Seguramente todos hemos conocido a algunos individuos que de verdad es imposible pensar que alguien los quiera. Son esos de los que sin mas ni mas se les puede decir que no tienen madre. ¿porque? Pues simplemente porque si la tuvieran, entonces seguramente esos desdichados tendrían aunque sea una persona en el mundo que los quisiera, y eso sería muy difícil de creer. Pero, ¿como es posible que las madres quieran tanto a sus hijos, aun y cuando dichos individuos pudieran ser todas unas fichitas?
Pues esta pregunta no ha escapado a la curiosidad científica. Ha habido muchos estudios preocupados por entender la relación afectiva entre madre e hijo, pero como este es un blog de neurociencias cognitivas, pues les voy a hablar de un estudio que investigó las bases cerebrales del amor maternal. En el año 2003, Andreas Bartels y Semir Zeki, del University College of London publicaron en la revista NeuroImage un estudio donde analizaban las bases neuronales del amor maternal.
¿Que hicieron?
Estos investigadores utilizaron resonancia magnética funcional para medir la actividad cerebral de madres mientras veían fotos de sus hijos o de hijos de otras señoras. En el mismo estudio también compararon la activación cerebral de cuando veían fotos de sus hijos, o fotos de sus mejores amigos o de personas simplemente conocidas. Bueno, pues los resultados fueron bien interesantes. Básicamente encontraron que, a diferencia de cuando las madres veían otros niños, cuando veían a sus hijos se activaban dos tipos de áreas. Unas relacionadas con las hormonas vasopresina y oxitosina, que se ha demostrado ampliamente que refuerzan los lazos humanos y facilitan las relaciones sociales, y las otras áreas relacionadas en el procesamiento de las recompensa, que son áreas que se prenden cuando llegan estímulos, que a través de la activación de este sistema de recompensa nos producen placer, como sería la comida. Otro hallazgo interesante de este estudio fue que también encontraron que durante la presentación de las fotos de sus hijos bajó la actividad de regiones asociadas con emociones negativas, así como regiones relacionadas a la generación de juicios sociales, como sería la amígdala, la unión parietotemporal o la parte medial de la corteza prefrontal.
Los autores encontraron que son varias las regiones de activación que se sobrelapan entre el amor maternal y el amor romántico, como serían el sistema de recompensa, la desactivación de la maquinaria asociada con las evaluaciones críticas en la sociedad, así como las emociones negativas. Esto les sugiere a los autores que tanto en el amor maternal, como en el amor romántico se da un mecanismo por el cual se reducen las emociones negativas, las conductas de evitación y de evaluación social, y por el otro lado se disparan mecanismos involucrados en la recompensa y el placer. Tal vez eso podría explicar porque algunas madres cuando se encuentran con sus bebés literalmente dicen que se sienten enamorados de ellos, estén como estén.
.
Bueno, pues esto nos ayuda a también a entender como es que esas madres tan aludidas por culpa de sus hijos, los quieren a pesar de todo. Aunque viéndolo de un lado positivo, ese mecanismo de amor maternal también aplica para el resto de los mortales, por lo que afortunadamente, la mayoría pudimos gozar de la formidable experiencia de tener, o haber tenido, una madre que nos quiso.

























