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domingo, 7 de noviembre de 2010

Esa carita feliz

Alguna vez te has dado cuenta de que pasa cuando llega alguien con un bebé a un cuarto lleno de señoras? Según mi experiencia, lo más probable es que la mayoría de ellas se acerquen el bebé con caras sonrientes y haciendo vocecitas infantiles. Y yo me pregunto, ¡qué será lo que el bebé capta?. Investigaciones de mediados del siglo pasado ya hablaban de que bebés de seis meses de edad ya pueden discriminar y reconocer expresiones faciales. Por ejemplo, a esas edades los bebés ya pueden discriminar entre expresiones de felicidad y expresiones neutrales o de enojo. Más recientemente en un estudio clásico de 1981, María Barrera y Daphne Maurer de la Universidad de McMaster de Canadá, demostraron incluso que bebés de tres meses ya pueden discriminar entre expresiones de felicidad y de tristeza, siempre y cuando el rostro sea el de su mamá.



Bueno, pues recientemente un grupo de investigadores Japoneses y Australianos compuesto por Emi Nakato, Yumiko Otsuka, So Kanazawa, Masami Yamaguchi y Ryusuke Kakigi, exploraron las bases cerebrales de estas capacidades en bebés de 6 y 7 meses de edad, publicando recientemente sus resultados en la revista NeuroImage. Para lograr esto utilizaron una técnica diferente a la resonancia magnética funcional o a la tomografía por emisión de positrones, la cual se llama espectroscopia cercana al infrarrojo (near-infrared spectroscopy). Para no entrar en detalles sobre esta técnica solo voy a mencionar que al igual que la resonancia magnética funcional, esta técnica mide la cantidad de oxigeno en la hemoglobina, por lo que se basa también en la suposición que los cambios hemodinámicos del cerebro implican cambios en la actividad neuronal de regiones específicas.

Ejemplo de los sensores colocados sobre la piel de los bebés. Aunque parece aparatoso en realidad no es nada doloroso, ya que solo se pegan ligeramente a la piel.

Usando esta técnica los autores demostraron que existe un patrón de respuestas hemodinámicas diferentes para rostros de felicidad y rostros de enojo en el área del surco temporal superior. Dicho en otras palabras, estos autores identificaron una región del cerebro de estos bebés que respondía de forma diferente a los rostros contentos, que a los rostros enojados. Incluso encontraron que el área del lóbulo derecho se activaba mas con los rostros enojados, mientras que la del hemisferio izquierdo lo hacía más con los rostros felices, sugiriendo cierta lateralización del procesamiento de la información emocional de los rostros.


¿Para que pudieran servir estos hallazgos? Bueno, pues además de enriquecer nuestro conocimiento del funcionamiento básico del cerebro, estos estudios pudieran sentar la base por ejemplo para diagnósticos tempranos de autismo en niños, ya que se sabe que niños con autismo tienen problemas para reconocer rostros.

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