo el título de “Eyewitness Testimony” en el Annual Review of Psychology, en el 2003.

¿Como funciona eso de los testigos?

Desconozco como funciona a fondo el sistema por el cual el testigo reconoce al sospechoso en el sistema Mexicano. Sin embargo, por lo que se puede intuir del documental, los agentes judiciales le presentan al testigo al presunto culpable para que lo reconozca o lo desconozca en su caso. Si el testigo lo reconoce, pues ya estuvo. Esto quiere decir que un aspecto fundamental del proceso se basa en la memoria de reconocimiento del testigo.

En el sistema de Estados Unidos parece ser que al testigo se le presenta un “lineup” de sujetos. Esto es, se le pone al testigo una fila de sujetos entre los cuales se encuentra el sospechoso para ver si lo identifica como el culpable del crimen. Una característica de esta fila es que los sujetos que se encuentran en ella, no son sospechosos, claro a excepción del sujeto que se cree participó en el crimen. De esta forma, si se identifica a uno de los sujetos que están de relleno, se sabe de antemano que no es culpable. Una fila simultanea es en la que todos los miembros de la fila son presentados simultáneamente. Sin embargo, también se puede poner una fila en la que las personas desfilan una tras otra ante el testigo. Otra característica de estas filas es el número de participantes que pudieran ser realmente reconocidos. A esto se le llama el “tamaño funcional” de la fila. Por ejemplo, si el testigo dice que el culpable era un hombre de pelo negro, y todos los de la fila son mujeres rubias excepto el culpable, pues entonces el “tamaño funcional” de la fila sería de 1, aunque hubiera otras nueve personas en ella. La definición operativa de “tamaño funcional” es el número de sujetos de la fila que cumplen con la descripción del testigo acerca del culpable.



Para estudiar este asunto del tamaño funcional en las filas, se hacen ensayos con testigos simulados. En este tipo de estudios se usan sujetos que no presenciaron el crimen, pero a los que se les pide seleccionen de la fila a una persona basados en la descripción verbal que dio el testigo sobre el culpable. Si el testigo simulado reconoce a varias personas de la fila, entonces es una buena fila, ya que se escogieron participantes inocentes que pudieran compartir características con el sospechoso. De esa manera el testigo real tendría que esforzarse para identificar al sospechoso y no solamente basarse en características generales.

Entre las variables que afectan la precisión de la identificación por parte del testigo se encuentran las instrucciones que se le dan al testigo antes de ver la fila, así como el tamaño funcional de la fila. Otras variables incluyen también las condiciones en las que se presenta la fila, como las condiciones de luz, o bien si el sospechoso es de la misma raza que el testigo; esto porque se sabe que somos mejores identificando rostros de nuestra misma raza. Por ejemplo, de un primer vistazo nos sería muy difícil reconocer a individuos con rasgos asiáticos si pocas veces los hemos frecuentado. Este efecto es conocido como “other-race effect” o “el efecto de la raza distinta” en la investigación de reconocimiento de rostros.



¿Y la ciencia forense apá?

Claro que en México el problema va mas allá de la metodología que se usa, ya que aunque pudiéramos desarrollar un sistema muy bueno para ayudar a la correcta identificación de un sujeto que participó en un crimen, pues si el juez no valora la evidencia, de nada sirve tanta ciencia forense. Esto parecería que es el caso en el documental, ya que al parecer el Juez no consideró importante el dato en el documental de que la prueba de Harrison y Gilroy había sugerido que el presunto culpable no había disparado un arma, o de que no se encontró el arma asesina, o de que incluso el testigo ni siquiera pudiera dar una descripción del detenido al que acusaba como haber disparado el arma.



Solo para terminar, cabe recalcar que durante el “juicio” exhibido en el documental también participan los agentes judiciales, la representante del ministerio público, el juez, el testigo y el sospechoso. Me sorprendió ver como el careo es una persona frente a la otra preguntándose y respondiéndose acusaciones. ¿Que no habrá una forma donde se pudiera evaluar si alguno de ellos está mintiendo?, pero bueno, eso lo dejaré para otro post...